Capitulo XIII: Bajo la piel

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La adrenalina aún corría por mis venas.

El corte en la mejilla del tipo seguía sangrando, su respiración agitada por la sorpresa. Pero yo ya no le prestaba atención.

Porque Naomi estaba frente a mí.

Tan cerca que su olor—una mezcla de peligro y deseo—me envolvió por completo.

—Me gusta esta versión de ti —susurró.

Su voz era un veneno dulce que se deslizaba por mi piel, quemándome.

Ella alzó una mano, sus dedos rozando mi mejilla. Su toque era frío, pero el fuego en su mirada me hizo arder.

—Siempre supe que el lobo dentro de ti no podía ser domesticado.

Mis latidos se aceleraron.

No porque me asustara.

Sino porque por primera vez en mucho tiempo, sentí que alguien realmente me entendía.

No aparté su mano.

No me alejé cuando su aliento chocó contra mis labios.

—Naomi…

Ella sonrió, inclinando la cabeza, sus ojos oscurecidos por algo más que simple satisfacción.

—Dime, Kira… ahora que has dejado atrás tu pasado, ¿qué es lo que realmente deseas?

Su pregunta flotó en el aire entre nosotras.

Pero yo ya sabía la respuesta.

Porque mis manos ya estaban en su cintura, porque su cuerpo ya estaba pegado al mío.

Porque, por primera vez, no tenía miedo de lo que quería.

Y lo que quería…

Era ella.

Naomi no se apartó. Sus labios se curvaron en una sonrisa cargada de provocación mientras sus dedos se deslizaban lentamente por mi mandíbula, trazando la línea de sangre seca en mi mejilla.

—Mírate… —susurró—. Perfectamente salvaje.

Mi respiración era pesada, mi cuerpo aún vibraba con la violencia de antes. Y ella… ella estaba bebiendo cada parte de lo que me estaba convirtiendo.

Mis manos en su cintura se apretaron un poco más.

—¿Eso es lo que querías? —murmuré—. ¿Verme así?

Naomi ladeó la cabeza, su mirada descendió a mis labios antes de volver a mis ojos.

—Siempre supe que esto era lo que realmente eres. Solo estaba esperando a que lo aceptaras.

La rabia, el deseo, la confusión… todo se mezcló en un torbellino dentro de mí.

—Y ahora que lo acepté… ¿qué sigue?

Naomi dejó escapar una risa baja, oscura.

—Eso depende… ¿vas a seguir huyendo de lo que sientes?

Mi pecho se contrajo.

Porque no se refería solo a la violencia.

Se refería a ella. A nosotras.

Apreté la mandíbula.

Naomi sonrió, como si ya supiera la respuesta. Como si supiera que, por mucho que intentara negarlo, ella ya estaba bajo mi piel.

Y yo bajo la suya.

El aire entre nosotras era puro fuego. Pero ninguna se movió.

Porque la guerra entre el deseo y el control aún no había terminado.

Pero estaba a punto de estallar.

El aire era espeso, cargado de algo más que adrenalina.

Naomi seguía ahí, su cuerpo presionado contra el mío, sus ojos desafiantes. Sabía lo que hacía. Sabía cómo hacerme arder por dentro.

—¿No vas a huir esta vez, Kira? —susurró, su aliento rozando mi piel.

Mi paciencia se rompió.

La empujé contra la pared más cercana, mis manos aferrándose a su cintura, mi cuerpo encajando con el suyo en un choque de fuego y sombras. Naomi jadeó, pero no en sorpresa, si no en deleite.

—¿Así que esto es lo que querías? —mi voz era un gruñido bajo, peligroso, mientras mi nariz rozaba su mandíbula, descendiendo hasta el punto donde su cuello latía con fuerza.

Naomi echó la cabeza hacia atrás, dándome acceso, retándome.

—Lo quiero todo —susurró.

La habitación era pequeña, apenas iluminada por la luz de neón filtrándose por la ventana rota. No necesitábamos más. No había espacio para la duda.

Mi boca encontró la suya en un beso que no tenía nada de suave. Naomi respondió con la misma ferocidad, sus dedos enterrándose en mi cabello, tirando de él, exigiéndome más.

El instinto rugía en mi sangre, el lobo dentro de mí queriéndola hacer suya de la única forma que conocía: con pasión, con violencia, con devoción.

La levanté con facilidad, sus piernas envolviéndome mientras la llevaba hacia el viejo colchón en el suelo. Nos desplomamos enredadas, como dos fuerzas destinadas a colisionar.

Naomi sonrió contra mis labios.

—Así me gusta.

Mis colmillos rasparon su piel en respuesta.

Y cuando la noche nos envolvió, no quedó nada más que el sonido de dos almas salvajes encontrándose en la oscuridad.

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