Poco después de que Anueng se durmiera, salí a preparar algo para que se sintiera mejor y llamé a un médico, ya que habían pasado varias horas y seguía con fiebre. No la llevé al hospital porque esos lugares me parecen fríos, y prefería que alguien la revisara en casa.
Cuando el doctor llegó, la revisó y me recetó un par de pastillas que debía darle cuando despertara, ya que parecía estar desmayada. Cuando el médico se fue, escuché cómo Anueng decía algo en un susurro:
—Por favor, no me abandones... peleemos juntas... ¿acaso nunca me amaste?
Me acerqué para ver si estaba despierta, pero seguía profundamente dormida. Debía estar teniendo pesadillas. Para calmarla, fui a buscar unos paños de agua y los puse en su frente. Luego me acosté a su lado y la abracé. Su respiración y su corazón, que latía muy rápido, se tranquilizaron poco a poco. Después de un rato, me abrazó con fuerza, así que la arropé y me dormí a su lado, esperando que al día siguiente estuviera mejor. Sabía que sería un día ocupado, ya que debía empezar la mudanza. Me preocupaba que si Anueng regresaba a su casa, la alejaran de mí, así que decidí que a primera hora llamaría a Priengfah para solucionar el asunto.
Al día siguiente, me desperté temprano para preparar el desayuno para mi princesa. El doctor me había dicho que comiera algo ligero, ya que su malestar podía haber sido causado por ansiedad o miedo. Me explicó que su corazón es débil y no soporta mucho estrés, y sentí que todo era por mi culpa, por haber estado a punto de hacer que Priengfah abortara. Pero ahora, haría todo lo posible para proteger a Anueng, incluso de mí misma.
Más tarde, llamé a Priengfah. Me contó que su madre las había echado de casa por apoyarla a ella y a su hija, y que no tenían dónde quedarse. Estaban en la calle con sus maletas. Incluso la abuela de Anueng había hecho la maleta de su nieta. Esto me dio una idea.
—Priengfah, ven al palacio. Te quedarás con nosotras por un tiempo hasta que regreses al extranjero. Además, te debo una. Quédate donde estás, mandaré a un chofer por ti. Llegará en 20 minutos. Nos vemos —dije rápidamente antes de que pudiera rechazar mi oferta.
Después, le pedí a la tía Nim que preparara una habitación para Priengfah y su esposo. Ahora solo me faltaba darle la noticia a Anueng cuando despertara. Poco después, escuché un auto estacionar, así que bajé a recibir a Priengfah. Al verme, vino corriendo a abrazarme, pero yo me quedé quieta, ya que no soy muy fan del contacto físico.
—Gracias, muchas gracias, Khun Nueng. Nos salvaste. Si no fuera por ti, estaríamos en la calle o en un hotel —dijo mientras se separaba. Su esposo también me agradeció con un cordial saludo.
Le pedí a la tía Nim que los llevara a su habitación para que se acomodaran y bajaran a almorzar. Aún me preocupaba que Anueng siguiera dormida, pero el doctor había dicho que era normal. Mi preocupación desapareció cuando, al subir a mi habitación, vi que la puerta se abría y apareció mi hermosa reina, la dueña de este palacio.
—Ar Nueng, ¿qué pasó? ¿Por qué llevo esta ropa? Y creo que escuché la voz de mi madre. Estoy alucinando —dijo mientras se acercaba a abrazarme y me daba un beso, que hubiera continuado si no hubiera aparecido Priengfah.
—¡Ay, por dios! Tenía que ver esto: a mi hija besando a otra persona —dijo Priengfah, completamente sonrojada. Yo solo pude esconderme, avergonzada, en el cuello de Anueng, quien estaba más confundida que nadie.
—No estoy alucinando, ¿verdad? Esa es mamá. Pero, ¿qué hace aquí? —dijo Anueng, mirándome antes de voltear hacia su madre—. Mamá, ¿qué haces aquí en el palacio?
—Hija, tu abuela nos echó de casa. Después de lo que pasó , Khun Nueng me llamó y me pidió que viniera aquí por un tiempo, hasta que volvamos al extranjero. Y, señorita, ¿por qué andas vestida así? ¿Y por qué andabas besando a Khun Nueng de esa manera? —preguntó Piengfah, mirándonos con curiosidad.
—La abuela es muy anticuada, igual que papá, pero algún día entenderán que amo a Ar Nueng. Y, mamá, no exageres, ya tengo edad para hacer esto —dijo Anueng con una sonrisa dirigida a mí.
—Bueno, señorita, un día de estos te daré una charla sobre todo esto. Aunque la charla de cómo no quedar embarazada no aplica en tu caso —dijo Priengfah, sonrojada mientras se reía.
Después de eso, bajamos a almorzar. Fue una comida llena de risas, y por un momento todo fue tan natural que parecía que éramos una familia feliz. Y lo éramos, porque estaba compartiendo la mesa con la persona más importante de mi vida, y, además, con mi mejor amiga, Priengfah.
ESTÁS LEYENDO
Cuando el amor llama
RandomNo todo siempre debe salir y por eso luchare por el amor que la tengo , aunque eso signifique mi muerte. Khun Nueng no pide un reset así que su día empieza bien teniendo a Anueng en sus brazos durmiendo. Todo es diferente ya que no pidió que olvidar...
