Capitulo VIII : Cicatrices y Decisiones

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El cuerpo de Cheiko temblaba en mis brazos. Sus sollozos eran débiles, casi como si le diera miedo hacer ruido. Sentí su piel fría y el leve rastro de perfume barato mezclado con sudor.

-Ya pasó -le susurré-. Ya no estás sola.

Pero lo estábamos. Nadie nos ayudaría si nos atrapaban.

Naomi se acercó y tocó mi hombro.

-Puppy, tenemos que movernos. Si nos descubren, nos meteremos en un problema aún mayor.

Asentí, pero cuando intenté levantar a Cheiko, ella se aferró a mí con más fuerza.

-No... no puedo salir -murmuró con la voz quebrada.

La miré, confundida.

-¿Qué dices? Vamos, Cheiko. Tengo todo listo para sacarte de aquí.

Ella negó con la cabeza, el miedo brillando en sus ojos.

-Si me voy... ellos me encontrarán. Y me matarán.

La furia que había logrado contener después de matar a Takeshi comenzó a hervir de nuevo en mi interior.

-¿Quién te hará daño? -pregunté con los dientes apretados.

Ella no respondió, solo bajó la mirada.

Naomi suspiró, cruzándose de brazos.

-Esto no es bueno.

-Lo sé. Pero no pienso dejarla aquí -dije con firmeza.

Me puse de pie y miré a Naomi.

-Dime que tienes un plan B.

Naomi sonrió con diversión.

-Por supuesto. Pero nos costará un poco más de trabajo.

Me giré hacia Cheiko y tomé su rostro entre mis manos.

-Confía en mí, Cheiko. No permitiré que vuelvas a caer en sus manos.

Sus labios temblaron, y por un segundo, vi a la niña que solía ser, la misma que solía jugar conmigo bajo los cerezos en flor.

Finalmente, asintió.

-Está bien...

Ese "está bien" fue todo lo que necesité.

-Naomi, dime qué sigue.

Ella sonrió con malicia.

-Hora de incendiar este infierno.

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Fuego y Libertad

El plan de Naomi era simple y efectivo: crear una distracción lo suficientemente grande para que nadie se fijara en nosotras. Y qué mejor distracción que un incendio en la parte trasera del club.

Mientras ella se encargaba de eso, yo ayudé a Cheiko a vestirse con algo más discreto y le limpié el rostro para que no pareciera tan vulnerable. No quería que nadie nos viera como presas.

El primer grito de alarma se escuchó en menos de cinco minutos.

-¡FUEGO! ¡ALGUIEN AYUDA!

Los pasillos se llenaron de caos. Hombres y mujeres corrían en diferentes direcciones, algunos intentaban salvar documentos, otros simplemente escapaban con lo que podían cargar.

Era nuestro momento.

Tomé la mano de Cheiko y corrimos por la salida de emergencia. Naomi nos siguió de cerca, asegurándose de que nadie nos viera.

Cuando finalmente llegamos al puerto, el aire fresco de la noche golpeó mi rostro.

-Lo logramos... -susurró Cheiko, con la voz temblorosa.

Pero no habíamos terminado.

Kuray nos estaba esperando.

Su figura alta y elegante nos observaba desde la distancia, con los brazos cruzados y una expresión difícil de leer.

Me tensé de inmediato.

-¿Qué demonios haces aquí? -le solté con desconfianza.

Kuray sonrió.

-Esperándolas, por supuesto. No pensaste que te dejaría hacer todo esto sola, ¿verdad?

Naomi se acercó a él, mirándolo con desdén.

-Si fueras un poco más útil, habrías hecho algo más que esperar.

Kuray la ignoró y fijó su mirada en Cheiko.

-Así que esta es la chica por la que tanto arriesgaste tu vida.

Ella se aferró a mi brazo, asustada.

-No tienes que temerle -le aseguré-. Kuray es un maldito manipulador, pero por ahora, no es nuestro enemigo.

Kuray soltó una carcajada.

-Aprecio el cumplido.

Ignorándolo, me volví hacia Cheiko.

-Ahora que estás libre, ¿qué quieres hacer?

Sus ojos se llenaron de incertidumbre.

-No lo sé... No tengo a dónde ir.

Naomi suspiró.

-Siempre puedes venir con nosotras.

Me sorprendió que ella lo sugiriera, pero tenía razón. Cheiko no tenía otra opción.

Me giré hacia Kuray.

-¿Cuál es el siguiente paso?

Kuray sonrió con satisfacción.

-Ahora, querida Puppy, comienza la verdadera guerra.

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