"𝓛𝓸 𝓺𝓾𝓮 𝓷𝓸 𝓽𝓮 𝓶𝓪𝓽𝓪, 𝓽𝓮 𝓱𝓪𝓬𝓮 𝓶𝓪́𝓼 𝓯𝓾𝓮𝓻𝓽𝓮 "
*𝓝𝓲𝓮𝓽𝔃𝓮𝓬𝓱𝓮*
Corrí sin pensarlo y la abracé con algo de fuerza. Todos comenzaron a gritar, creyendo que iba a matarla. Cheiko estaba asustada, forcejeando para soltarse. No pasó ni un minuto antes de que el collar se activara, manteniéndose en el nivel 3. Me aparté con un gemido de dolor, soltándola de inmediato.
-¿Qué le pasa a ese fenómeno? ¡Cheiko, ¿estás bien?! Mierda, ¿te dejó algún morado? -preguntó la maestra, preocupada, pero con el mismo asco y desprecio en su mirada. En ese instante, dejé de ser su alumna favorita.
-No, solo me sacudió un poco. Gracias por preocuparse, maestra -respondió Cheiko, frotándose el cuello con una mueca de dolor.
Permanecí en silencio y me dirigí a la última fila, junto a la ventana. Era mi lugar favorito. Desde allí podía ver los árboles de cerezo adornando la cálida mañana.
El ambiente se volvió tenso. Sentía las miradas de todos, juzgándome, algunos ya ideando formas de hacerme bullying en el futuro; otros, simplemente decidiendo ignorarme tras el espectáculo.
Las clases transcurrieron como siempre, pero la diferencia estaba en el trato. Ya no me llamaban por el nombre que me había dado Kuray. Ahora era "fenómeno", "mutación", "rata". Cualquier insulto que se les ocurriera era válido. Así pasé la mañana hasta el receso. Por suerte, sabía exactamente dónde esconderme para comer con algo de privacidad.
La comida, como siempre, era la misma: carne cruda con proteína para mascotas y, de postre, una galleta en forma de hueso.
-Bastardo... -murmuré, mirando la bandeja-. Bueno, al menos tengo... ¿jugo de mora? Esto ya es el colmo.
Caminé hacia mi refugio: un viejo tronco seco de cerezo que nunca florecía. Aun así, para mí tenía un valor especial. Allí jugaba con Cheiko cuando éramos niñas, inventando historias. Ese lugar estaba lleno de recuerdos.
Al llegar, noté un listón rojo atado al tronco con una inscripción:
"Por la amiga más leal que tuve. Dejo este listón. Nos veremos más allá del muro, donde las almas descansan. Kira Nozomy."
Suspiré. Sabía que Cheiko aún guardaba mis recuerdos, aunque Kuray los había manipulado, dándome por muerta.
-Ojalá puedas perdonarme, Cheiko... porque haré lo que menos esperas -susurré.
Mientras comía, mi mente se llenó de un solo pensamiento: matar a Takeshi. Mil formas de hacerlo cruzaban por mi cabeza, pero estando vigilada, no podía lograr mucho.
Cuando terminó el receso, regresé a clases con el ceño fruncido.
El día pasó y llegó la hora de la salida. Demostré mis habilidades en las materias más exigentes y que mis reflejos en educación física eran únicos. Había dado orgullo a lo que sería mi "padre".
Entonces vi a Cheiko. Estaba triste. Su padre la esperaba afuera. Al verlo, la ira recorrió cada fibra de mi ser. Solo su presencia me hervía la sangre, despertando en mí un instinto salvaje.
-Debería matarlo y colgarlo de un árbol.
Sin darme cuenta, mis pasos se volvieron apresurados. Estaba a solo dos centímetros de él cuando los guardias me detuvieron a tiempo. Solté un ladrido, mostrando mi molestia.
Uno de los guardias actuó rápido y me puso el bozal diseñado para mí. Era incómodo, me tallaba el rostro. Luego, me tiraron dentro del auto para iniciar el viaje de regreso.
La tensión en el carro era distinta. Esta vez, estaba sola en la parte trasera, así que aproveché para descansar. Cerré los ojos y, sin darme cuenta, me quedé dormida durante el trayecto.
Cuando llegamos al puerto, un guardia me cargó y me llevó a la habitación sin despertarme. Kuray les había ordenado no lastimarme si no era necesario. Fueron gentiles, incluso me dejaron en una cama cómoda. El aroma no era el mismo... tenía un toque natural, o al menos eso pensé antes de quedarme profundamente dormida.
Dos horas después, un golpe fuerte me despertó. Salté de la cama, lista para defenderme, pero bajé la guardia al ver a Kuray tomando apuntes en su libreta.
-Puppy, buenas noches. Te desperté para iniciar la segunda fase del experimento. Aún noto que tus extremidades animales siguen sin pelo, pero eso está dentro de los parámetros. Ahora necesito que empieces con rutinas de entrenamiento militar. Matarás y torturarás sin pretextos. Además, recibirás una nueva dosis de los líquidos. Uno para aumentar tu masa muscular, facilitando el ejercicio, y otro para seguir con la reestructuración de tu ADN. Solo falta que aprendas a ocultar tu cola y orejas a voluntad. -Kuray hablaba con calma, como si esto fuera lo más normal del mundo.
-Sí, señor -respondí entre dientes, deseando borrar esa sonrisa de su rostro.
Cuando se retiró, entró la cuidadora. No sabía su nombre, pero la llamaba "Kuma" por su fuerza y aspecto imponente. Me aterraba. La última vez, durante un baño, había sido violenta conmigo.
-Bueno, ¿serás obediente o iremos por el camino del dolor de nuevo? -dijo, tomando la correa con fuerza-. Me encanta educar a perros rebeldes.
Su tono de burla me irritó. Todavía tenía ira acumulada por haber visto a Takeshi.
-Hola de nuevo, Kuma. ¿Por qué no te ahorras tus comentarios y acabamos con esto de una vez? Créeme, esta vez no seré gentil.
Como era de esperarse, se desató otra pelea. Nos golpeamos con fuerza, usando incluso algunos objetos. La sangre manchó el suelo. Esta vez, ella fue más ruda. Acabé con la nariz rota, el abdomen cubierto de cortes y varios moretones.
-¡Hija de puta! -grité, tratando de detener el sangrado-. Me abriste la herida otra vez. Algún día te dejaré en el suelo... y ese día será cuando me largue de aquí.
-Nada mal, Puppy. Aún te falta fuerza, pero esto apenas comienza. Seré tu oponente cada vez que el señor Kuray lo decida. Ahora quédate quieta y deja que te ponga el collar. Debemos ir al laboratorio por tu dosis.
Sabía que había perdido otra vez, así que no opuse resistencia. Caminé con dificultad, dejando un rastro de sangre.
En el laboratorio, Kuray y los demás me esperaban.
-¿Otra vez perdiste, Puppy? No importa, ya aprenderás. Naomi, átala a la pared. No queremos que esta dosis la ponga agresiva y termine lastimándonos.
(Así que así se llama Naomi )
Naomi obedeció, colocándome una mordaza para silenciar mis gritos. Sabía lo que venía: dolor, huesos rompiéndose, sangre. Mis piernas temblaban de miedo.
-Si aguantas esto, te prometo algo especial -susurró Naomi con dulzura-. No como una mascota, sino algo mejor: la satisfacción de matar a tu enemigo.
Esa promesa fue suficiente para disipar mi miedo.
-Lista, Puppy? -Kuray sonrió-. No te miento, esto será una tortura. Pero si aguantas, pronto podrás cambiar tu apariencia a voluntad.
El primer pinchazo de la inyección marcó el inicio del infierno otra vez.
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experimento 0
Science FictionKira solía ser una chica normal... hasta que la convirtieron en un experimento. En las sombras de un laboratorio, su humanidad fue arrancada y reemplazada por algo más feroz, más salvaje. Ahora, con los instintos de un lobo y un pasado que la persig...
