2:Antonio Bonatti y Bruno Lombardi.

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"Sólo dos hermanos y amigos podían igualar la amistad de estos dos hombres. Una amistad verdadera"

Narradora:

Antonio Bonatti y Bruno Lombardi, ambos crecieron en casas donde tuvieron todo lo que quisieron. La mafia se involucró en sus vidas a la edad de 8 años, siendo muy niños. Los hermanos mayores de cada uno, Gerna Bonatti y Theobald Lombardi eran rivales y a la vez mejores amigos.

Para ambas familias, como ambos eran los hijos que más cercana relación tenían, ellos dos estaban comprometidos y eran los que estaban logrando que Lombardi y Bonatti se unificaran en uno sólo. Hasta el asesinato de ambas familias por la familia más odiada de toda la mafia, los Falcone.

Todo "El Casino: GARDENIA" fue derrumbado por los mejores amigos que siguieron los pies de sus familias caídas con un objetivo común en sus mentes: Eliminar de una vez a los Falcone y tomar venganza.

— ¡¡¡Ay!!! — grita de alegría, se echa el cabello hacia atrás, se quita la corbata y se sienta dentro de la limusina — Hace tiempo que no nos divertíamos tanto, Bruno.

— Es como lo has dicho, Antonio. Me he divertido como nunca.

— Señor — Homero llegó a la limusina dónde ambos jóvenes estaban sentados en los asientos del fondo de ella.

— Mira quién llegó, Antonio. ¡¡Es Homero!! — lo señaló Bruno.

— Bruno, estás borracho — le dijo Antonio sinceramente.

— Quiero ir a ver a Lorena, ya la extraño. ¿Podrías traer a mi mariposa conmigo, Antonio? — le dice tocándole la cara a Antonio.

— Quítame esas manos de encima, hombre libidinoso — lo lanzó a la otra parte de la limusina — No sé todavía cómo Lorena hace de todo para soportarte, se nota mucho que te ama — suspiró y le dijo al barman antes de cerrar la puerta de la limusina — Tranquilo Homero. Yo lo llevo a la casa.

— Terminaré de barrer el lugar y luego voy con ustedes a la casa — Antonio lo detiene.

— Tú no vas a ir — saca de su bolsillo una tarjeta negra — Mejor ve a comprar lo que rompimos Bruno y yo, y, manda a incinerar todos los cuerpos heridos y muertos. Que no quede ni un registro de ninguna de esas personas en este casino. ¿Quedó claro, Homero?

— Sí, joven Antonio — con esto, la ventanilla se cerró y la limusina se fue de aquel lugar. Al otro día en la mañana:

Bruno Lombardi:

— ¡¡¡Ahhh!!! — se levantó con dolor de cabeza — Antonio se toma los mejores tragos y yo siempre termino siendo el borracho. Me duele la cabeza — voy al baño y me miro en el espejo de arriba a abajo. Noté algo nuevo, en mi cuello tenía un tatuaje que decía: Te amo Lorena. Con amor, Bruno y no tenía otra opción más que recordar lo que había pasado ayer — ¡¡Antonio!!

Antonio Bonatti:

Me quité los auriculares, los entrenamientos a esta hora por la mañana están bien. Me até los cordones en uno de los bancos, me senté a tomar agua en el mismo lugar que había partido para mi ejercicio matutino. Ahí estaba la mochila con mis cosas, saqué la toalla y sequé mi cara mientras con la otra mano buscaba en mi celular.

11 llamadas perdidas y 2 mensajes no vistos de "La Rata de Mamá" Comencé a reír cuando leí los mensajes.

*Si te llego a atrapar Antonio Bonatti, te juro que te haré tomar hasta que me dejes hacerte el tatuaje del 'Te amo Bruno'*

*Deja que regreses a casa, eres polvo hoy, Antonio*

— Espero que eso te sirva de impulso romántico, Lorena. ¿O ya debería llamarla cuñada? — no solía meterme en las cosas de Bruno, pero desde que se casó con Lorena se ha vuelto un hombre totalmente maduro. Reí para mis adentros, me levanté a recoger mis cosas después de llamar al chófer de mi auto para que viniera a recogerme pero se me cayó el celular al suelo.

— Que despistado — una voz se asomó frente a mi. Fue en un segundo, se agachó a alcanzar mi celular y pude analizar detenidamente su cabello suelto, envuelto de rojo y ondulado sin ningún esfuerzo. Al parecer, ella también hace ejercicios matutinos. Alzó su cara para mirarme y estaba inclinada todavía — ¿Este celular es tuyo? — se puso de pie y me lo entregó. Se recogió el cabello con una liga y la pude observar mejor que antes. Sus ojos eran de color café y no sé porqué, pero su mirada me transmitía tranquilidad, como si yo jamás me hubiera llamado Antonio Bonatti y estuviese sediendo a impulsos de mi cuerpo.

El apellido que poseía mis grandezas y mis heridas frente a ella se esfumó, como si jamás hubiera existido, igual que todo lo relacionado con la mafia. Había dejado de ser un monstruo frente a ella para volver a ser humano. Simplemente por ella, porque ella apareció en mi vida. Quizás, ¿así fue como sintió Bruno cuando apareció Lorena en su vida?

— ¿Te creíste capaz de no sentir? — su pregunta se quedó rodando en mi cabeza, igual que su voz y esos ojos. Creo que jamás en mi vida me había dado tanto placer mirar a una mujer, pero con ella, todo era distinto y nuevo — Hay perdón — me entregó mi celular — Me equivoqué de persona. Adiós — si hubiera sujetado su mano y hubiera preguntado su nombre en ese momento, ¿habría cambiado algo entre nosotros? Creo que no.

Una Espada cubierta de Sangre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora