Kuray tomó un desvío y el auto se detuvo en una fábrica abandonada. Me giré con confusión.
—¿Qué es esto?
Kuray se acomodó en su asiento con una expresión satisfecha.
—Tu prueba.
La puerta del auto se abrió y una ráfaga de aire frío me golpeó. Afuera, un grupo de hombres armados nos esperaba. Pero yo no necesitaba armas.
Yo era el arma.
Mis colmillos, mis garras, mi velocidad.
—Demuéstrame que no necesitas de nadie para sobrevivir, Puppy.
Naomi me observó con intensidad, como si estuviera midiendo cada reacción mía.
Y entonces lo supe.
Ella quería ver hasta dónde llegaría por mi venganza.
Y Cheiko…
Cheiko nunca entendería lo que estaba a punto de hacer.
Pero no me importaba.
Porque el lobo dentro de mí exigía sangre.
Salí del auto sin apartar la vista de los hombres que nos rodeaban. Eran seis. No era un reto, pero Kuray no los había puesto ahí para que fuera fácil.
Naomi se quedó en el auto, mirándome con expectación. Cheiko seguía dormida, ajena a la masacre que estaba a punto de desatarse.
Uno de los hombres, el que parecía estar a cargo, me evaluó con una sonrisa burlona.
—¿Y esta quién es? ¿Una más para vender?
La ira me recorrió el cuerpo como un veneno ardiente.
—Inténtalo.
El tipo soltó una carcajada.
—Tienes agallas, perra—dijo, sacando un cuchillo—. Pero aquí, la única que va a terminar en pedazos eres tú.
Antes de que pudiera dar un paso, mi cuerpo se movió por instinto.
Mis garras rasgaron el aire.
La carne.
El grito quedó ahogado en la sangre que brotó de su garganta.
Los otros reaccionaron demasiado tarde. Mi visión se volvió roja, mi mundo reducido a la sensación del hueso quebrándose bajo mis fauces, al sonido de sus corazones latiendo con terror.
Uno intentó disparar, pero su mano nunca llegó al gatillo. Se la arranqué de un mordisco.
El último trató de huir.
Lo alcancé en dos segundos.
—Por favor—suplicó.
—¿Por favor, qué? —susurré, repitiendo las palabras que su compañero había dicho antes.
No le di tiempo a responder.
Cuando todo terminó, el suelo estaba teñido de carmesí y yo jadeaba, sintiendo la adrenalina desvanecerse.
Me giré lentamente hacia el auto.
Naomi me observaba, impasible.
Kuray aplaudió con una sonrisa satisfecha.
Pero Cheiko…
Ella estaba despierta.
Y su mirada…
Era de puro horror.
—K-Kira… ¿Qué hiciste?
Me quedé inmóvil.
No era la primera vez que alguien me miraba así.
Pero esta vez dolió más.
Kuray se acercó, ignorando la tensión en el aire.
—Felicitaciones, Puppy. Has demostrado que no necesitas de nadie.
Pero yo apenas lo escuchaba.
Porque Cheiko no dejaba de mirarme como si fuera un monstruo.
Y Naomi…
Naomi sonreía.
Como si ya supiera que esto iba a pasar.
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experimento 0
Science FictionKira solía ser una chica normal... hasta que la convirtieron en un experimento. En las sombras de un laboratorio, su humanidad fue arrancada y reemplazada por algo más feroz, más salvaje. Ahora, con los instintos de un lobo y un pasado que la persig...
