Capitulo XVII: Encuentro en las sombras

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No iba a dejar que Hiroshi siguiera jugando conmigo.

Después de clases, lo busqué.

Sabía que no se iría sin hablar conmigo.

Mis pasos resonaban en el pasillo vacío. La mayoría de los estudiantes ya se habían ido, y el sol de la tarde teñía las ventanas de un tono anaranjado.

No tardé en encontrarlo.

Estaba apoyado contra una de las columnas del edificio, como si supiera que vendría.

—No pensé que vendrías tan rápido —comentó con una sonrisa.

Me crucé de brazos.

—Tú lo pediste. Ahora habla.

Hiroshi me miró por un momento, como si estuviera decidiendo qué decir. Luego suspiró y metió las manos en los bolsillos.

—Kira.

Mi cuerpo se tensó al escuchar mi verdadero nombre salir de su boca.

—Así que sí sabes quién soy —murmuré.

—Sabía que lo confirmarías si reaccionabas así —dijo con una media sonrisa—. Lo que quería saber era otra cosa.

Se apartó de la columna y dio un paso hacia mí.

—¿Cuántos mataste esa noche?

El aire a mi alrededor se volvió frío.

Mis manos se cerraron en puños.

Hiroshi no se inmutó.

—Dicen que el suelo quedó cubierto de sangre. Que los cuerpos eran irreconocibles. Pero la mayoría de la gente piensa que fue un ataque de Kuray, no de una sola persona.

Di un paso al frente, acortando la distancia entre nosotros.

—¿Quién eres y por qué te importa lo que pasó?

Él sonrió.

—Alguien que busca respuestas. Y al parecer, tú eres la clave.

Mi paciencia se agotó. Lo agarré del cuello de la camisa y lo empujé contra la columna.

—No juegues conmigo.

Hiroshi se quedó en silencio. Su expresión no mostró miedo… sino curiosidad.

—Así que así es como se siente verte de cerca —susurró—. Eres exactamente como lo describieron.

Algo en su voz me molestó.

Lo solté de golpe.

—Deja de hablar en acertijos.

Hiroshi se acomodó la camisa y sonrió de lado.

—Si quieres respuestas… búscame esta noche. En la vieja fábrica, al oeste de la ciudad.

Lo miré con recelo.

—¿Y si es una trampa?

Su sonrisa no desapareció.

—Entonces tendrás la oportunidad de matarme.

No respondió nada más. Solo se dio la vuelta y desapareció por el pasillo.

Me quedé allí, con el corazón latiéndome en los oídos.

La vieja fábrica.

Si iba, podría descubrir qué sabía realmente Hiroshi.

Si no… nunca obtendría respuestas.

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