Desde que murió hasta que se convirtió en un fantasma capaz de tomar una forma corpórea, Warren solo había sentido dolor. Incluso después de tantos años en aquel estado, solo hubo dos ocasiones en las que el sufrimiento fue insoportable. La primera, cuando alguien de su propia sangre levantó un arma capaz de matarlo. La segunda, aquella explosión que sacó al Nexus de la corriente multiversal. Había activado su intangibilidad, pero incluso así, la onda expansiva lo había alcanzado, desgarrándolo de una forma que jamás pensó posible. Lo último que vio fue aquel destello cegador. Luego, la oscuridad.
Cuando despertó, la arena bajo su cuerpo se sentía sorprendentemente suave, como si estuviera acostado sobre una nube. Con esfuerzo, se incorporó. Su caída lo había llevado lejos del Nexus. Alzó la mirada y, a lo lejos, divisó la nave de Amalgam. Eso solo significaba una cosa: Amalgam estaba aquí.
Sin perder más tiempo, comenzó a caminar en dirección a los escombros, su mente enfocada en la batalla que estaba por desatarse. Debía reunirse con sus compañeros. Sin embargo, antes de poder continuar, una silueta apareció en el horizonte. Instintivamente, llevó la mano al mango de su arma. ¿Un androide? ¿Amalgam en persona? Pero no... Cuando la figura se hizo más clara, Warren reconoció a Arcano.
Una sonrisa se dibujó en sus labios, y por un momento, el peso de todo lo que había ocurrido pareció aliviarse.
—Arcano... Es bueno verte. —Su voz sonó más aliviada de lo que esperaba.
Pero su compañero no respondió. Solo miraba el horizonte, con una expresión perdida, distante. Warren frunció el ceño.
—Vamos. Los demás nos necesitan.
Arcano no se movió.
—Arcano —insistió Warren—, los demás necesitan nuestro apoyo.
El otro finalmente habló, pero su voz sonó extrañamente vacía.
—Este mundo... —susurró—. Este mundo fue devastado por una guerra civil. Cada ser consciente murió. No quedó nada más que ruinas y cenizas.
Warren sintió un escalofrío.
—¿De qué estás hablando?
Arcano cerró los ojos por un momento, inhaló profundamente y luego lo miró con una tristeza insondable.
—Mi hermano cree que los seres vivos no merecen el libre albedrío. Dice que solo traen muerte, sufrimiento, destrucción...
Warren apretó los dientes.
—Quizá tenga razón. —Su voz fue un susurro amargo—. He visto a los humanos matar por codicia, por odio, por celos...
Arcano soltó una risa amarga.
—Es cierto, hay seres malvados. Pero también hay quienes buscan construir. Quienes sanan, protegen, quienes dan su vida por otros.
Warren sostuvo su mirada y, por primera vez en mucho tiempo, sintió el peso de esas palabras. Sí, había visto lo peor de la humanidad... pero también lo mejor. Si Amalgam lograba su cometido, el mundo nunca tendría la oportunidad de probar que podía ser algo más.
—No hables como si este fuera el final —respondió Warren con un tono de urgencia, apretando la carta entre sus dedos. —Aún tenemos una oportunidad, aún podemos luchar. No puedes decir adiós, no ahora.
Arcano bajó la mirada, con una melancolía insondable en sus ojos.
—Siempre dices lo mismo, Warren. Que hay una oportunidad, que podemos hacer algo. Que la batalla no está perdida. —Hizo una pausa y alzó la mirada hacia el cielo teñido de nubes densas y cenizas suspendidas. —Pero la verdad es que algunas batallas no se ganan, algunas simplemente deben terminar.
ESTÁS LEYENDO
DIMENSIONALES: PROTECTORES DEL MULTIVERSO*
Science FictionCuando el equilibrio del multiverso se tambalea y una fuerza oscura amenaza con consumir todos los mundos, un grupo de héroes se une en una épica misión para salvar la existencia misma. Esto comienza con una serie de perturbaciones cósmicas que dese...
