Los soldados metálicos de Amalgam habían aniquilado ejércitos enteros, desmantelando insurrecciones con una precisión brutal. Nadie osaba desafiarlos... hasta que llegaron a esa dimensión. Allí, en un terreno desconocido, encontraron su peor pesadilla.
Mercury, en su forma de 3 metros, se alzó entre el caos, derribando naves con descargas de energía arrolladoras. Las estructuras metálicas se desmoronaban como castillos de arena ante la magnitud de su furia. Cada embestida enviaba ráfagas de energía destructiva, y el cielo se iluminaba con explosiones. En el suelo, sus compañeros no se quedaban atrás, luchando con una coordinación perfecta.
Mark se movía con precisión letal. Su guante de materia oscura perforaba a los soldados enemigos con una eficiencia implacable, mientras dos tentáculos de la misma sustancia lo protegían, permitiéndole maniobrar con agilidad sobre el campo de batalla. En un movimiento fluido, flexionó los dedos, transformando su guante en una espada de energía oscura.
—Probemos algo nuevo —murmuró, con una sonrisa oculta bajo su máscara.
Con un giro magistral, la hoja se deslizó entre los cuerpos de sus adversarios, rebanando a una decena en un solo tajo. Se lanzó contra la siguiente oleada, cada golpe calculado, cada defensa reforzada por sus tentáculos que repelían los ataques con precisión quirúrgica. Con cada tajo, la energía oscura chisporroteaba, corrompiendo los circuitos de los androides caídos.
A unos metros de distancia, Morgan descargaba una lluvia de disparos letales. Su puntería era impecable; cada proyectil encontraba su objetivo en la cabeza de los androides enemigos. Cuando algunos intentaron rodearla, esgrimió la daga que Arcano le había otorgado, hundiéndola en sus vientres antes de rematar con un disparo a quemarropa. Usó un cuerpo inerte como escudo, avanzando hasta una posición estratégica.
Desde la cobertura de un afloramiento rocoso, ajustó la mira de su rifle y escaneó el campo de batalla. Sus ojos se entrecerraron al notar a un soldado de Amalgam que se acercaba sigilosamente a Zack. Exhaló con calma y apretó el gatillo.
Uno a uno, los androides cayeron bajo su fuego preciso.
—Cinco, seis, siete...
Sin dejar de contar, giró sobre sí misma y eliminó a dos soldados más.
—Ocho, nueve...
La cifra seguía aumentando, no por necesidad, sino por costumbre. Sin embargo, un detalle la alertó: los enemigos estaban acercándose. Se preparó para cambiar de táctica, pero antes de que pudiera reaccionar, una ráfaga de sangre segó el paso de los androides. Blood Knight emergió entre los restos metálicos, su arma transformada en un hacha titánica.
—Tú sigue disparando. Yo me encargo de estos.
Separó su lanza en dos, generando un escudo de sangre en su mano izquierda. En la derecha, la hoja de la lanza creció, su filo vibrando con un brillo carmesí. Zack embistió a los oponentes, empalando a los que se interponían en su camino. Con un movimiento rápido, su propia sangre se convirtió en proyectiles afilados, impactando en los rostros de sus adversarios.
—Vamos, Zack, tú puedes... —susurró Morgan, sin dejar de disparar.
Zack reforzó su escudo, haciéndolo crecer con púas mortales en su centro. Con un rugido, se lanzó contra la multitud. El impacto fue devastador: las púas se incrustaron en los circuitos de los androides, cortando sus conexiones hasta que, finalmente, cayeron inertes.
Los refuerzos enemigos no tardaron en llegar. Más soldados metálicos de Amalgam descendieron desde las naves en un aluvión de fuego. Morgan sintió el calor de una explosión cercana y rodó hacia un costado, levantando su rifle y disparando en rápida sucesión. Las balas perforaron los cascos de los androides, pero estos seguían avanzando, imparables.
ESTÁS LEYENDO
DIMENSIONALES: PROTECTORES DEL MULTIVERSO*
Science FictionCuando el equilibrio del multiverso se tambalea y una fuerza oscura amenaza con consumir todos los mundos, un grupo de héroes se une en una épica misión para salvar la existencia misma. Esto comienza con una serie de perturbaciones cósmicas que dese...
