6:Cacería porque quiero.

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"La sangre se derramará según mis deseos. No me interesa caer hasta mi último aliento, pero así lo he dispuesto."

Ginebra Falcone.

Ginebra Falcone:

— Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis.... — uno tras otro, los cuerpos cayeron desangrados y sin alguna esperanza de vida — No me gusta ensuciar a mi bella niña, luce tan brillante después de que mi madre la refinó — acariciando mi espada miré a uno de los tantos que había matado, todavía se estaba moviendo —¿Y se atreven? — puse mi tacón en su oreja y ese hombre empezó a retorcerse de dolor, mientras yo sólo reía — Deberían seguirse arrastrando en el suelo como las pulgas que son. ¿Quién les dijo que se metieran con la familia Falcone?

— ¡Asesina! — gritó el hombre que tenía bajo mi tacón.

— Si tan asesina soy, ¿por qué vienen a meterse conmigo? — empecé a golpearlo en la cara con mi tacón — Los insolentes como ustedes no deberían estar respirando en el mundo de la mafia. Era mejor no haberse metido con ninguno de nosotros — me agaché —¿Quién los envío? ¿Quién demonios los envío?

— Ni nosotros sabemos quién nos envió, pero sabemos que se hacen llamar "Los Abandonados". ¡¡Lo juro!! — mi espada terminó en su corazón.

— Así que "Los Abandonados" — sonrió alegremente — ¡¡Melissa!!

— Si, señorita — atraviesa en saltos pequeños por encima de los cuerpos hasta llegar a mi.

— ¿Quiénes son esos llamados "Los Abandonados".

— Se trata de un grupo de bandidos, señorita Ginebra — dice leyendo en su tablet — Los lidera el 5to hijo de los Inoarden.

— ¿El águila negra de los Inoarden lidera un grupo tan endeble? — reí y si que me reí — Has caído muy bajo, Nicolás. Lo creí capaz de otras cosas, pero como dice el dicho, la vista engaña, y el poder es dos veces peor — por fin, después de lo de la exposición de Leydi Evelyn tomé otra decisión — Creo que iré a visitar a la familia Inoarden.

¿Vestidos, tacones altos, maquillaje excesivo, carro de lujo, armas de fuego? No. Jeans, tenis, maquillaje simple, auto casual, espadas. Mi vida diaria se resume en eso, y en matar.

— ¡¡Más duro!! — ah sí, se me olvidaba otra cosa que más tengo en mi vida diaria: sexo. ¿Quién en su vida diaria no lo tiene? Si no lo tienen es porque están esperando a que las monjas se los lleven o las lleven. En este mundo tan cruel en el que vivimos, se esconde una verdad y un secreto tan terrible que podía acabar con lo que es el mundo ahora y por eso, uno debe aprovechar al máximo de los placeres de la vida antes de que le corten la cabeza.

— ¡¡Deténganse!! — ordené a los que estaban en la parte de atrás de mi coche dándome un buen espectáculo por el retrovisor — Se acabó — dije estacionando el auto frente a la casa Inoarden — Aquí tienen — le lancé la llave a la chica — En el maletero hay más de 2 mil dólares. Síganme dando buenos espectáculos y su recompensa irá en aumento — bajé del auto con los dos chicos agradeciéndome.

— Muchas gracias, señorita Ginebra — me giré y les sonreí.
— Pueden irse — diciendo ésto, entré a la mansión Inoarden siendo recibida por casi toda la familia.

—¿Qué te trae por aquí, Ginebra? — habló Rebeca.

— Apuesto a que no vienes a divertirte conmigo — apostó Reynold.

— Ella..... está claro que no viene para eso Reynold. Tendrías la apuesta asegurada. O tal vez, ¿vienes a eso? — me miró curioso Ernesto.

—¿No vas a saludar, Emelyn? — desvié el tema, le pregunté a la que estaba en el techo de la casa, se lanzó haciendo piruetas y cayó a espaldas mías.

— En realidad no — fue y se sentó en el sofá. Luego de que Emelyn se sentara, un cuchillo por poco me roza la mejilla.

— Sigues con esa forma tan linda de saludar, Nicolás — me giré para encontrarlo detrás de mi sonriendo.

— Ya sabía que lo atraparías, Ginebra — antes de ponerme a presentarlos a todos voy a presentar a la familia Inoarden. El señor y la señora de Inoarden no están del lado de nadie en el mundo de la mafia. Ellos están de su propio lado. Los padres de estos niños no hace falta que los presente, ya que ni yo me sé sus nombres.

Sus dos primeros hijos si son del matrimonio como tal, esos son Rebeca, la mayor y Reynold, el segundo. Les siguen los mellizos de la madre con otro hombre, Ernesto y Vanessa. Les siguen Nicolás, que es hijo del padre con otra mujer y Emelyn, hija de la madre con otro hombre que no es el mismo padre de Ernesto y Vanessa. En fin, se pegan tarros mutuamente, pero el amor que se tienen entre los dos es grande.

— Bien, a lo que venía — saqué mi espada de su funda — Hoy pensé en divertirme con todos ustedes, ¿qué les parece?

Una Espada cubierta de Sangre.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora