4:La exposición de Leydi Evelyn.

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Los cuadros en la exposición danzaban a la par. Admiraban a aquellos dos que se comían con la mirada desde lejos"

Bruno Lombardi:

Habíamos salido en dos autos de la casa a la exposición, Lorena y yo en uno y Antonio prefirió irse por su cuenta. Estaba ansioso por llegar, así la vería a ella, la madre que nos había dedicado tanta paciencia a Antonio y a mi, Lady Evelyn Castella, quien nos cuidó después de la muerte de nuestras familias. Le fue difícil en el camino por el lado de Antonio, pero estoy agradecido de que por fin este cumpliendo sus más grandes sueños.

— Me gusta cuando luces esos vestidos para mí Lorena. Me hace sentir feliz de que la mujer que amo se pone la ropa que le compro — dije, poniendo mi mano sobre la pierna de Lorena.

— Me lo pongo para impresionante a ti y sólo a ti, Bruno — en el camino a la exposición, Lorena se posicionó sobre mí, comenzó a besarme el cuello, quitó mi corbata y quedó desabotonado mi traje. Sus besos corrieron por mi cuello haciéndome explotar. Iba a poner mi mano en su trasero pero el auto se detuvo en ese preciso instante.

— Ya llegamos — Lorena me dejó con las ganas en el auto, se arregló aquel hermoso vestido azul que realzaba su belleza y salió de él. Atrás, del otro auto se bajó Antonio y me vio arreglándome el traje.

— Sabía elección la que hice de no subirme con ustedes a ese auto, me lo recuerdan siempre. Eso de estar soltero ya no me gusta — reí y entramos los tres a la recepción de la gran Galería de Arte.

— ¿Vamos? — Lorena estiró su brazo. Yo la tomé por él y la acerqué a mí para decirle al oído.

— Tú y yo, tendremos una conversación muy seria hoy en la noche — le advertí.

— Pues, más me vale estar preparada — Lorena rió bajito.

— ¿Tienen invitación? — preguntó la recepcionista cuando nos vio a los tres.

— Si, somos Bonatti, Lombardi y Valencia — su cara se volvió todo un poema cuando Antonio mencionó nuestros apellidos.

— Perdóneme por mis actos, joven Antonio Bonatti, joven Bruno Lombardi y la joven señorita Lorena Valencia. Pueden pasar a ver las obras, y sinceramente me disculpan por lo que acaba de pasar — se inclinó disculpándose y entramos a la primera sala. Todo aquel lugar estaba lleno de gente, que miraban las obras con mucha atención y detenimiento.

— Mira quiénes llegaron. Pero si es mi trío favorito — llegó emocionada hasta nosotros, con un cigarro entre sus dedos, un vestido carmelita largo y elegante, el cabello recogido hacia el lado derecho y el maquillaje sencillo adornaban su persona — ¿Les está gustando la exposición?

— Acabamos de entrar por la puerta por si no te diste cuenta, vieja. Al menos déjame mirar otra obra que no esté tan empolvada como tú — Antonio como siempre le tiró una broma, broma que hizo que Leydi Evelyn se enojara con él.

— ¿Quieres morir, Antonio? — al instante empezó a reír.

— Si me dieras ese placer, con gusto te dejaría matarme — ambos se miraron como si quisieran matarse, pero Lorena se metió entre ambos y los separó.

— No es bueno comenzar peleas en la Galería de Arte — se viró hacia nuestra querida..... La deberíamos llamar madre ¿No es así, Antonio? Tú, que la quieres más que yo — Es bueno volverla a ver y que se mantenga tan radiante como siempre, Leidy Evelyn.

— Ay mi bella princesa, muchas gracias — la tomó de las mejillas — Estás tan preciosa como un diamante con ese vestido azul. Se nota que Bruno te cuida mucho — ambos se miraron con electricidad — Pero hoy ninguno de los dos se va a llevar a la cama al otro. Hoy quiero disfrutar la exposición con los tres — miró a Antonio — ¿Qué esperas para mover tus pies?

— La verdad no me ha gustado la idea, vieja. Recuerda que llegué de Rusia hace dos días, ando cansado — Leidy Evelyn ya estaba cabreada con él — Voy a ver la exposición sólo — diciendo ésto, Antonio desapareció entre la gente.

— Ese niño lo único que sabe dar es dolor de cabeza, y yo que lo crié con toda mi alma — los tres seguimos mirando la exposición.

— Él si la extraña, Lady Evelyn, sólo que usted sabe cómo es Antonio de terco — Lorena le dijo para motivarla.

— Exacto, gracias por casarte con este ángel Bruno. Lorena es muy autodidacta — ambas se tomaron de los brazos de la otra y yo me quedé un poco en distancia, observándolas caminar.

— ¿Un ángel eh? Imposible que una mujer como ella lo sea.

Ginebra Falcone:

Mi madre y yo entramos a la recepción de la Galería una vez que llegamos.

— ¿Invitación? — una chica nos preguntó.

— ¿Sirve con decir, Falcone? — se quedó perpleja.

— Perdonen a la chica — llega otra muchacha y la interrumpe — Es que ella es nueva, todavía no conoce los rostros de todo el mundo — dijo desesperada — Por favor, perdónela.

— Nadie comete un mismo error tantas veces — mi madre la miró, ya entiendo por qué la mujer estaba desesperada por justificar a su amiga. La mirada que tenía mi madre era demasiado aterradora para gente simple como ellas — Saquen a esa de aquí. Yo misma hablaré con Leidy Evelyn más tarde — mi madre y yo entramos al primer piso de la exposición y mientras se cerraban las puertas vi como las otras recepcionistas sacaban a la calle a aquella que se había equivocado tantas veces.

—¿Irás ahora mismo a buscar a la señora Leidy Evelyn? — le pregunté a mi madre.

— Ya será luego. Seguramente ahora mismo esté con los hijos de Bonatti y Lombardi — al escuchar esos dos apellidos mi corazón empezó a latir con presión. Si, los Bonatti eran los que habían asesinado a mi padre. Y el día de hoy nos vamos a encontrar aquí mismo, en la exposición de Leydi Evelyn.

Una Espada cubierta de Sangre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora