Takeshi seguía riendo, creyendo que me tenía a su merced.
—Tsk… Qué patético —murmuré con una sonrisa torcida, alzando la cabeza.
Sus ojos se abrieron de par en par al verme levantarme como si nada.
—¿Q-qué demonios…?
Antes de que pudiera reaccionar, lo sujeté del cuello y lo estrellé contra la mesa de madera. Esta se partió en dos con el impacto. Takeshi tosió, tratando de recuperar el aliento.
—¿Pensaste que todavía usaba un collar de control? —reí con burla—. Pobre idiota.
Le presioné el pecho con mi rodilla, inmovilizándolo mientras sus manos esposadas se sacudían inútilmente.
—¡Suéltame, maldita engendro! —gritó, luchando por liberarse.
Levanté la mano y le di un golpe directo al rostro. Sentí cómo su nariz se rompía bajo mis nudillos. Un gruñido de dolor salió de su garganta.
—Esto es por mi familia —susurré.
Le di otro golpe, esta vez más fuerte.
—Esto es por todas las personas que destruiste.
Le golpeé nuevamente, haciendo que su cabeza chocara contra el suelo. La sangre comenzó a manchar su rostro.
—Y esto es por Cheiko.
Sus ojos se abrieron aterrorizados.
—¡N-no… espera…!
—Oh, ahora sí quieres hablar —escupí con desprecio. Le sujeté el cabello y lo forcé a mirarme—. ¿Dónde está? ¿Dónde la tienes?
Takeshi apretó los dientes. No quería responder. Así que le torcí la muñeca con un movimiento seco.
—¡AAAGH!
—No soy paciente. Responde.
—E-ella… está en el distrito rojo… en el club Night Lotus… ¡Por favor! ¡No me mates!
—¿Por favor? —solté una carcajada sin alegría—. ¿Le dijiste "por favor" a Cheiko cuando la vendiste?
No respondió. Solo temblaba.
—¿Le pediste "por favor" a mi familia cuando los destruiste?
Lágrimas de miedo empezaron a formarse en sus ojos.
—Yo… yo solo hacía negocios…
—Negocios… —repetí con burla—. Bueno, permíteme cerrar este trato de la manera adecuada.
Le hundí las garras en el abdomen y retorcí.
Takeshi soltó un grito desgarrador.
La sangre comenzó a brotar entre mis dedos, caliente y espesa.
—Shhh… —le susurré al oído—. Disfruta este último juego, papi.
Su respiración se volvió errática. Su cuerpo convulsionó un par de veces antes de quedarse quieto.
Lo solté y dejé que su cadáver se desplomara.
Las prostitutas que habían estado en la habitación miraban la escena en completo silencio. Algunas temblaban, otras simplemente parecían aliviadas.
Me limpié las manos con la sábana más cercana y me dirigí a ellas.
—No vieron nada. No saben nada. No hablarán de esto.
Asintieron de inmediato. Sabían que no estaban en posición de desafiarme.
Me dirigí a la puerta, pero antes de salir, miré una última vez el cadáver de Takeshi.
—Adiós, basura.
Y con eso, desaparecí en la noche.
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Rescate
El Night Lotus era un club de luces rojas y sombras sucias. Un lugar donde las almas se vendían y los cuerpos eran moneda de cambio.
Llegué sin hacer ruido, deslizándome entre los callejones hasta la puerta trasera. Naomi ya me estaba esperando allí.
—Mira nada más… —sonrió—. Parece que la cacería fue un éxito.
—Fue más fácil de lo que esperaba —respondí con indiferencia.
—¿Y la cabeza? —preguntó con diversión.
—No tenía sentido traerla —dije encogiéndome de hombros—. Pero dejé un bonito desastre.
Naomi silbó, claramente impresionada.
—Bueno, cachorro, ahora viene la parte divertida. Vamos a sacar a Cheiko de aquí.
Entramos por la puerta trasera.
Las habitaciones estaban llenas de perfume barato y lamentos silenciosos. Pasamos desapercibidas, gracias a la ropa de Naomi que nos hacía parecer parte del personal.
Cuando llegamos a la habitación 303, Naomi forzó la cerradura y entramos.
Cheiko estaba allí.
Su cuerpo estaba cubierto de moretones. Su mirada vacía.
Mi corazón se detuvo un segundo.
—Cheiko…
Ella parpadeó, desconcertada.
—¿Kira…?
Corrí hacia ella y la abracé.
—Vámonos de aquí —susurré, tratando de contener mi rabia.
Ella no respondió. No se movió.
Hasta que, de repente, comenzó a llorar.
Y yo solo la sostuve más fuerte.
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experimento 0
Science FictionKira solía ser una chica normal... hasta que la convirtieron en un experimento. En las sombras de un laboratorio, su humanidad fue arrancada y reemplazada por algo más feroz, más salvaje. Ahora, con los instintos de un lobo y un pasado que la persig...
