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El día había sido largo. Entre el trabajo, las reuniones y los pequeños dramas que siempre parecen surgir con mis amigas, estaba exhausta. Pero mientras subo las escaleras hasta mi apartamento, mi mente solo tiene espacio para un pensamiento: Pierre.

Lo había invitado a cenar, una idea impulsiva que había tenido esa misma mañana. No había nada especial que celebrar, pero tampoco necesitábamos una razón. Pierre y yo éramos eso: una constante en medio del caos. Y después de tantos días rodeada de conversaciones sobre las complicadas relaciones de los demás, necesitaba algo simple. Algo nuestro.

Cuando llego a la puerta, lo encuentro allí, apoyado contra el marco, con un ramo de flores silvestres en la mano. Lleva su chaqueta de cuero favorita, esa que combina perfectamente con su actitud despreocupada, y su cabello desordenado parece rebelarse contra cualquier intento de control.

-Llegas tarde, jolie-dice, sonriendo con ese aire pícaro que nunca falla en hacerme sentir como si el mundo girara un poco más despacio cuando está cerca.

-No llego tarde. Tú llegaste temprano. -Cruzo los brazos, fingiendo estar molesta, pero la verdad es que solo quiero abrazarlo.

-Tal vez. Pero no podía esperar más para verte. -Me tiende las flores, y yo sonrío mientras las tomo. Su aroma suave llena el aire entre nosotros.

-Sabes que no tienes que traer flores cada vez, ¿verdad?

-Lo sé. Pero me gusta hacerlo. -Se encoge de hombros, como si fuera la cosa más simple del mundo.

Lo dejo entrar, y mientras él se quita la chaqueta, voy a la cocina para buscar un jarrón para las flores. Lo escucho moverse por la sala, su presencia llenando el espacio de una manera que me resulta reconfortante.

-¿Entonces qué vamos a cenar? -pregunta desde la puerta de la cocina, apoyándose contra el marco como si estuviera en una película.

-Pasta. Es lo único que sé cocinar decentemente.

-Mon cœur, si tú lo haces, será perfecto.

Ruedo los ojos, pero no puedo evitar sonreír. Esa es otra cosa de Pierre: siempre sabe exactamente qué decir para desarmarme.

Mientras preparo la cena, él se instala en la barra, observándome con esa mirada suya que a veces es tan intensa que me hace olvidar lo que estaba haciendo.

-¿Qué? -pregunto finalmente, tratando de no tropezar con el cuchillo mientras corto los tomates.

-Nada. Solo estaba pensando en lo afortunado que soy.

-¿De verdad, Pierre? ¿Qué tan cursi puedes ser?

-Lo digo en serio. -Su tono se vuelve más suave, más serio, y cuando levanto la vista, sus ojos están fijos en los míos. -Tienes esta manera de hacer que todo se sienta más sencillo. Más... vivo.

Me detengo por un momento, dejando el cuchillo a un lado. -Y tú tienes esta manera de decir cosas que me hacen querer besarte y golpearme contra la encimera al mismo tiempo.

Pierre se ríe, un sonido bajo y cálido que llena la cocina. Se levanta de su asiento y se acerca a mí, rodeándome con sus brazos mientras apoyo las manos en su pecho.

-Bueno, prefiero que elijas lo primero.

-Lo pensaré. -Sonrío antes de inclinarme y presionar un beso suave en sus labios.

El resto de la cena transcurre en un equilibrio perfecto entre lo mundano y lo íntimo. Pierre insiste en ayudar, aunque su concepto de "ayudar" es más bien robar trozos de queso y contarme historias ridículas sobre sus días en la universidad.

ꜱɪᴅᴇ ʙʏ ꜱɪᴅᴇ | ᴾⁱᵉʳʳᵉ ᴳᵃˢˡʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora