"Los verdaderos amigos son aquellos que te apuñalan por delante"
Oscar Wilde.
Antonio Bonatti.
La lluvia era constante. No paró de llover ni una sola vez desde que trajimos el cuerpo de Bruno al cementerio. Lorena fue la única persona allí que no estaba vestida de negro. Su vestido azul marino con el que había conocido a Bruno estaba guardando todas las lágrimas, como mismo lo había conocido, ahora lo despedía de la misma manera.
Allí estaban presentes todos los trabajadores de " El Casino: GARDENIA" con Homero como su representante. Estaban las familias que ambos conocíamos, los Inoarden, los Volkov, los Falcone, los Valencia y por supuesto, la madre que tanto nos había criado a los dos, Leydi Evelyn Castelia. Ella, a parte de Lorena, también estaba herida.
De los dos, Bruno era el más cercano a ella, el más preocupado por ella, el que siempre hacía lo que ella decía al pie de la letra sin preguntar el por qué y sin quejarse de nada. Los Falcone estaban aquí por puro compromiso, vienen en nombre de la familia Lombardi, ya fallecidos.
— Bruno, amigo mío. Es doloroso que te hayas ido así de fácil — le dije a su tumba — Quería seguir viviendo esos encuentros contigo, quería querer a Leydi Evelyn como la querías tú, quería encontrar tus razones para estar y amar a Lorena sin importarte el peligro. Bruno Lombardi, fuiste el amigo que siempre estaré agradecido de tener y te prometo que voy a cuidar de mamá y de Lorena. Las cuidaré tanto como las cuidaste tú — puse las flores en su tumba.
— Bruno, idiota — le tocó a Vanessa hablar, en nombre de la familia Inoarden — Eres un descarado, te fuiste sin haberte despedido de mi, dejaste a Lorena aquí. Pero tranquilo, la cuidaremos tanto que la verás muy bonita desde el cielo — dejó las flores.
— Hijo mío — Leydi Evelyn pasó y puso las flores antes de hablar — Aunque tú y Antonio se portaban mal, yo los aguanté tanto tiempo. ¿Cómo fue que moriste así si te crié como una víbora? Bruno, se lo prometí a tus padres, que siempre te protegería, y fue en lo primero que fallé como tu madre. Gracias por darme al menos a la nuera más buena que haya conocido. Al menos me hubiera gustado ser abuela por ti.
— No nos conocimos por tanto tiempo, Bruno. Pero desde aquel día que te conocí, sabía que eras un hombre fuerte y decidido — Ginebra habló en nombre de la familia Falcone — Pero quiero pedirte perdón por eliminar a los Lombardi, perdón por tantas discordias entre ambas familias. ¿Podrías perdonarme ahora? Lo siento mucho Bruno, de verdad — dejó las flores sobre la tumba y ahora le tocaba a Lorena. Todos se apartaron para darle espacio. Lorena se agachó poniendo las flores favoritas de Bruno.
— Todavía me acuerdo Bruno. Tus flores favoritas son las azucenas — se secó las lágrimas — Vengo a decirte que eres el doble de idiota que antes, proteger a una policía que te podía delatar en cualquier momento no lo haría un mafioso. Es verdad, me protegiste y estoy agradecida Bruno. Agradecida por la ballesta que me regalaste, agradecida por ser mi primera y última vez, agradecida porque mi oscuro mundo recuperó colores cuando te conocí. Muy agradecida porque te enamoraste de mi, Bruno. Te amé y te sigo amando aunque hayas muerto. Bruno, tú tacto sigue sobre mí, igual que tus besos. Un día como hoy, con este mismo vestido azul, con esta misma lluvia, en este mismo lugar te conocí. Me duele que sea hoy el día donde te tenga que despedir. Te amo Bruno. Espero que desde el cielo puedas observarme. Voy a vivir por ti Bruno, te lo prometo.
— ¿Nos vamos? — le pregunté a Lorena y a Vanessa mirando de reojo a Ginebra. Ambas asintieron, salimos del cementerio y nos subimos al auto, viendo por el retrovisor que Ginebra y su madre ya se iban del lugar — ¿Te dejo en la casa de Bruno o te vas con nosotros a mi casa?
— Quiero ir a la casa de Bruno — dijo abrazándose a sí misma mirando por la ventana. Vanessa era quien iba sentaba en el asiento de atrás, aunque ella me lanzaba miradas por el retrovisor — Necesito ir a recoger mis cosas. Iré a tu casa después de eso.
— Si te sientes mal, puedo ir contigo — Vanessa se ofreció.
— No hace falta Vane, puedo ir sola — Lorena hizo un ambiente incómodo en el auto. Estaba deprimida. No quedaba nada de la Lorena que estaba siempre sonriendo al lado de Bruno, quedó la misma Lorena de antes de conocer a Bruno, una desolada y herida joven necesitada de un hombro para llorar.
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Una Espada cubierta de Sangre.
AcciónTRILOGÍA DE SANGRE 🩸: PRIMER LIBRO. 🩸🩸🩸🩸🩸🩸🩸🩸🩸 "En el intrincado mundo de la mafia, la rivalidad entre Bonatti y Falcone trasciende el simple rencor, convirtiéndose en una pelea interminable por la codiciada corona del liderazgo. En medio d...
