22:Cúlpame a mí de tu muerte, Bruno.

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"Yo lo he hecho, he matado a Bruno como ella decía en su carta, pero, ¿por qué? ¿Por qué siento que yo realmente no amaba a Bruno?"

Lorena.

Lorena Valencia:

Antonio me dejó en la entrada de la casa de Bruno. Me bajé de su auto y le agradecí a Vanessa por ofrecerse a ayudarme con la recogida de mis cosas, pero necesitaba hacerlo sola. El auto de Antonio se alejó de la entrada y yo entré a la mansión sintiendo esa cálida bienvenida de siempre, aunque estuviese vacía.

Cada parte de ella, incluso las rejas me recordaban a Bruno. Por cada parte que pasaba, los recuerdos se hacían presentes en mi memoria como si hubiera sido hoy, cuando Bruno me tenía entre sus brazos y en cualquier lugar me tomaba como suya.

El césped lo recuerda, los besos y las caricias, incluso los juegos que le gustaban a Bruno que yo le enseñara. La puertas de la mansión también lo recuerdan, los besos desesperados, las ganas de arrancarnos la ropa del otro nada más entrar.

Las paredes lo recuerdan, los gemidos que siempre ofrecía mi cuerpo y que él era quien los provocaba. La mesa lo recordaba, igual que la cocina, la comida favorita de Bruno era yo, por lo tanto, mi comida favorita era Bruno, a parte de la cantidad enorme de comida que nos lanzábamos mutuamente.

El primer piso y el sofá lo recordaban, los arrebatos de cada uno con el otro, las ganas de comernos desde que entrábamos por la puerta. Las escaleras lo recuerdan claramente, las cargadas y las matadas intencionales contra la pared. Su cuarto lo recuerda vivamente, las posiciones, las caricias, los besos, nuestro pacto eterno. Y yo recordándolo.....

— Qué idiota soy — reí sarcásticamente — Bruno, ahora estoy sola. ¿No te sientes mal por haberte ido sin decirme nada? Mi mundo está perdiendo su color, ¿se está tornando oscuro otra vez, por qué? ¿Por qué no dejaste que muriera yo? ¿Por qué fuiste tan idiota por mí? — descargué mi irá en las paredes de nuestra habitación. Me acerqué a la foto que teníamos los dos juntos. Él con su cara sonriente de siempre me tenía agarrada por la cintura, su barbilla se encontraba sobre mi cabeza y yo estaba sonriendo igual.

Recordé ese día. Habíamos salido de compras para mí porque mi papá me había sacado de la casa cuando decidí estar con Bruno. Esa foto fue cuando yo tenía 19 años. Ese día, un fotógrafo nos vio y nos dijo que fuéramos sus modelos y aceptamos.
Muchas de esas fotos están en cuadros por toda la casa. Quité la foto de la pared y miré en la parte de atrás, había una carta y tenía el sello característico de Bruno en ella. Me dispuse a leerla después de un profundo suspiro.

A Lorena Valencia:

Sé que ya va a ser muy tarde para cuando leas ésto Lorena, la había guardado aquí para el día que yo desapareciera de este mundo. Los papeles de la casa están a tu nombre, lo había hecho la semana pasada sin tu consentimiento. Por cierto, feliz aniversario número 17 amor, ese era mi regalo para ti. Quiero decirte que desde que te vi en el cementerio aquel día 20 de septiembre, quise hacerte mía, aunque fueses una desconocida. Me gustó que me apresaras con 15 años en un cementerio, definitivamente fue lo mejor que me pudo ocurrir ese día. Lorena, quiero que sepas que ya sé que me van a asesinar pronto y creo que va a ser ese mismo día. Tengo el placer de contarte que tu compañero de trabajo te va a traicionar y peor, no te lo puedo decir porque te va a doler. Perdóname por haberlo dicho tarde, Lorena, pero en tu futuro no debía haber existido un Bruno Lombardi. Hubieras sido la gran policía que siempre habías querido, te habrías convertido en lo que en verdad querías. Tus planes se fueron al retrete por mi culpa, y también he escrito para disculparme por eso. También quería pedirte perdón por no haberte dado un hijo como habíamos prometido hace 5 años, que me perdones por todas las promesas que te hice y no cumplí. Y si, soy el idiota e ignorante que se enamoró de una niña de 15 años que se escapó de casa con sus primeras esposas para arrestarme en un cementerio, soy el ignorante que te hizo el amor en un hotel lleno de bombas, el idiota que te regaló una ballesta el día de tu cumpleaños. Si, soy el idiota que se enamoró de la hija de un policía, de una mujer maravillosa que enfrentó a su padre por amor, de una brillante mujer. Lorena, quiero que sepas con esta carta que cada parte de mi sigue viviendo en tu interior aunque me haya ido, cada parte de mi cuerpo te pertenece. Este hombre tuyo, será siempre tuyo aunque la muerte nos separe. No llores mi amor, ésta no es una despedida, es sólo el comienzo.
Te ama con todo el corazón, te quiere con el alma y siempre tuyo,
                                                                                  Bruno Lombardi.

Empecé a llorar otra vez.

— Serás idiota — sonreí con la carta en la mano — Gracias por todo Bruno, pero fue mi culpa. Yo te asesiné Bruno, no Trevor. Cúlpame a mi de tu muerte, Bruno. Cúlpame a mí — dije llorando sobre su cama.

Una Espada cubierta de Sangre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora