Cuando estaba de camino a la universidad, una pregunta inquietante no dejaba de rondar mi mente: ¿y si Anueng había seguido con su vida en esos dos años?, ¿y si ya tenía a alguien más? La verdad era que, antes de salir de prisión, ella vino a visitarme, y me vio con nuevos moretones en el cuerpo. Estaba preocupada, pero yo, en lugar de tranquilizarla, le respondí de forma grosera. Aquella vez terminamos peleando, y desde ese día, ella nunca volvió a visitarme. Habían pasado dos semanas y yo no sabía nada de ella, solo lo que me contaban Priengfah o Sam. Ellas decían que volvía tarde y que llegaba borracha. Cuando le llamaban la atención, ella respondía: "Es mi vida, haré lo que quiera". Incluso tuvo una fuerte discusión con Sam, diciéndole cómo podía vivir su vida sabiendo que yo me había sacrificado por ella. Después de eso, el ambiente se volvió silencioso y las conversaciones sobre Anueng eran cada vez más escasas, según lo que me contaba Mon.
Pero no había nada que yo pudiera hacer. Cuando finalmente salí de la cárcel, ya eran las 5 de la tarde, y como la prisión estaba en las afueras de la ciudad, nos tomó una hora llegar a la universidad de Anueng. Para cuando llegamos, ya era de noche, y pensé que probablemente ella no estaría allí. Priengfah la llamó varias veces, pero no respondió. Tan pronto como estacionamos, corrí por el campus preguntando por ella, pero nadie parecía saber su paradero. Entonces, recordé a Folk, un amigo de Anueng, y lo llamé para preguntarle si sabía algo. Me dijo que estaban en una discoteca detrás de la universidad.
Fui corriendo hacia allí, con la adrenalina acelerando mis pasos. Al llegar, el ambiente me resultó sofocante: luces parpadeantes, música estridente, gente bailando. Mi corazón se encogió al ver a Anueng en la pista, bailando con un chico mientras sostenía una bebida en la mano. En un momento, el chico se acercó demasiado e intentó besarla. Sin pensarlo, me acerqué y lo empujé lejos de ella. La furia hervía en mi interior porque sabía cuáles eran sus intenciones. Anueng me miró con una expresión de incredulidad en su rostro.
—¿Eres tú, Ar Nueng? ¿O realmente debo estar tan borracha como para verte aquí? —dijo ella riéndose.
Solté al chico y me acerqué a ella, sintiendo un torbellino de emociones.
—Soy yo, amor. Vamos, salgamos de aquí y hablemos —le dije mientras le acariciaba la mejilla.
Ella intentó caminar, pero casi se cae debido a lo borracha que estaba, así que la sostuve para ayudarla a salir del lugar. Al llegar afuera, vi que Sam y Mon ya nos esperaban en el auto, así que la subí con cuidado y nos dirigimos directamente a nuestra casa.
Cuando llegamos, Anueng ya se había quedado dormida, así que la llevé a su habitación y la acosté con suavidad. Cuando iba a salir, sentí que me abrazaba por la espalda.
—Quédate, por favor... Abrázame mientras duermo —murmuró con voz entrecortada.
—Como tú quieras, princesa. Dormiremos tranquilas, aquí estaré cuando despiertes —le respondí mientras la abrazaba y cerraba los ojos junto a ella.
Anueng Pov
Desperté por la mañana con la luz del sol entrando por la ventana. Intenté moverme, pero no pude porque alguien me estaba abrazando. Al girarme, vi a Ar Nueng a mi lado y todos los recuerdos de la noche anterior volvieron a mi mente. Me sentí avergonzada por haberme comportado de manera tan inmadura. Me liberé con cuidado de sus brazos y salí de la habitación. Necesitaba despejar mi mente, así que fui a caminar por la playa.
Ar Nueng pov
Me desperté al no sentir el cuerpo pequeño de Anueng a mi lado. Me levanté rápidamente para buscarla, pero no había señales de ella en la casa. Finalmente, decidí dirigirme a la playa, y allí la vi a lo lejos, sentada en la arena. Me acerqué con cautela.
—Nueng, ¿qué haces aquí? Es muy temprano —dije con suavidad mientras me acercaba.
Ella se giró al escuchar mi voz, y noté que estaba llorando. Me agaché rápidamente y la abracé.
—¿Por qué lloras, amor? ¿Qué tienes, princesa? —le pregunté mientras le acariciaba la espalda.
—Ar Nueng, perdóname por todo… Por comportarme como una niña pequeña. No podía soportar verte ahí encerrada sin poder hacer nada. Me hacía sentir tan inútil... Por eso empecé a salir con mis amigos, pero no pude controlarme —dijo mientras se aferraba con más fuerza a mí.
—Tranquila, princesa. Está bien, ya no me verás pasar por esto otra vez. Desde hoy, te haré feliz como siempre debí hacerlo —le susurré al oído.
De regreso a casa, pasamos el resto de la mañana y la tarde juntas. Nos dedicamos a ver películas y a disfrutar de momentos de cariño. Mientras estábamos dormidas en el sofá, pude sentir la calidez de su cuerpo junto al mío, y todos en la casa nos miraban con sonrisas de satisfacción. Sabía que, aunque habíamos pasado por tiempos difíciles, ahora podíamos comenzar de nuevo.
Sin embargo, también tenía que pensar en nuestro futuro. Necesitaba encontrar un trabajo para poder aportar algo a la casa. Decidí que intentaría poner un pequeño negocio de comida a domicilio, ya que aunque no tenía mucho dinero, al menos podía comenzar con los preparativos. Anueng se ofreció a ayudarme, diciendo que se tomaría un tiempo para descansar después de graduarse. Sin embargo, me preocupaba que su abuela intentara meterle ideas negativas sobre mí, o que Chet siguiera acercándose a ella. Afortunadamente, Anueng me había asegurado que había cortado toda comunicación con ambos.
Quería asegurarme de que ella supiera que mi amor era verdadero, y aunque mi situación económica había cambiado, Anueng me dijo que no le importaba. Me confesó que se enamoró de mí desde que yo trabajaba en el mercado, mucho antes de que la riqueza o la pobreza tuvieran importancia en nuestras vidas.
Un día, mientras ayudaba a Priengfah en la cocina, le comenté mis planes.
—Quiero pedir la mano de Anueng. ¿Qué te parece? —dije con decisión.
Priengfah me miró sorprendida, pero con una sonrisa en el rostro.
—¿Me estás diciendo esto así nada más? ¿Estás pidiendo la mano de mi hija? —dijo, simulando estar ofendida, pero con un brillo de alegría en sus ojos.
—Sí, sé que es pronto, pero quiero que ella sea mi esposa. La amo con todo mi corazón…
—Tranquila, Khun Nueng. Tienes mi permiso, pero si la haces sufrir, ¡te las verás conmigo! —bromeó mientras me abrazaba.
Con el permiso de su madre, sabía que debía encontrar el momento perfecto para pedirle matrimonio a Anueng. Ella me había prometido que nos casaríamos cuando se graduara, así que no podía esperar más.
Todo estaba listo para nuestro nuevo comienzo.
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Cuando el amor llama
RandomNo todo siempre debe salir y por eso luchare por el amor que la tengo , aunque eso signifique mi muerte. Khun Nueng no pide un reset así que su día empieza bien teniendo a Anueng en sus brazos durmiendo. Todo es diferente ya que no pidió que olvidar...
