Capitulo V: Ecos de la Bestia

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Naomi terminó de limpiarme con movimientos meticulosos, como si estuviera puliendo una reliquia valiosa. Su expresión seguía serena, pero sus ojos dorados escondían algo que no lograba descifrar.

-Listo, ya no hueles a sangre -dijo, dejando la esponja a un lado.

Apenas podía mantenerme en pie. Mi cuerpo temblaba por la debilidad, y mis músculos ardían por la transformación. Naomi se percató y, sin decir nada, me cargó otra vez.

-Tienes que acostumbrarte al dolor. Pronto ya no lo sentirás.

No respondí. No tenía fuerzas ni para odiarla en ese momento. Solo apoyé mi frente contra su pecho, sintiendo su calor.

De regreso en mi cuarto, me dejó sobre la cama con cuidado. Antes de salir, se giró hacia mí.

-Duerme, Puppy. Mañana será un día aún más duro.

Cuando la puerta se cerró, quedé sola en la oscuridad. Mi respiración era errática, pero mi mente se enfocaba en una sola cosa: Takeshi debe morir.

Apreté los puños, sintiendo mis nuevas uñas humanas. Kuray estaba cumpliendo su experimento, pero en el proceso, me estaba dando lo que necesitaba para mi venganza.

Esa noche soñé con el pasado. Con Cheiko. Con la risa inocente que compartíamos bajo los cerezos. Pero el sueño se tornó en pesadilla: su risa se convirtió en gritos, su mirada en terror. Me veía con los mismos ojos de desprecio que la maestra aquel día en la escuela.

Desperté agitada. No, no puedo perderme en el odio. Primero, debía sobrevivir. Luego, encontrar una manera de acabar con Takeshi.

El amanecer llegó con una nueva rutina. Naomi fue quien me despertó esta vez, arrojándome una toalla.

-Levántate, tenemos entrenamiento.

Me obligué a moverme, aunque cada fibra de mi cuerpo protestaba.

El gimnasio era un espacio metálico y frío, iluminado por luces blancas que acentuaban la sangre seca en los pisos. Varios sujetos con batas blancas observaban desde una cabina de vidrio. Kuray estaba entre ellos.

-Hoy pondremos a prueba tu fuerza y resistencia. Naomi, ¿quieres encargarte?

-Será un placer -respondió con una sonrisa torcida.

Maldición.

El combate comenzó sin advertencia. Naomi lanzó un golpe dirigido a mi estómago, pero esta vez lo esquivé por instinto. Mis reflejos mejoraron. Ella sonrió al notar mi reacción.

-Veo que la dosis funcionó. Veamos qué tanto.

Golpe tras golpe, esquivaba y contraatacaba. No era solo fuerza; era velocidad, precisión. Era instinto de cazador.

Por primera vez, logré conectar un golpe fuerte en su rostro. Naomi retrocedió, limpiándose el labio. Luego, soltó una carcajada.

-Eso es, Puppy. Ahora sí te estás convirtiendo en un monstruo.

No. No soy un monstruo.

Pero, al ver mi reflejo en la pared metálica, con mis ojos brillando como los de una bestia, no pude evitar preguntarme si realmente seguía siendo humana.

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