Saber que la decisión ya estaba tomada me dejaba sin opción. No podía decir nada, solo obedecer. Sin embargo, la idea de regresar a ese lugar donde Cheiko solo me temía… Sabía que nunca volvería a verme de la misma manera. Y, para colmo, debía seguir con el ridículo perfil de "Puppy". Odiaba ese nombre.
—Kuray, solo con una condición. Quiero que me registres con otro nombre. Puppy ya me fastidia. Puedes usar tu apellido, pero por favor, solo te pido otro nombre —supliqué.
Kuray se quedó pensativo por unos instantes. Mientras tanto, Naomi me abrazó por un rato antes de salir del cuarto, dejando atrás los cuerpos. No pude evitar un leve sonrojo al recordar la aventura de anoche.
—Bien, te daré otro nombre. Pero si llevas mi apellido, serás como mi hija… Aunque, de cierta forma, ya lo eras desde que empezamos con este juego —afirmó. Luego, me ordenó alistar todo para marcharnos de ese lugar.
El viaje de regreso a la ciudad tomó alrededor de cinco horas. Kuray arrendó un gran edificio, donde los hombres que quedaban comenzaron a investigar la nueva amenaza. Por mi parte, necesitaba despejar mi mente y enfocarme en mantener un perfil bajo.
—Kira, tranquila. Cheiko tomó su decisión, no puede culparte por tu naturaleza. Además, debería estar agradecida de que la salvaste. Por cierto, mantén siempre ocultas tus orejas y tu cola. No queremos llamar más la atención, ¿de acuerdo? —dijo Naomi mientras me ayudaba a organizar mis materiales.
Había perdido más de una semana de estudios y debía ponerme al día. Aún me quedaba un mes antes de entrar a la universidad.
—Lo sé, Naomi. Como dije, no me arrepiento de nada. Acepté ser así. Pero no prometo que estaré calmada si me provocan —solté una pequeña risa.
Naomi también rió, pero luego se acercó, me dio un cálido beso en la frente y se retiró, dejándome instalada en mi nueva habitación.
Suspiré y me dejé caer sobre la cama. Aún podía sentir el leve cosquilleo en mi piel tras el beso de Naomi en la frente. Un gesto cálido, casi reconfortante… Demasiado reconfortante.
Miré alrededor. La habitación era amplia y bien equipada, pero tenía esa frialdad típica de los lugares temporales. Me acerqué al espejo y, con un simple pensamiento, hice desaparecer mis orejas y mi cola. Mi reflejo mostraba una apariencia completamente humana otra vez. Más fácil para moverme sin problemas.
Un golpe seco en la puerta interrumpió mis pensamientos.
—¿Sí?
La puerta se abrió apenas unos centímetros, lo suficiente para que un hombre con expresión seria asomara la cabeza.
—Kuray quiere verte.
Ni un saludo, ni una explicación. Simplemente cerró la puerta y se marchó.
Rodé los ojos. ¿Qué querrá ahora?
Me puse la chaqueta y salí de la habitación. El edificio estaba en completo silencio, solo se escuchaban pasos lejanos y el murmullo de algunas voces en las otras habitaciones. Cuando llegué a la oficina de Kuray, la puerta ya estaba entreabierta.
—Entra, Kira —dijo sin siquiera mirarme, concentrado en unos documentos sobre el escritorio.
Entré sin decir nada y esperé a que hablara. Finalmente, levantó la mirada y apoyó los codos sobre la mesa.
—Quiero que vuelvas a la escuela cuanto antes.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué la prisa?
—Porque hay cosas que necesitamos averiguar, y tú eres la mejor opción para hacerlo.
Algo en su tono me puso en alerta.
—¿Te refieres a Cheiko?
—No exactamente. Cheiko no estuvo tan expuesta al laboratorio como tú. Pero hay otros, Kira. Gente que podría haber sido parte de experimentos sin siquiera saberlo.
Mi mandíbula se tensó.
—¿Y qué esperas que haga?
Kuray se recostó en su silla y sonrió levemente.
—Observa. Escucha. Averigua si hay alguien más como tú… antes de que lo hagan los equivocados.
Tragué saliva. Algo en su voz me decía que esto iba mucho más allá de una simple orden.
Sabía que mi vida en la escuela ya no sería la misma.
A la mañana siguiente, me ajusté el uniforme frente al espejo. Me aseguré de ocultar mis orejas y mi cola antes de salir de la habitación. Todo debía parecer normal. Solo una chica más yendo a clases.
Solo que ya no soy Kira.
Kuray había cumplido su parte del trato. Puppy había quedado atrás. Ahora, al menos en la escuela, tenía otro nombre.
Cuando llegué a la entrada, Naomi me estaba esperando, apoyada contra una de las columnas del edificio.
—Tienes cara de querer matar a alguien —comentó con una sonrisa burlona.
Rodé los ojos.
—Tal vez porque lo quiero hacer.
Ella rió y pasó un brazo sobre mis hombros.
—Vamos, no es tan malo. Al menos ya no eres Puppy. ¿Cómo dijiste que era ahora?
Suspiré.
—Akari.
—Akari… Me gusta —dijo Naomi, probando el nombre en sus labios—. Aunque para mí siempre serás Kira.
Me empujó suavemente hacia la puerta principal.
—Vamos, Akari. Hora de volver al mundo real.
Caminé por los pasillos, sintiendo las miradas de siempre. Algunas de curiosidad, otras de desconfianza. Después de todo, había estado desaparecida por más de una semana, y los rumores corrían rápido.
Cuando entré al aula, Cheiko ya estaba en su lugar, con la vista clavada en su cuaderno. No levantó la mirada cuando pasé junto a ella.
No me sorprendió.
Solté un suspiro y me dejé caer en mi asiento.
Mi nueva vida como Akari acababa de empezar.
Pero algo me decía que el pasado no tardaría en alcanzarme.
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experimento 0
Science FictionKira solía ser una chica normal... hasta que la convirtieron en un experimento. En las sombras de un laboratorio, su humanidad fue arrancada y reemplazada por algo más feroz, más salvaje. Ahora, con los instintos de un lobo y un pasado que la persig...
