Capitulo XVII: Instinto desatado

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Hiroshi fue el primero en moverse.

Se lanzó hacia mí con una velocidad inhumana, sus garras buscando mi cuello.

Me agaché en el último segundo y giré sobre mi eje, clavando mi codo en su abdomen. El golpe lo hizo retroceder un paso, pero no mucho.

Sonrió.

—No está mal. Pero sé que puedes más.

Mis ojos brillaron con furia.

No iba a darle el gusto de provocarme.

Me moví de nuevo, esta vez atacando primero. Mis garras rasgaron su costado, pero en lugar de retroceder, él usó la herida a su favor, atrapando mi brazo y lanzándome contra un estante metálico.

El impacto me sacó el aire.

Me levanté rápido, pero Hiroshi ya estaba encima.

Me sujetó del cuello y me estrelló contra el suelo.

—¿Esto es todo? —se burló—. Pensé que eras una bestia.

Algo en su tono me hirvió la sangre.

Me tensé.

Algo dentro de mí se rompió.

—No me provoques.

Usé toda mi fuerza y lo arrojé lejos. Mi respiración se volvió pesada, mis sentidos más agudos.

Ya no estaba pensando.

Solo sentía.

El mundo a mi alrededor se volvió secundario.

Solo existía él.

Y tenía que destrozarlo.

Me abalancé con una velocidad que ni él esperaba. Lo tomé por el cuello y lo arrastré por el suelo antes de levantarlo y estrellarlo contra la pared.

Se rió.

Pero su risa se cortó cuando clavé mis garras en su torso.

Sus ojos se abrieron con sorpresa… y miedo.

Saqué la mano de un tirón. La sangre salpicó el suelo.

—Así está mejor —susurré.

Hiroshi intentó atacarme de nuevo, pero esta vez fui más rápida. Lo golpeé con fuerza suficiente para romper huesos.

Él gruñó de dolor, pero yo no me detuve.

Ataque tras ataque, lo acorralé.

Cuando cayó de rodillas, jadeando, supe que había ganado.

Pero no me detuve.

No podía detenerme.

Lo levanté de nuevo, dispuesta a acabar con él.

Pero entonces, un sonido me hizo girar la cabeza.

Un jadeo.

Un pequeño grito ahogado.

Mis ojos, aún llenos de furia, se encontraron con los de Cheiko.

Estaba ahí.

Pálida.

Aterrorizada.

Y en su brazo… sangre.

Sangre mía.

No.

El caos en mi mente se rompió de golpe.

Dejé caer a Hiroshi.

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