CAPÍTULO 17: ASCENSO II

84 52 10
                                        

Madera rota. Eso era lo único que Mark podía ver. Sus ojos intentaban enfocarse mientras la máscara de Dead Soul se entreabría lentamente. Un dolor punzante se extendía en su pecho. La confusión lo envolvía hasta que, con un escalofrío, comprendió la razón: un enorme trozo de madera lo aprisionaba. Con esfuerzo, canalizó su poder y de su cuerpo emergieron dos tentáculos oscuros que se enroscaron alrededor del obstáculo. Lo apartó con un gruñido de esfuerzo y dejó escapar un suspiro entrecortado. El aire, que había abandonado su cuerpo segundos atrás, regresó, aunque impregnado de polvo, provocándole una tos áspera y dolorosa.

Al intentar ponerse de pie, Mark notó que estaba sepultado bajo lo que alguna vez fue el Nexus. Volvió a invocar su poder, apartando los escombros más grandes con sus tentáculos, mientras sus manos temblorosas removían los restos más pequeños. El resplandor del sol lo cegó momentáneamente cuando logró salir. Por fin, su pecho se expandió con un aire más limpio que el de su mundo natal.

Miró a su alrededor. Desolación. Un desierto interminable, montañas en la distancia, escasas plantas luchando por sobrevivir. Pero lo más evidente eran los restos del Nexus, esparcidos como un cementerio de metal y cenizas. Su mirada ascendió al cielo y su corazón se encogió al ver la silueta de la nave de Amalgam surcando la atmósfera del planeta. La misma nave en la que casi perdió la vida junto a sus compañeros. La misma nave que, sin duda, traía consigo al enemigo.

"Debo encontrarlo antes que él". El pensamiento cruzó su mente con urgencia. Con determinación, descendió de la montaña de escombros, sus pisadas dejando huellas en la polvorienta superficie. Sin embargo, un sonido interrumpió su marcha. Algo se movía entre los restos.

Mark se tensó. Sus tentáculos se desplegaron con reflejos instintivos. Podía ser un soldado de Amalgam, alguien enviado para asegurar la fuente de energía que tanto ansiaban. Pero entonces, una mano emergió entre los escombros. Una mano ensangrentada.

La respiración de Mark se aceleró. La tela rasgada y manchada de la ropa le resultó familiar. Se apresuró, apartando los restos con desesperación hasta revelar un rostro conocido.

—¡Zack! —Una sonrisa de alivio cruzó su rostro por un instante fugaz.

El otro joven entrecerró los ojos, confuso.

—¿Mark...? ¿Qué pasó? —su voz era ronca, pero lo que más llamó la atención de Mark fue la ausencia de heridas abiertas a pesar de la sangre que lo cubría.

—No te preocupes, sanarás rápido. —Mark intentó sonar tranquilo, pero la pregunta inevitable no tardó en llegar.

—¿Dónde están los demás...? —Zack tragó saliva, su mirada reflejaba el temor de descubrir la verdad.

Mark bajó la vista. No podía mentirle. Pero tampoco podía rendirse.

—Solo te he encontrado a ti... pero estoy seguro de que los demás están bien.

Zack lo miró con escepticismo. Sabía que la explosión había sido devastadora, que el Nexus, un coloso capaz de viajar a través del multiverso, había sido reducido a chatarra en segundos. Y que, si ellos habían sobrevivido, era porque estaban lejos del epicentro. Los demás...

Zack suspiró profundamente. No era momento de lamentos. No podían permitirse el lujo de dudar o detenerse.

—Escucha, Zack —Mark lo miró con firmeza—. No importa lo oscuro que parezca todo, debemos seguir adelante. Amalgam está aquí. Viene por el núcleo.

Zack apretó los puños. No había tiempo para el miedo. No había tiempo para la duda.

Era el momento de ser héroes.

DIMENSIONALES: PROTECTORES DEL MULTIVERSO*Donde viven las historias. Descúbrelo ahora