022

198 19 2
                                        


El aire marino de Mónaco acaricia mi rostro mientras camino por las calles estrechas cerca del puerto. Es temprano por la tarde, pero el sol aún brilla con intensidad, reflejándose en los yates anclados en la marina. Siempre me gustó esta ciudad, su elegancia discreta, su promesa de lujo sin esfuerzo. Pero ahora, todo me parece distinto. O quizá soy yo la que ha cambiado. 

Han pasado dos semanas desde que Pierre se fue, y aunque intento decirme que el tiempo lo arreglará todo, la verdad es que cada día duele más.

No solo porque me dejó, sino por cómo lo hizo. Como si mi existencia fuera una carga que ya no podía permitirse llevar. Como si el amor tuviera fecha de caducidad y yo simplemente hubiese llegado al final del contrato. 

Respiro hondo, tratando de alejar los pensamientos de él. No quiero recordar su voz, ni la manera en que evitó mirarme cuando me dijo que "necesitaba concentrarse en su carrera". Como si yo no fuera suficiente. Como si lo nuestro nunca hubiese significado nada. 

Sigo caminando con la mirada perdida, hasta que choco contra alguien.

—¡Oh, mierda! —exclamo, tambaleándome hacia atrás. 

Unas manos me sujetan rápidamente por los brazos, impidiendo que pierda el equilibrio. Son firmes, seguras. Miro hacia arriba y me encuentro con unos ojos azul claro que me observan con sorpresa. 

—¿Estás bien? —pregunta el desconocido. 

Asiento, recomponiéndome mientras me aparto de su agarre. 

—Sí... sí, lo siento, iba distraída. 

Él sonríe de lado, relajado. 

—Parece que ambos. 

Lo observo mejor. Es alto, con el cabello castaño claro un poco desordenado, como si no le importara demasiado su apariencia.

Viste una sudadera negra y unos jeans, nada que llame especialmente la atención, pero hay algo en su postura que me hace pensar que está acostumbrado a moverse con rapidez, como si su cuerpo estuviera entrenado para reaccionar. 

—¿Seguro que estás bien? —insiste. 

—Sí —repito, sacudiendo la cabeza—. Solo fue un choque torpe. 

Él deja escapar una risa suave. 

—Bueno, al menos fue un choque amistoso. 

Levanto una ceja. 

—¿Eso existe? 

—Supongo que sí. No hay víctimas, así que creo que podemos clasificarlo así. 

Su tono es ligero, fácil. Por primera vez en días, me siento lo suficientemente distraída como para no pensar en Pierre. 

—¿Vives aquí? —pregunta, metiendo las manos en los bolsillos. 

—Sí, desde hace un tiempo —respondo con simpleza. 

—Bonito lugar. Un poco... intenso, pero bonito. 

Frunzo el ceño. 

—¿Intenso? 

Él se encoge de hombros. 

—Mucho lujo, muchos coches caros, mucha gente caminando como si fueran dueños del mundo. 

Sonrío levemente. 

—Eso suena bastante acertado. ¿No eres de aquí, verdad? 

—No, estoy de paso. 

—¿Turista? 

ꜱɪᴅᴇ ʙʏ ꜱɪᴅᴇ | ᴾⁱᵉʳʳᵉ ᴳᵃˢˡʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora