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El centro comercial bulle de vida, un hervidero de risas, pasos y voces entrelazadas que se pierden en el aire perfumado de cafeterías y tiendas de ropa.

Mis amigas y yo caminamos en un pequeño grupo, como si fuéramos un séquito; Venecia a mi izquierda, y Sienna a mi derecha, con sus ojos afilados como cuchillas, repasando a cada persona que pasa frente a nosotras. Detrás vienen Allegra, siempre cargando un café helado sin importar la temporada, y Emma, demasiado ocupadas discutiendo si el vestido plateado que acaban de comprar será suficiente para la fiesta del viernes.

Mis dedos rozan el borde de una bolsa de papel. Dentro está la blusa de satén azul que encontré en oferta hace apenas veinte minutos, pero lo que realmente me entusiasma es el simple hecho de estar aquí. Con ellas. Juntas, como siempre.

Me siento casi normal, casi libre. Sin la presión constante de las carreras, de mi familia, de las expectativas. Pierre no está en mi cabeza. Bueno, no del todo.

—Scarlett, ¿vas a quedarte ahí soñando despierta o vas a ayudarme a decidir? —Sienna se detiene frente a un escaparate y me mira, impaciente. Su ceño fruncido es tan suyo que no puedo evitar sonreír.

—¿Decidir qué? —pregunto, aunque no estoy segura de que importe. Sienna rara vez acepta consejos, pero siempre pide opiniones.

—Es obvio, Scarlett. Estos tacones o aquellos. —Señala dos pares casi idénticos, ambos negros, ambos altos, ambos intimidantes.

—El de la derecha. Pero con ese vestido que compraste el otro día. No los combines con el rojo. —Allegra no espera mi respuesta, pero como siempre, tiene razón.

—Ugh, sí, el rojo queda demasiado intenso. —Sienna asiente, aunque pone los ojos en blanco. Es su manera de aceptar sugerencias.

Estoy a punto de agregar algo cuando una presencia familiar electriza el aire. Lo siento antes de verlo. Esa conexión intangible que siempre me alerta de su llegada.

Giro la cabeza y ahí está. Pierre. Alto, despeinado, su chaqueta de cuero colgada descuidadamente sobre el brazo. Avanza hacia mí como si el resto del mundo no existiera.

Mi corazón se acelera un poco, pero lo mantengo bajo control. No quiero parecer demasiado obvia, aunque probablemente ya sea tarde para eso.

—Bueno, si es mi novia favorita en todo el mundo. —La voz de Pierre resuena con una confianza que siempre me desarma.

Antes de que pueda decir algo, me envuelve en un abrazo y presiona sus labios contra los míos. Es breve, suave, pero lleno de intención. Mis amigas silban en broma detrás de nosotros.

—Hola, Pierre. —Mi voz suena tranquila, pero internamente estoy tratando de mantenerme firme. Su efecto en mí siempre es como una montaña rusa, y en lugares públicos es peor.

—¿Nos vas a saludar o solo tienes ojos para Scarlett? —bromea Allegra, cruzando los brazos. Su tono es ligero, pero noto algo en su mirada. Algo que cambia cuando Charles aparece detrás de Pierre, con las manos metidas en los bolsillos y una sonrisa que no logro descifrar del todo.

—Oh, hola, chicas. —Charles levanta una mano a modo de saludo, y su mirada se encuentra con la de Allegra. Es como si todo se detuviera por un segundo.

Allegra lo observa con una mezcla de desafío y algo más vulnerable que rara vez deja ver. Charles, por su parte, parece encantado con la atención.

—¿Qué haces aquí? —pregunta Allegra con una voz más aguda de lo habitual.

—Lo mismo que vosotras, supongo. Aunque si me lo permiten, puedo invitarles a cenar esta noche. A todas. —Charles sonríe, y su mirada incluye incluso a Sienna, Venecia y Emma. Es amable, carismático. Y calculador. Siempre lo es.

ꜱɪᴅᴇ ʙʏ ꜱɪᴅᴇ | ᴾⁱᵉʳʳᵉ ᴳᵃˢˡʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora