Aceptas este matrimonio

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Escrito por KatherineOropeza1

Anueng sintió un nudo en el estómago. Ahora tenía que tomar una decisión imposible: confiar en el sistema o seguir las instrucciones del misterioso informante. 

—¿Señorita? ¿Sigue ahí? —preguntó el operador. 

Anueng apretó los labios y colgó la llamada. Su corazón le gritaba que confiara en ese extraño. Otro mensaje llegó: 

"Te espero a medianoche en el café abandonado de la calle principal, cerca del puerto. Te explicaré cómo entrar a la cabaña. Y recuerda, si haces algo que lo alerte, no habrá vuelta atrás."

Era una trampa. Tenía que serlo. Pero, ¿y si no lo era? Anueng sabía que no podía quedarse quieta. Se puso una chaqueta, guardó el teléfono en su bolsillo y salió al frío de la noche. 

Mientras caminaba hacia el café, su mente no dejaba de correr. ¿Qué tan lejos estaba dispuesta a llegar para salvar a Neung? ¿Y qué precio tendría que pagar por ello?   

Mientras Anueng caminaba hacia el café abandonado, el operador de la policía no había ignorado su llamada colgada. Algo en el tono de su voz había delatado que estaba asustada, pero también que tenía información clave. 

El caso de Neung no era el primero relacionado con Chet. Durante años, su nombre había surgido en rumores sobre negocios ilegales, pero nunca había pruebas suficientes para atraparlo. Ahora, con una desaparición directa señalándolo, las autoridades sabían que era su oportunidad. 

En la estación, el inspector Surin, un hombre de mediana edad con un rostro marcado por años de experiencia, revisaba los datos mientras su equipo se reunía a su alrededor. 

—¿Qué tenemos hasta ahora? —preguntó Surin. 

Una agente joven, May, habló mientras desplegaba un mapa de la ciudad. 
—Chet es conocido por operar en muchos lugares, pero principalmente en Pattaya. Se dice que usa las bodegas y negocios abandonados del puerto para tráfico de personas y mercancías ilegales. Pero hasta ahora, nada concreto. 

Surin frunció el ceño. 
—La mujer que llamó dijo que su esposa está desaparecida y mencionó a Chet. ¿Podemos conectar esto con las actividades? 

Otro agente, Kavi, intervino. 
—Tal vez. Hay reportes recientes de movimientos sospechosos cerca de una bodega en esa zona. No tenemos órdenes de allanamiento, pero si conseguimos pruebas, podríamos arrestarlo por algo más grande. 

Surin asintió, pensativo. 
—Entonces hagamos esto bien. Si logramos vincular a Chet con estos negocios, no solo será por secuestro. Podríamos desmantelar toda su operación. 

La policía movilizó un equipo encubierto con órdenes estrictas de no alertar a Chet ni a sus hombres. Mientras tanto, Surin hizo una llamada a un contacto que había estado investigando a Chet por años. 

—¿Todavía tienes los archivos sobre sus transacciones ilegales? —preguntó Surin. 

—Sí, pero necesitas más que eso. Tienes que atraparlo con las manos en la masa. Según mis fuentes, esta noche habrá movimiento en una de las bodegas. Podrías encontrar algo grande. 

Surin tomó nota. 
—Gracias. Esto podría ser lo que necesitamos.   

Mientras tanto, Anueng llegó al café abandonado. Las ventanas estaban rotas, y el lugar olía a polvo y humedad. Dentro, había una figura encapuchada sentada en la penumbra. 

—¿Eres tú? —preguntó Anueng, tratando de mantener la calma. 

El hombre levantó la cabeza, dejando ver un rostro joven, marcado por ojeras profundas y una expresión nerviosa. 

—Me llamo Karn. Trabajo para Chet, pero nunca quise hacerle daño a nadie. No a gente inocente. 

—¿Por qué me ayudas? —preguntó Anueng, desconfiada. 

—Porque Chet destruye todo lo que toca. Si sigues mis instrucciones, podemos salvar a tu esposa y llevarlo a prisión. Pero tienes que confiar en mí. 

Anueng dudó. 
—La policía podría encargarse. 

—No tan rápido. Si Chet ve algo raro, se deshará de Neung antes de escapar o peor, si se la lleva consigo. Tiene contactos en todas partes. Esta es nuestra única oportunidad. 

Karn le entregó un mapa garabateado a mano. 
—Aquí está la cabaña donde la tienen. Hay una entrada trasera. Yo puedo distraer a los guardias, pero tendrás que ser rápida. 

Antes de que Anueng pudiera responder, su teléfono vibró. Era un mensaje de un número desconocido: 

"Operación encubierta en marcha. Mantente alejada del lugar. Cualquier movimiento en falso pondrá en peligro a tu esposa."

Anueng miró a Karn con el corazón acelerado. Ahora tenía dos caminos: seguir el plan del hombre que decía querer ayudarla o confiar en que la policía salvaría a Neung. 

Khun Nueng  Pov

Khun Nueng despertaba por golpes en la puerta. Al despertar, vio cómo Chet entraba con comida y un vestido. 

—Buenos días, Khun Nueng, ¿cómo estás? Aquí está tu comida y aquí está tu vestido de novia. Tienes hasta una hora para estar lista, o vendré a sacarte por las malas. Estará aquí Karn quien te vigilará. Nos veremos pronto —dijo antes de salir. 

—Karn, ¿te comunicaste con mi esposa? ¿Está bien? —dije desesperada. 

—Está bien, hable con ella , ella está por llegar. Solo debe esperar la señal y ella entrará a salvarla. No haga nada tonto, señora; solo salga con su esposa —dijo él. 

—¿Por qué dices eso, Karn? ¿Qué tienes planeado? ¿Por qué no vienes con nosotras? Eres joven, aún puedes vivir tu vida. Te ayudaré, te lo aseguro. 

—No puedo, ya no tengo futuro. Él me quitó todo lo que tenía. Ya no tengo nada. 

—Él pagará por eso, te lo aseguro —dije. 

Después de esa charla, ya estaba lista para salir hasta que escuché cómo Chet gritaba y luego escuché cómo se dirigía hacia donde estaba yo. 

—¡Eres una mentirosa! Haciéndome creer que estabas dispuesta a casarte conmigo, pero ya estás casada con ella. Ella pudo lo que yo no. Pero si creen que esto me detendrá, no es así. Ahora tú, Karn, ¡sal de aquí! —dijo con enojo. Luego me amarró a una silla. 

—¿Qué se siente que te hayan ganado esto, Chet? Nunca te amé, pero aún así intentas que te quiera. Pero no será así. Ya estoy casada —dije, sabiendo que eso lo provocaría. 

—Nadie me gana a mí. ¿Sabes por qué ese chico hace lo que yo quiero? Es porque le arrebaté a su madre y él se quedó solo. Y así aprendió a escucharme. Eso haré contigo, te arrebataré lo que tanto quieres —dijo antes de darme un golpe en la cabeza, haciendo que me desmayara. 

Gracias a todos por leer

Cuando el amor llamaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora