Capitulo XI: Depredador o Presa

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El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.

La sangre aún goteaba de mis garras, caliente contra mi piel. El hedor del hierro llenaba el aire, mezclado con el de la pólvora y la muerte.

Pero nada era más sofocante que la mirada de Cheiko.

Sus ojos estaban abiertos de par en par, su cuerpo temblando. Podía escuchar su corazón latiendo frenéticamente, como el de un animal atrapado en una jaula.

—No… —susurró.

Di un paso hacia ella y se encogió, como si mi cercanía la quemara.

Como si de verdad fuera un monstruo.

La furia en mis venas comenzó a enfriarse, reemplazada por algo más oscuro.

Algo parecido al miedo.

Kuray, en cambio, se veía encantado.

—Parece que el espectáculo terminó. ¿Te sientes más viva, Puppy?

Ignoré su burla y miré a Naomi.

Ella no estaba horrorizada.

Estaba… satisfecha.

—Lo sabía —murmuró, con esa sonrisa suya—. Esto es lo que realmente eres.

Mi mandíbula se tensó.

—Cállate.

—¿Por qué? ¿Porque Cheiko finalmente vio lo que eres capaz de hacer? —dijo, dando un paso hacia mí—. Porque no puedes esconderlo más, Kira.

Volteé a ver a Cheiko de nuevo, buscando algo en su expresión.

Pero no encontré nada.

Solo miedo.

Di otro paso, y ella se apartó de golpe.

—¡No me toques!

Su voz se quebró, y con ella, algo dentro de mí.

Un rugido primitivo resonó en mi cabeza, el lobo dentro de mí inquieto.

Pero no porque quisiera matar.

Porque quería protegerla.

Y ahora, ella tenía miedo de mí.

Naomi inclinó la cabeza, sus ojos llenos de algo que no pude descifrar.

—Dime, Kira… ¿Ahora quién eliges?

Tragué saliva.

Pero no respondí.

Porque, en ese momento, no estaba segura de si todavía tenía una elección.

El peso del silencio entre nosotras era insoportable.

Cheiko me miraba como si no me reconociera. Como si fuera un animal salvaje al que debía temer.

Y quizás lo era.

No aparté la vista de ella, esperando… ¿Qué? ¿Que entendiera? ¿Cómo aceptará lo que soy?

Pero su expresión no cambió.

Kuray suspiró teatralmente y se pasó una mano por el cabello.

—Bueno, bueno… supongo que esto resuelve muchas cosas.

Me giré hacia él, mi paciencia colgando de un hilo.

—¿Qué demonios quieres decir?

Él sonrió con calma, como si todo esto no fuera más que un juego.

—Que ahora sabes quién está realmente a tu lado… y quién nunca lo estará.

El golpe fue directo al estómago.

Volví a mirar a Cheiko, esperando una sola palabra. Una que me dijera que aún había un lugar para mí a su lado.

Pero ella no dijo nada.

Kuray chasqueó los dedos y sus hombres comenzaron a limpiar el desastre. Como si la matanza de hace unos minutos no fuera más que un trámite.

Naomi, en cambio, se acercó.

—Vámonos —dijo, su voz tranquila, como si no acabara de presenciar una masacre.

—No sin Cheiko —respondí automáticamente.

Naomi me miró con algo parecido a lástima.

—¿De verdad crees que quiere ir contigo?

Mi cuerpo se tensó.

—Yo…

—Kira… —la voz de Cheiko se quebró.

Me giré hacia ella, esperando… suplicando.

Pero cuando la vi, lo entendí.

Ese miedo en sus ojos no iba a desaparecer.

No después de lo que hice.

Naomi se acercó más, su presencia envolviéndome.

—Tú no puedes volver atrás. Esto es lo que eres. Esto es lo que siempre serás.

Mi respiración se aceleró.

Por primera vez, sentí que el camino ante mí estaba claro.

Cheiko nunca podría entenderme.

Pero Naomi…

Naomi me veía por lo que era.

Y no huía.

Solté el aire y cerré los ojos por un momento.

Cuando los abrí, me giré sin mirar atrás.

Porque el lobo dentro de mí ya había elegido.

Y su elección no era el amor que me hacía sentir humana.

Era el que me aceptaba como una bestia.

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