Epílogo: El que persevera alcanza.

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Yeonjun era coqueto por naturaleza, sus dos padres lo eran así que él no tenía mucha escapatoria, estaba en sus venas. Al menos esa era la excusa que ponía siempre que alguno de sus ligues le reclamaba por cualquier cosa.

Yeonjun podría ser coqueto y no respetar demasiado sus relaciones pero eso era porque desde que tuvo diez años conoció al que sabía que era el amor de su vida, habían pasado doce años desde entonces y seguía creyendo que Beomgyu y él estaban hechos el uno para el otro. El problema era que el mayor seguía sin hacerle caso, pero Yeonjun estaba dispuesto a conseguir un SI de una vez por todas.

Había terminado de grabar su próximo MV y le había llevado más tiempo del estipulado porque Yeonjun quería que saliera perfecto ya que él lo consideraba, quizás, el más importante de su carrera por el mensaje que quería transmitir. Por eso, tuvo que correr a casa para poder alistarse, no quería llegar en su faceta de idol a la boda de Seokjin y Taehyung.

Yeonjun se consideraba perseverante pero nunca tanto como Seokjin persiguiendo la aprobación del matrimonio gay en Corea, hasta que finalmente lo consiguió.

Él como idol abiertamente gay que era, no pudo más que expresar su alegría en redes. Quizás él no fuese el más famoso precisamente por ello, pero contaba con una buena base de fans algunos parte de la comunidad LGBTQ+ y no quiso pasar por alto semejante buena noticia.

Llegó un poco tarde al lugar. La ceremonia se llevaba a cabo en una zona verde muy cotizada para ese tipo de eventos por la vista que ofrecia y todo el potencial que tenía para darle a muchas parejas lo que buscaban, un matrimonio de cuento de hadas.

Caminó encorvado hasta su puesto al lado de Hwasa, intentando no llamar la atención. Su madre no dudó en darle varios golpes al brazo como reprimenda, Yeonjun podría tener veintidós años, ser famoso y ella estar vieja pero seguía teniendo puño de acero y usándolo con él o su padre cada vez que creía necesario.

—Te dije muy claro que no llegaras tarde. —Susurró no lo suficientemente bajo pues escuchó la risa de Jungkook en los asientos de atrás.

—Recien empieza. —Se defendió.

Justo en ese momento la música dió inicio y todos posaron su mirada en la pequeña niña de aparentes diez años; que en realidad ya entraba en la adolescencia con trece; cuando llegó tirando pétalos rojos sobre el césped en el camino hasta el altar. Detrás de ella venía Taehyung resaltando entre toda la naturaleza con su traje blanco de diseñador cuyo saco tenía una cola extremadamente larga y aterciopelada que recordaba muy bien a los vestidos de las novias.

El hombre estaba radiante de felicidad, solamente comparable con la de Seokjin que lo esperaba en el altar, al lado de Beomgyu, pronto la atención de Yeonjun se enfocó en el hombre de sus sueños.

Tan embelesado como estaba en la sonrisa del castaño y las miradas furtivas que le dió durante la palabrería de su padre, sólo captó cuando su viejo, juez encargado de llevar la ceremonia, dió paso a los votos.

—Creo que nunca lo dije, pero no fui el único que puso tu vida de cabeza. —Comentó Taehyung con una sonrisa. —Bueno para ser justos, la mía ya estaba de cabeza.

Algunos rieron por eso.

»Lo que yo necesitaba era alguien que me ayudara a ordenarla, a darle un sentido y propósito, a sentirme más vivo y amado que nunca. Tú me diste eso y mucho más Seokseok, por eso estoy seguro de querer pasar el resto de mi vida contigo.

Se intercambiaron anillos y todos estallaron en aplausos cuando se besaron para cerrar "el trato". Yeonjun en seguida buscó con la mirada a Beomgyu, quería tenerlo localizado para cuando la parejita de recién casados terminara su primer vals, correr a pedirle un baile. No quería sonar delulu pero juraba que Beomgyu había estado buscandolo con la misma intensidad que él.

El Veredicto De Jin | JintaeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora