Capítulo 24

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Mónica bajó a la playa junto a Taylor, vio en el agua a Noah y Madeline, ambos jugaban riendo, Unai estaba en la orilla sentado, moviendo la cola mientras miraba hacia el agua. Cuando el perro sintió movimiento se acercó a ellas, olisqueando a Taylor

-¿Estás segura que puedes hacer eso? -preguntó Mónica cuando Taylor se quitó la muñequera que tenía en la mano

-Sí, mami me dijo que hoy podía quitármelo para jugar en la playa -dijo Taylor

-Pero... -Mónica dejó la frase a medias cuando Unai pasó corriendo entre ellas

Mónica siguió con la mirada a su perro, Madelaine estaba saliendo del agua con Noah en brazos, fue consciente del agua recorriendo el cuerpo de Madelaine mientras caía hasta el suelo.

-¿Te importa quedarte con ellos un poco? -preguntó Madelaine mientras se secaba con una toalla

-¿Vas a correr? -Mónica se dio cuenta que Madelaine debía tener esa costumbre, pues siempre lo hacía cuando estaba en la playa

-No iré lejos -prometió Madelaine

-Les echaré un ojo -dijo Mónica refiriéndose a los niños-. ¿Taylor puede usar la mano normal?

-Sí, el médico le ha dado el alta, pero a veces le molesta y se la pongo para que no la fuerce, pero tranquila, ella sabe cuando debe ponérsela

Madelaine se puso un pantalón, sin importarle mojarlo al estar húmeda, miró al perro que estaba a su lado

-¿Preparado?

Unai soltó un ladrido, ambos comenzaron a hacer estiramientos y después comenzaron a correr.

Mónica se quedó mirando como Noah y Taylor jugaban en la orilla, ambos se tiraban agua, después empezaron a hacer un castillo juntos. Mónica comenzó a tomar el sol, mirando hacia donde estaban los niños.

Al cabo de quince minutos, Mónica miró por donde se había ido Madelaine, la vio correr hacia donde estaba ella, y entonces, pasó, tuvo un recuerdo, o eso creía ella.

***

Mónica bajó a la playa, se sentó en la arena mientras veía la luna reflejada en el mar, las olas rompían con fuerza. El mar no estaba en calma, tampoco ella.

Llevaba toda la tarde llorando, le costaba comprender cómo aún podía tener lágrimas. Había discutido con Madelaine, la discusión había sido tan fuerte que la pelirroja se había marchado de casa dando un portazo. Ni siquiera recordaba por qué habían comenzado a discutir, en ese instante, tampoco le importaba. Nada parecía tener importancia ante la perspectiva de perderla para siempre.

Mónica miró hacia al lado, estaba oscuro, apenas se veía nada, pero notó movimiento, se quedó mirando y, entonces la vio, corriendo bajo la luz de la luna. Madelaine se detuvo un instante, sorprendida de verla allí a esas horas, comenzó a andar hacia ella.

-¿Qué haces fuera tan tarde? Hace frío, vas a ponerte mala de la garganta

-Estás aquí... -Mónica se levantó, quedando a escasos centímetros de la otra mujer-. Lo siento, yo...

Mónica abrazó a Madelaine, con miedo al rechazo, pero la abrazó porque realmente temía no volverla a ver y, en esos momentos, necesitaba sentir su cuerpo

-Mó, estás helada... -Madelaine restregó sus brazos al sentir el frío en el cuerpo de la otra mujer-. ¿Qué haces aquí fuera? ¿Por qué lloras?

-Te fuiste... yo... temí... creí que no volverías

Madelaine cogió la barbilla de Mónica, se la alzó para hacer que la mirara a los ojos

Futuro RobadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora