17. Confesiones.

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-Ahora no mamma, deja que por lo menos termine de comer.


-Debe saberlo, debe saber que él la quiere si o si, que esta dispuesto a recorrer toda Italia para conseguirla.


-¡YA BASTA! -grito Ashton levantandose- debes saber que mientras ella este aquí, en mi casa. Estará protegida. No sólo por mi sino por la de decenas de hombres que están rodeando la casa.

Todo el mundo se quedó en silencio. Ashton casi nunca se enfadaba, y cuando lo hacía todo el mundo agachaba la cabeza y obedecía.


-Y ahora por favor sentaros a comer, y más tarde terminaremos esta conversación.


Hicimos un hueco para las recién llegadas y nos pusimos a comer en silencio.


Apenas pude disfrutar de la comida, pues que alguien me persiguiera no es plato de buen gusto.


-Lena, acompañame.-dijo Ashton después de acabar de comer.


-De acuerdo.


Ashton y yo atravesamos el salón, y nos dirigimos hacia unas puertas de madera que daban al interior de una enorme sala repleta de libros.


-Bella siéntate aquí.-o mientras me dirigía hacia un enorme sofá.- Esto es muy complicado...


Un par de golpes interrumpieron a Ashton.


-Adelante.


Era María.


-Gracias por venir mamma, es mejor que se lo expliques tú.-dijo Ashton levantándose y ofreciéndole asiento a María.


Supe en el instante que Ashton se sentó al lado mía agarrándome la mano y en la otra un vaso de ron que el momento de las confesiones habían llegado.


-Conocí a Valeria en el verano de 1977. En el aeropuerto. Aún recuerdo como iba vestida, sabes os parecéis mucho, con ese color pelirrojo y la sonrisa que ambas tenéis. Al instante nos hicimos amigas, pues a ambas nos habían dado esa beca del ministerio, e íbamos a compartir habitación en el hotel. Las dos estábamos asustadas, nunca habíamos salido de España e íbamos a un lugar que la mafia tenía un gran poder. Que ingenuas eramos.


Nada más llegar a Roma, conocimos a dos chicos Fabián y Tristán. También les habían dado una beca, pero ellos procedían de Florencia.


Yo me enamoré locamente de Fabián y sólo Dios sabe que fui dichosa hasta que le asesinaron. Me dió igual que él fuera el jefe de los Gosan yo le quería. Fabián nunca dejó que tanto a mi como a mis hijos nos faltará de nada.-relató María sonriendo.

-Sin embargo, tu madre no fue tan dichosa como yo. Fue feliz, por un tiempo. Recuerdo la primera vez que le vi los brazos llenos de moratones y con lágrimas en el ojos, el muy canalla en cuanto la policía atrapaba mercancía, se ponía hasta arriba de alcohol y de drogas y lo pagaba con tu madre.


María paró un momento de hablar y comenzó a beber agua de una botella que había en la mesilla de al lado.


Ashton pasó un brazo sobre mis hombros y me sonrió mandandome fuerzas.


-Pasado un tiempo ambas parejas nos casamos. Fabián y yo creímos que la cosa cambiaría cuando naciera el bebé que tu madre esperaba, al poco tiempo Marco nació muerto por culpa de las palizas de ese mal nacido.


Tu madre estuvo en una profunda depresión... Hasta que nacisteis vosotras dos, erais la alegría de vuestra madre su razón de vivir.


Cuando ambas cumplisteis un año, vuestra madre descubrió que Tristán había ordenado asesinar al primer ministro francés.


Ella le abandonó y se lo contó todo a la policía, allí conoció a Ernesto le prometió que estaría a su lado para protegerla ahora y siempre.


Doce años después, oí a Danielle y a Ashton que había conocido a dos chicas pelirrojas en la playa, Lena y Laura.


-¿Cómo supiste que éramos nosotras?


-No lo sé, simplemente lo supe. Pregunté a Fabián cual era el hotel en el que estabais alojadas, y fui a ver a tu madre. Fabio y Claudio, mi hijo mayor, me llevaron al hotel y fueron asesinados esa misma noche por los hombres de Tristán.


Todo porque quería saber donde estabais vosotras para acabar con vosotras.


-Por eso tuve que hacerme cargo yo de todo,-intervino Ashton- cuando nos volvimos a encontrar 7 años después supe que eras tú, un poco más mayor, pero seguias siendo la misma de siempre.-dijo acariciando mi pierna.


-Espera, espera. Un momento, estoy alucinando...-dije hiperventilando.


-Nena-me llamó Ashton- traquilizante.


-¡PERO CÓMO ME VOY A TRANQUILIZAR ASHTON!-(ay Dios mío de mi vida.)


-Bueno yo os dejo solos...-dijo María.


-Tú madre las suelta y luego se va.- dije exasperada.


Ashton asintió y se mantuvo callado mientras yo me paseaba a lo largo de la sala.


Pasaron los minutos, que llegaron a 30, cuando al fin me senté y le dije:


-Ya se lo que voy a hacer ahora.


-Dispara- le mire aterrada hasta que corrigió sus palabras- quiero decir cuéntame.


-Mi madre me contó de niña que ella siempre de había dejado un trozo de alma en Italia, y Ashton lo siento en mi interior y se que mi hermano está vivo.


-¿Y ahora?


-Voy a encontrarle, voy a encontrar a mi hermano.


Pistolas de amor (editando)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora