El agua templada era algo celestial contra la piel desnuda de Lauren, pero mejor aún que el agua era la libertad. No había chismosos de la Corte que los observaran, haciendo comentarios sobre su conducta indecorosa. Y en verdad la conducta que ahora observaban era muy indecorosa para un ellas, propietarias de vastas propiedades.
Habían viajado durante tres días antes de ver aquel encantador lago azul, una esquina del cual estaba oculta por sauces llorones.
En él estaban ambas, jugando como niñas.
-Oh, Camila - dijo Lauren, con voz que era mezcla de risita y susurro.
La risa de Camila resonó profundamente en su garganta. La levantó en vilo sobre el agua y la dejó caer otra vez. Llevaban una hora jugando de ese modo, persiguiéndose para besarse y tocarse. Las ropas yacían en la orilla, amontonadas, mientras ellos se movían sin estorbos en el agua.
-Lauren - susurró Camila, acercándose-, haces que olvide mis deberes. Mis hombres no están habituados a semejante descuido.
-Tampoco yo estoy habituada a tanta atención - replicó ella, mordisqueándole el hombro.
-No vuelvas a empezar. Debo regresar al campamento.
Ella suspiró, comprendiendo que era verdad. Caminaron hasta la costa y Camila se vistió deprisa. Luego esperó a su mujer, impaciente. Ella sonrió.
-¿Cómo quieres que me vista si me estás mirando así?Vuelve al campamento, que yo te seguiré dentro de un ratito.
-No me gusta dejarte sola - protestó la Morena con el entrecejo fruncido.
-Estamos muy cerca del campamento. No puede pasarme nada.
Camila se inclinó para darle un feroz abrazo.
-Perdóname si te protejo demasiado. Es que estuve muy cerca de perderte por lo del niño.
-No fue por eso por lo que estuviste a punto de perderme.
Camila, riendo, le dio una palmada en el trasero mojado.
-Vístete, pícara, y vuelve cuanto antes al campamento.
-Sí, mi señora- sonrió ella.
Al quedar a solas, Lauren se vistió con lentitud, disfrutando de aquella soledad que le permitía un momento para sus cavilaciones. Los últimos días habían sido un deleite: por fin, Camila era suya. Ya no ocultaban su mutuo amor.
Una vez vestida, no regresó al campamento; prefirió sentarse bajo un árbol a disfrutar de aquel lugar apacible.
Pero no estaba sola. A poca distancia había un hombre que apenas se había alejado de ella desde el comienzo del viaje, aunque Lauren no lo hubiera visto ni supiera que estaba tan cerca. Alan Fairfax se mantenía discretamente oculto, pero la vigilaba sin molestarla. Después de seguirla durante varios días, empezaba a tranquilizarse. Varias veces se había preguntado por qué la custodiaba así, puesto que ella contaba con su esposa, que apenas se apartaba de su lado.
Distraído en maldecirse por su estupidez, no oyó los pasos que se acercaban por detrás. Una espada descendió contra su sien con fuerza brutal. El joven cayó hacia adelante, entre las hojas del suelo.
Sin previo aviso, Lauren sintió que le arrojaban una capucha sobre la cabeza y le sujetaban los brazos por atrás, impidiéndole todo forcejeo. La sofocante tela ahogó sus gritos. Un hombre se la cargó a la espalda, dejándola casi sin respiración.
El secuestrador pasó junto al cuerpo inerte de Alan y echó una mirada interrogante a la mujer montada.
-Déjalo. Él dirá a Camila que esta ha desaparecido. Entonces ella vendrá por mí. Y ya veremos a cuál de las dos prefiere.
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Promesse audacieuse . ( Camila G!P!)
RandomInglaterra, 1501. Todo el país se recogió con la boda de Lauren Jáuregui y Camila Cabello. Aunque Lauren se había prometido que su esposa sólo la poseería por la fuerza, el primer contacto entre ambas, ante el florido altar, enciende la llama de una...
