El amor.
Una mezcla de sentimientos y emociones.
La droga más adigtiva.
El elemento más poderoso.
Y el arma más destructiva.
El humano ha encontrado muchas formas de describirla y aun así para el propio ser sigue siendo un enigma, tan misterios...
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Según los estudios se dice que el humano se comunica el 10% escribiendo, 70% con el cuerpo y 20% verbalmente. La mayoría no sabe expresarse por algo existen los problemas de comunicación, ser asertivo a la hora de hablar es algo que se adquiere con el tiempo, se necesita de bastante para analizar en que circunstancias es bueno decir algo y en otras no.
Reaper parecía que no entendía esa parte o más bien si lo hacía pero no sabía como aplicarlo. Cada que su sensor captaba la presencia del bonito albino se movía en automático y su cerebro lo obligaba a hacer de todo para que volteara, si lo hacía enojar era un extra. Ni hablar de su lenguaje corporal, mantenía el contacto visual tanto tiempo que parecía retarlo, su sonrisa tampoco ayudaba se burlaba de cada cosa que hacía. Eso no era del todo verdad, podía no expresarse adecuadamente hablando más sus acciones dejaban en evidencia sus sentimientos por el chico, lo que pasaba en la cabeza del morocho era el resultado de morir de ternura por sus mañas tan marcadas, cada cosas que hacía así fuera tan pequeño el detalle le gustaba.
Desde el beso había pasado de acercamientos cortos a estar encima de él. Resultaba incómodo como le tocaba sin permiso o como se acercaba a invadir su espacio personal, sin embargo esta es una conducta natural, cuando uno siente atracción quiere conectar de cualquier manera con la persona y el contacto es una forma de hacerlo. Para Reaper los roces ya no eran suficientes, moría por tomar su mano pero cada que se acerca la movía a otro lado. Escondía con recelo las manos entre su pecho y sus piernas, lugares prohibidos donde no lograba llegar porque sería considerado indebido.
Geno no le decía mucho, se negaba a responder sus preguntas, sus coqueteos intensos los ignoraba sin piedad alguna.
- Hoy estas más bonito que ayer. - No tenía vergüenza el morocho.
- Deberíamos sentarnos en otro lado. - Geno con un movimiento había creado una barrera invisible para bloquear su presencia. En pocas palabras le dio la espalda.
- Acabo de caer en cuenta lo bien que te ves de espaldas. - Pero la boca del morocho no paraba.
- ¿Quieres mi sandwich?, ya no tengo hambre. - Musito ofreciéndole su almuerzo al acompañante que si había sido invitado a sentarse.
- Dámelo a mi. -
- Ahh... - Fresh sentía que se perdió de algo muy importante. Pasaron demasiadas cosas durante el receso. La primera fue ver como se auto invitaba el morocho a sentarse con ellos, nada fuera de lo común, solo el hecho de que estaba muy pegado a su bro le daba un tic en el ojo, aprovecho qué se fue un ratito y cuando regreso lo encontró en su asiento muy cómodo. En segundo lugar se encontraban sus patéticos intentos de ligar más directos y más bochornosos que pena ajena le daban. Tercera presenciar como el albino le aplicaba la ley del hielo brutalmente. Para Geno, dejo de existir ese tramposo doble cara. Pero que demonios le pasaba en la cabeza, cuando llego a su casa se lavo la boca cuatro veces y de ser posible se la lavaría otras cuatro más con jabón salvo. Aun recordaba el asqueroso sabor de la saliva ajena. Empezó a sentir desagrado de la forma en que lo tocaba el morocho del enfado qué le guardaba. Lo humilló, le hizo sentir cuán débil era cuando terminó por someterlo entre sus brazos y la pared. Nadie lo había orillado a ese punto, lo llevo a ese grado de vulnerabilidad donde te sientes como un pequeño conejo entre los dientes de un lobo, Reaper sobrepasó sus límites. Se sentía mal consigo mismo por permitirlo, odiaba haber perdido el control de la situación siendo tan inteligente, por ende descargaba toda su ira con el culpable de su desagrado.