Me detuve a solo unos pasos del auto.
No podía irme así.
No sin decirle algo.
Cheiko seguía temblando, abrazándose a sí misma, como si eso pudiera protegerla de lo que acababa de ver. De lo que yo era.
—Kira… —su voz sonó rota, pero no se acercó.
No podía.
Y lo entendía.
Me giré lentamente hacia ella, sintiendo el peso de las palabras que estaban por salir de mi boca.
—Cheiko… —mi voz sonó más áspera de lo que esperaba—. Nunca quise que me vieras así.
Ella bajó la mirada, apretando los puños.
—Pero lo eres… así es como realmente eres.
No lo negó.
No trató de justificarme.
Solo lo aceptó.
Y eso dolió más.
Respiré hondo, sintiendo el sabor metálico de la sangre aún en mi lengua.
—No puedo cambiar lo que soy. No quiero cambiarlo.
Ella levantó la vista, sus ojos brillando con lágrimas contenidas.
—Entonces… esto es un adiós.
Asentí, sintiendo un nudo en la garganta que no esperaba.
—Sí.
El silencio se extendió entre nosotras, tan pesado que dolía.
Di un paso atrás, alejándome.
Pero antes de girarme, antes de dejarla atrás para siempre, solté mi última verdad:
—Siempre quise protegerte. Pero no puedes proteger a alguien que tiene miedo de ti.
Me di la vuelta antes de que pudiera responder.
Porque si me quedaba un segundo más, tal vez no podría irme.
Y yo ya había elegido.
Naomi me esperaba con los brazos cruzados, observándome con una mezcla de satisfacción y algo más profundo que no quise analizar.
Kuray solo sonreía, como si todo estuviera saliendo según su plan.
Subí al auto sin mirar atrás.
Porque Cheiko era mi pasado.
Y mi futuro ya estaba decidido.
El pasado quedó atrás.
El sonido de los sollozos de Cheiko se perdió en la nada, arrastrado por el viento nocturno, pero dentro de mí, algo se rompió con un crujido irreparable.
No miré atrás.
No podía.
Kuray abrió la puerta del auto con una sonrisa de satisfacción.
—Bienvenida a la familia, Puppy.
Naomi me observó con intensidad. Sus ojos oscuros eran un abismo al que ya no temía caer.
Subí al auto.
No dije nada cuando Kuray arrancó. No cuando Naomi me tomó de la muñeca con delicadeza, sus dedos fríos contra mi piel caliente por la adrenalina.
Pero cuando sus labios rozaron mi oído y su voz acarició mi mente como un veneno dulce, no pude ignorarla.
—Sabía que elegirías este camino.
Mi pecho se comprimió.
Ella tenía razón.
Siempre había sido así.
Siempre había sido fuego.
Y el fuego no sabe ser otra cosa que devastación.
La ciudad se extendía ante mí, un tablero de ajedrez lleno de piezas rotas. No había vuelta atrás.
Kuray nos llevó a un edificio antiguo, un refugio en la oscuridad donde los que habían sido olvidados por la sociedad se convertían en leyendas.
Al cruzar la puerta, el murmullo cesó.
Todos me miraban.
Algunos con interés. Otros con burla.
Un hombre con cicatrices en el rostro se acercó.
—Así que esta es la cachorra de la que todos hablan.
Sonreí con una calma letal.
—Dímelo otra vez.
El hombre rió, mostrando los dientes.
—¿Por qué? ¿Vas a morderme?
No respondí.
Me moví.
Mis garras rasgaron el aire y su carne al mismo tiempo.
El hombre gritó cuando la sangre brotó de su mejilla, su ojo derecho apenas salvándose del corte.
El silencio se volvió opresivo.
Naomi sonrió con orgullo.
Kuray estalló en carcajadas.
—Oh, sí —murmuró, dándome una palmada en la espalda—. Vas a encajar perfectamente.
Y en ese momento supe que ya no era una simple sobreviviente.
Era un depredador.
Y el caos apenas comenzaba.
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experimento 0
Science FictionKira solía ser una chica normal... hasta que la convirtieron en un experimento. En las sombras de un laboratorio, su humanidad fue arrancada y reemplazada por algo más feroz, más salvaje. Ahora, con los instintos de un lobo y un pasado que la persig...
