El día transcurrió entre susurros y miradas furtivas. Aunque había cambiado de nombre, no podía borrar del todo mi pasado. Mis instintos me decían que alguien más, además de Cheiko, estaba prestando demasiada atención a mi regreso.
Al salir del aula, sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
Alguien me estaba observando.
No fue difícil notar quién.
Un chico, sentado en una banca al fondo del pasillo, fingía leer un libro. Sus ojos, sin embargo, se desviaban hacia mí cada pocos segundos. No recordaba haberlo visto antes, pero había algo en él que me ponía en alerta.
Naomi me esperaba en la puerta, apoyada contra la pared con los brazos cruzados.
—¿Todo bien, Akari?
Asentí, pero no dejé de observar al desconocido de reojo.
—Dime, ¿conoces a ese tipo?
Naomi miró en la dirección que le señalé y chasqueó la lengua.
—Hiroshi. Es nuevo. Llegó hace un par de semanas, justo cuando desapareciste.
Interesante.
—¿Sabe algo de mí?
—No lo creo… pero ha estado haciendo preguntas. Sobre ti, sobre Cheiko. No sé qué busca, pero no me gusta.
Fruncí el ceño. Un nuevo estudiante, apareciendo justo cuando yo volvía, interesado en mí y en Cheiko… Demasiadas coincidencias.
—Creo que tengo que averiguar qué quiere.
Naomi sonrió de lado.
—Eso suena divertido.
No podía negar que, en el fondo, yo también lo pensaba.
Pero la diversión no duraría mucho.
Porque algo me decía que Hiroshi no era un estudiante cualquiera. Y que, de una forma u otra, estaba relacionado con mi pasado.
Esa noche, el recuerdo de la mirada de Hiroshi no me dejaba en paz. Había algo en sus ojos… algo que no encajaba. No era solo curiosidad; era como si supiera algo.
A la mañana siguiente, traté de actuar con normalidad. Llegué a la escuela sin prisas, manteniendo el perfil bajo que Kuray esperaba de mí. Al entrar al aula, me senté en mi lugar sin desviar la mirada. Pero incluso sin verlo, sabía que él estaba ahí.
Lo sentía.
Durante la clase, mi instinto no falló. Cuando el profesor escribió algo en la pizarra, giré levemente la cabeza.
Y ahí estaba Hiroshi.
No miraba al frente como los demás. No tomaba apuntes.
Me estaba observando.
Mis dedos se crisparon sobre el bolígrafo. ¿Qué demonios quieres?
No podía enfrentarlo todavía. No sin saber más de él.
Así que decidí hacer algo diferente.
Si él quería jugar a espiar… yo haría lo mismo.
Cuando sonó el timbre del almuerzo, esperé unos minutos antes de salir. Vi a Hiroshi guardar su cuaderno y marcharse con calma.
Respiré hondo y lo seguí.
Desde una distancia prudente, observé cómo caminaba sin apuro por los pasillos. No se veía nervioso ni preocupado por nada.
Hasta que giró la cabeza, como si supiera que lo estaba siguiendo.
Nuestros ojos se encontraron.
Por un momento, ninguno se movió.
Luego, una sonrisa leve—casi burlona—se dibujó en sus labios.
Y sin decir una sola palabra… siguió caminando.
Mi pulso se aceleró.
Hiroshi no era un simple estudiante.
Él sabía quién era yo.
Y estaba esperando a que hiciera el primer movimiento.
No iba a esperar más.Hiroshi quería jugar, pero yo no estaba para juegos.
Lo seguí hasta el patio trasero de la escuela, donde casi nadie pasaba a esa hora. Se detuvo junto a un árbol y sacó su teléfono, fingiendo revisar algo.
Sabía que estaba esperándome.
Di un paso al frente, sin rodeos.
—¿Quién eres y qué quieres de mí?
Hiroshi guardó el teléfono lentamente y levantó la mirada, con la misma sonrisa tranquila de antes.
—Así que al final decidiste hablarme, Akari.
El sonido de mi nombre falso en sus labios me irritó.
—Deja los rodeos —espeté—. ¿Me conoces o no?
Su sonrisa se amplió.
—Sé lo suficiente. Sé que desapareciste una semana sin dejar rastro. Sé que volviste con una actitud diferente. Y sé que… —Su mirada se afiló— no eres como los demás.
Mis músculos se tensaron.
—No sabes nada de mí.
—Tal vez… —Se cruzó de brazos—. Pero hay alguien más que sí lo sabe, ¿verdad?
Fruncí el ceño.
—¿De qué estás hablando?
No respondió. Simplemente miró detrás de mí.
Un mal presentimiento me invadió.
Giré la cabeza y mi estómago se encogió.
Cheiko estaba allí.
Su rostro estaba pálido, sus ojos fijos en mí… o mejor dicho, en la forma en que estaba confrontando a Hiroshi.
Pero no era solo eso.
Era mi postura, la tensión en mis músculos, la forma en que lo estaba desafiando.
Era exactamente la misma postura que había tomado aquella vez.
Aquella vez que termine con la vida de aquellos hombres.
Su cuerpo tembló, sus labios se separaron como si quisiera decir algo, pero ningún sonido salió de su boca.
Y entonces, sin más, dio un paso atrás.
Su mirada no era de enojo.
Era de puro terror.
Sentí una punzada en el pecho.
Antes de que pudiera decirle algo, ella giró sobre sus talones y salió corriendo.
Hiroshi soltó un silbido bajo.
—Vaya, parece que alguien te conoce demasiado bien.
En ese momento, algo en mí se rompió.
El aire a mi alrededor parecía volverse más pesado. Mis uñas arañaron mis palmas al cerrarlas en puños.
Y por un segundo, quise olvidar mi promesa de mantener un perfil bajo.
Quise atacarlo.
Pero Hiroshi no se inmutó.
Solo me miró con esa maldita sonrisa y dijo en voz baja:
—Si de verdad quieres saber quién soy… búscame después de clases.
Y con eso, se alejó, dejándome sola en ese patio vacío.
Con el eco de los pasos de Cheiko resonando en mi cabeza.
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experimento 0
Ficțiune științifico-fantasticăKira solía ser una chica normal... hasta que la convirtieron en un experimento. En las sombras de un laboratorio, su humanidad fue arrancada y reemplazada por algo más feroz, más salvaje. Ahora, con los instintos de un lobo y un pasado que la persig...
