Capítulo 1: Arcano

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Nadie podría creer que en esa tierra infértil hubiera vida. Donde ahora sólo hay ruinas, alguna vez existió una civilización avanzada. Entre todo ese caos, sólo queda un hombre observando cómo sus legiones asesinan a los pocos habitantes que quedan, sin que le importe lo que les suceda.

—Parece que te encanta ver la muerte, hermano —dijo un joven de cabellos castaños, vestido con un traje metálico azul celeste con tonos negros en las rodillas y una capa larga negra. El joven se plantó frente al señor de guerra, quien sólo sonrió al verlo.

—Arcano, mi hermanito, ¿por fin te unirás a mí? —preguntó el hombre de cabello rojo, cuyos ojos eran tan negros como la oscuridad. Vestía una armadura roja con dorado y sostenía una lanza de estilo nórdico. Arcano desvió la mirada.

—Amalgam, eso jamás ocurrirá —replicó, mientras sacaba una carta.

—¿Tus cartas mágicas? ¿De verdad crees que con eso puedes vencerme? —preguntó Amalgam con soberbia.

—Solo se necesita una carta para ganar —respondió Arcano. Una luz se generó de la carta y se coló en su pecho, formando cadenas que se unieron a sus brazos. Arcano se lanzó a golpear a su hermano, quien bloqueó el ataque con su arma, pero notó un aumento en la fuerza de Arcano, quien usó las cadenas para apoderarse de la lanza de Amalgam.

—Las cadenas de Sansón. Recuerdo cuando nuestro hermano volvió con ellas —dijo Amalgam con algo de melancolía. Arcano notó esto y sintió algo de lástima por su hermano—. Lo curioso es que Sansón nunca se enojó con los humanos cuando intentaron acabar con su vida, pero me odiaba cuando cambiaba las cosas.

—Como nuestros demás hermanos, no creyeron en tu locura de doblegar a la humanidad —comentó Arcano. Amalgam crujió los dientes ante las palabras de su hermano.

—Ustedes nunca lo vieron, los humanos son seres caóticos. El caos debe ser controlado, o todo acabará en destrucción —aviso Amalgam.

—De la destrucción surge la creación, del caos proviene el orden. Nosotros no somos diferentes a los humanos —replicó Arcano. Amalgam levantó su brazo, atrajo su arma y se preparó para atacar.

—Odio matar a mis hermanos, pero si no estás conmigo, solo existe este camino —dijo Amalgam tomando una posición de batalla. Arcano sacó otra carta, con la imagen de un guerrero. La carta se cubrió de luz y se transformó en una espada de estilo medieval—. La espada de nuestra hermana, Excalibur. ¿Crees que puedes usarla?

 Arcano tomó posición de batalla.

—Vamos a averiguarlo —dijo Arcano con una sonrisa, lanzándose al ataque. Aunque Amalgam era un guerrero más experimentado, Arcano era más veloz. El último de los dimensionales lanzaba estocadas rápidas que su hermano tenía dificultad para esquivar. Amalgam usó su lanza para evadir el filo de la espada, pero notó que su hermano lo estaba arrinconando. Amalgam dio un salto y quedó detrás de Arcano, quien reaccionó rápido para evitar el daño, pero recibió un corte en el brazo.

—No está mal. Veo que estudiaste mis movimientos —menciono Amalgam, elogiando a su hermano.

Ambos hermanos luchaban intensamente. Arcano, hábil con la espada, no podía igualar la fuerza y resistencia de Amalgam, quien eventualmente acabaría con él. Arcano sabía que su única oportunidad era usar su as bajo la manga. Sacó una nueva carta en forma de domo y la lanzó. Una barrera de energía se formó, deteniendo los ataques de Amalgam.

—Las creaciones de nuestro hermano Alquimia son útiles. Esta barrera puede detener cualquier ataque, ya sea físico o energético. Deja atrás tus planes, hermano, o me veré obligado a acabar contigo —advirtió Arcano. Amalgam lo miró con furia.

—Bueno, tú usas los poderes de nuestros hermanos caídos como un aficionado. Creo que será divertido mostrarte cómo lo hace un profesional —dijo Arcano, sintiendo su corazón latir rápido. En un parpadeo, su hermano había desaparecido de la prisión y ahora estaba detrás de él, listo para atacar. Arcano pudo evitar el ataque con algo de daño.

—¡Maldita sea!—grito Arcano, pero Amalgam solo se rió.

Amalgam aprovechó su habilidad de saltar en el tiempo para realizar ataques devastadores. Arcano logró esquivar algunos golpes, pero no todos. Finalmente, Amalgam lanzó un fuerte golpe con su lanza, hiriendo gravemente a Arcano, quien cayó de rodillas.

—Fuiste más difícil de lo que creía. Tienes mis respetos, hermano —dijo con soberbia. Arcano sintió cómo la herida en su cuerpo se hacía más grande.

—¿Cómo hiciste eso? —pregunto Arcano con dificultad—. El domo de Alquimia era imposible de destruir

—Tienes razón, no lo destruí, solo lo traspasé —respondió, para luego darle una patada en el estómago. Arcano no pudo soportar la fuerza de los golpes de Amalgam. Su única oportunidad de ganar era a distancia.

—Aún no respondes mi pregunta, Amalgam —dijo Arcano con molestia. En lugar de responder, Amalgam demostró su habilidad para dar saltos en el tiempo, lo que le permitía moverse lo suficientemente rápido para traspasar cualquier objeto. Este poder también le permitía dar ataques devastadores. Amalgam usó su lanza para intentar traspasar a Arcano, quien trataba de esquivar los golpes incluso con el poder de salto temporal de su hermano.

—Parece que no soy el único con un poder de tiempo —señaló Amalgam. Arcano sonrió al activar una de sus cartas, que le otorgaba visión para anticipar los movimientos de su hermano, aunque no se comparaba con el salto de su hermano—. Será mejor que te rindas, Arcano. No hay forma de que puedas vencerme.

—No puedo negar que tienes razón, hermano. Pero esta solo es una batalla perdida, no la guerra —respondió Arcano, activando una nueva carta con la imagen de un barco. Amalgam reconoció la carta y se lanzó contra su hermano. 

Usando su salto temporal, logró colocarse frente a él, listo para acabar con su vida. Pero fue inútil, ya que un barco apareció entre ambos hermanos. Sin embargo, eso no evitó que Arcano sufriera algo de daño, ya que Amalgam alcanzó a lastimarlo con su arma. Sin perder tiempo, Arcano subió al barco, que empezó a volar por los cielos.

—¡Destruyan ese barco! —ordenó Amalgam. Sus soldados comenzaron a disparar al barco, pero la nave logró escapar. —Maldito, si consiguió el navío Sirena, será imposible localizarlo —dijo, sabiendo que, con el daño que le había infligido, solo sería cuestión de minutos para que su hermano muriera. —Preparad la nave. Es hora de ir a otro mundo —dijo a uno de sus sirvientes mecánicos, quienes asintieron y se prepararon para teletransportarse a la nave líder. 

Amalgam tomó asiento en un trono en medio de la nave, desde el cual podía observar todo y mostraba su superioridad ante todos. Chasqueó los dedos y la nave se transportó, abandonando el mundo que había conquistado.

En el barco, conocido como "El Viajero", capaz de viajar a través del multiverso sin ser perseguido, Arcano intentaba curar sus heridas. Sabía que no le quedaba mucho tiempo antes de que su hermano acabara con él. Esta guerra era demasiado para él; necesitaba ayuda para lidiar con Amalgam y su ejército.

—Viajero, ¿dónde está mi hermana Sirena? Llévame a donde pueda encontrar ayuda —ordenó antes de desmayarse por la gravedad de sus heridas.

Esas palabras fueron suficientes para que el barco lo llevara a un lugar donde no solo encontraría ayuda, sino también a la próxima generación de héroes que se encargaría de proteger el multiverso.

DIMENSIONALES: PROTECTORES DEL MULTIVERSO*Donde viven las historias. Descúbrelo ahora