CAPÍTULO 19: CAÍDA

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Andrew abrió los ojos con una mezcla de asombro y confusión. Flotaba en lo que parecía ser un tonel de luz verde, una estructura líquida y etérea que lo mantenía suspendido en el vacío. La atmósfera que lo rodeaba era inquietante, impregnada de misterio, con una sensación de pesadez que le presionaba el pecho, como si estuviera atrapado entre el sueño y la realidad.

—¿Estoy... muerto? —murmuró, con la voz ronca y la mente aún nublada.

De repente, una luz blanca emergió en la distancia. Brilló con una intensidad cegadora antes de estallar en un millar de partículas incandescentes que flotaron en el aire. Poco a poco, esas partículas comenzaron a agruparse y a adoptar una forma humanoide. La silueta se definió, revelando una figura imponente y radiante. Era Mercury.

Andrew sintió una oleada de asombro y alivio al ver al ser ante él. A pesar de todo el dolor que sentía en su cuerpo, algo en la presencia de Mercury le transmitía calma.

—¿Es el final? —preguntó Andrew, su voz aún débil.

Mercury lo observó con una mirada insondable, su forma luminiscente fluctuando levemente mientras se acercaba.

—No es el final, Andrew. Aún tienes un papel que cumplir —respondió con un tono que resonó en la propia mente del héroe.

Andrew cerró los ojos un momento, sintiendo una punzada de dolor al intentar moverse. Su cuerpo entero estaba en agonía, cada fibra de su ser parecía rota, desgarrada.

—Voy a morir, ¿verdad? —susurró—. No pude derrotarlo... Amalgam...

Mercury inclinó la cabeza, su forma vibrando con la energía que lo constituía.

—Amalgam es más de lo que imaginas. No es solo un ser de poder descomunal, es la manifestación de la imposición absoluta. No deja lugar para la duda, para la evolución. Quiere extinguir todo lo que no se doblegue a su voluntad.

Andrew respiró con dificultad, tratando de procesar las palabras de Mercury. Su mente aún estaba nublada, pero algo dentro de él comenzaba a encenderse nuevamente.

—¿Cómo... cómo puedo pelear contra alguien así? Apenas resistí unos minutos. Me destrozó.

—Tu cuerpo aún no ha caído del todo. Se está regenerando —Mercury extendió una mano y un resplandor envolvió a Andrew—. Yo soy parte de ti. La asimilación entre nosotros es más profunda de lo que crees. Has sobrevivido porque ahora formas parte de algo mayor.

Andrew sintió una calidez recorrer su cuerpo. La luz verde a su alrededor parecía fusionarse con su piel, sanando lentamente sus heridas, cerrando cada fractura. Con cada segundo que pasaba, su fuerza regresaba. Su determinación renacía.

—Entonces... no estoy acabado —susurró, sintiendo cómo su energía se restauraba.

—No —confirmó Mercury—. Y aún queda una batalla por pelear.

Andrew miró sus manos, observando cómo la luz fluctuaba en ellas. Sus heridas desaparecían, su fuerza volvía, pero algo más también estaba ocurriendo. Su mente se llenaba de imágenes, recuerdos que no eran suyos, ecos de antiguas batallas, de vidas pasadas, de héroes y villanos que habían recorrido la historia del cosmos. Se sintió abrumado, pero al mismo tiempo, comprendió.

—Estoy... viendo cosas. Espejos dimensionales, Historias que no viví... pero que parecen parte de mí —dijo con voz temblorosa.

Mercury asintió levemente, acercándose más.

—Eso es porque la fusión entre nosotros se ha profundizado. No solo compartimos energía, Andrew. Ahora compartes una parte de mi conciencia y poderes. Conoces lo que yo he conocido. Las guerras que he librado, las civilizaciones que han caído, los errores que se han cometido en el pasado. Todo está en ti ahora.

DIMENSIONALES: PROTECTORES DEL MULTIVERSO*Donde viven las historias. Descúbrelo ahora