capitulo IX: Próximo Paso Venganza

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Nos subimos a un auto negro sin placas. Mientras el puerto se alejaba en la distancia, miré a Cheiko dormida a mi lado.

Ella había sufrido demasiado, pero ahora estaba a salvo.

Por ahora.

Porque yo no había terminado.

Mi siguiente objetivo era claro.

—Kuray… quiero saber quién más estuvo involucrado en la venta de Cheiko.

Él sonrió, complacido.

—Eso, mi querida Puppy, es información que con gusto compartiré… si estás dispuesta a ensuciarte aún más las manos.

Lo miré sin dudar.

—Estoy lista.

Porque la sangre ya manchaba mi alma, y no pensaba detenerme hasta que todos los que destruyeron nuestras vidas pagaran.

Con fuego.

Y con muerte.

El auto avanzaba en la oscuridad, las luces de la carretera parpadeando como fantasmas en la noche. Cheiko dormía profundamente a mi lado, su respiración tranquila contrastando con la tormenta en mi interior.

Kuray seguía conduciendo con una sonrisa ladina, disfrutando de mi determinación.

—Sabía que no me decepcionarías, Puppy —dijo con su tono habitual, casi paternal.

—Dime los nombres —exigí sin rodeos.

Kuray rió bajo, como si disfrutara del momento.

—No tan rápido. Primero, debes demostrarme que realmente estás lista para todo.

Mi mandíbula se tensó.

—¿Qué quieres que haga?

El auto giró bruscamente en una carretera secundaria. Nos alejábamos de la ciudad.

—Una prueba final —susurró Kuray, con un brillo peligroso en los ojos.

Mi piel se erizó.

Entonces, sentí una mirada clavada en mí.

Naomi.

Estaba sentada en el asiento del copiloto, en completo silencio, observándome. Sus ojos oscuros reflejaban algo que no podía descifrar.

—¿Tienes dudas, Naomi? —pregunté.

—No —respondió con frialdad—. Solo estoy esperando a ver hasta dónde eres capaz de llegar.

Sus palabras me atravesaron más de lo que quería admitir.

Porque detrás de esa dureza, había algo más. Algo parecido a dolor.

Cheiko se removió en su asiento, murmurando algo en sueños. Mi atención se desvió a ella de inmediato.

Mi mano se movió sola, apartando un mechón de su rostro.

Naomi chasqueó la lengua.

—Qué tierna… Siempre tan cuidadosa con ella.

La forma en la que lo dijo me hizo sentir culpable. Como si estuviera fallándole.

—¿Cuál es tu problema, Naomi? —pregunté, frustrada.

—Mi problema eres tú —respondió sin dudar—. Porque cada vez que te veo con ella, me doy cuenta de que nunca podré tenerte.

El aire en el auto se volvió pesado.

Kuray sonrió, como si disfrutara de la tensión.

—Ah, el amor… tan complicado y letal.

Ignoré su comentario, mis ojos fijos en Naomi.

—Eso no es verdad… —susurré.

Naomi rió sin humor.

—Claro que lo es. Cuando se trata de Cheiko, siempre bajas la guardia. Siempre la eliges.

—Naomi…

—No me des esperanzas, Kira —interrumpió, con una sonrisa amarga—. No soy una idiota.

El silencio nos envolvió de nuevo.

Pero mis pensamientos estaban en caos.

Porque, aunque Cheiko era mi ancla, Naomi…

Naomi era la tormenta que me mantenía viva.

Y no estaba segura de cuál de las dos me asustaba más.

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