Jack está en la sala, con el teléfono en la mano, pero esta vez no está absorto en la pantalla. Sus ojos me buscan, y hay algo en su mirada que me hiela la sangre: frustración, rabia contenida, una tormenta que parece que va a estallar en cualquier segundo.
No puedo apartar la mirada, aunque quiero, aunque cada fibra de mi cuerpo grite por huir de esa intensidad que me hace sentir diminuta.
Me pregunto cómo alguien puede sentirse tan lejos y tan cerca al mismo tiempo, como si pudiera atravesar la habitación y golpearme con el enojo solo con mirarme. Y me da miedo pensar que eso es lo que pasa cada vez que él me observa, cada vez que sus ojos me atraviesan sin piedad.
Evelyn juega en el suelo con sus muñecos, completamente ajena a la tormenta que se avecina. Está concentrada en colocarle zapatos a sus muñecas, y su risa pequeña me corta el corazón porque me recuerda que la inocencia existe, aunque a veces me parece que nosotros no sabemos qué es eso.
Siento un peso en el pecho al verla tan tranquila, tan feliz, mientras yo estoy atrapada en esta tormenta de adultos que no puedo entender del todo.
Intento concentrarme en ella, en sus risas y sus juegos, pero todo se siente lejano, como si estuviera viendo una película y no viviendo el momento. Todo gira alrededor de un vacío llamado Jack, y me siento atrapada en medio de esa gravedad silenciosa que él irradia sin proponérselo.
Cada vez que él levanta la vista y me observa con esa mezcla de furia y cansancio, siento un nudo que me aprieta la garganta hasta casi impedirme respirar. Me pregunto si alguna vez ha pensado en cómo sus ojos pueden hacerme sentir pequeña, diminuta, insignificante, como si todo lo que soy pudiera deshacerse bajo su mirada.
—Scarlett... —su voz, normalmente calmada, vibra con irritación contenida—. Siempre... siempre estás así. Siempre discutiendo, siempre exigiendo cosas imposibles.
Mis manos se cierran en puños, y mis uñas se clavan en la palma como un intento desesperado de sostenerme a mí misma. Esa es la primera chispa, pero sé que lo que viene después es fuego. Y de repente todo se vuelve demasiado rápido, demasiado intenso, demasiado real.
—¿Exigiendo cosas imposibles? —respondo, tratando de mantener la calma, aunque mi voz se quiebra—. ¿Imposible? ¡Imposible es que siempre te vayas, que nos dejes solas todo el tiempo!
Jack deja el teléfono en la mesa de un golpe seco. Sus manos tiemblan, su mandíbula se aprieta, y su mirada se endurece como si estuviera al borde de explotar.
Es como si el aire en la habitación de repente se volviera pesado, casi sólido, y cada palabra que dice se siente como un puñetazo en el pecho.
—¡Estoy harto de que cada vez que tengo que irme empieces con el drama! —grita, y la voz le sale más alta de lo que jamás había escuchado—. Tengo una carrera, Scarlett. ¡Una maldita carrera! ¡No puedo quedarme sentado en casa mientras ustedes esperan que todo gire en torno a mí!
Mi corazón late con fuerza, un tambor que golpea tan fuerte que me duele el pecho. Cada palabra de él es un golpe directo, y siento que cualquier momento voy a romperme. Evelyn empieza a llorar, y yo la levanto, abrazándola contra mí, sintiendo que su calor es lo único que me mantiene de pie. Pero Jack no se detiene.
—¡No entiendes nada! —continúa, la voz quebrada por la rabia—. ¡Todo lo que hago, todo lo que lucho, lo hago por nosotras, y aun así nunca es suficiente!
—¡Nunca es suficiente! —grito, la rabia y la desesperación mezcladas en un nudo imposible de deshacer—. ¡Siempre hay algo más importante que nosotras! ¡Siempre!
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ꜱɪᴅᴇ ʙʏ ꜱɪᴅᴇ | ᴾⁱᵉʳʳᵉ ᴳᵃˢˡʸ
ФанфикшнScarlett acaba de unirse al equipo como ingeniera, con una mente brillante y una determinación inquebrantable. Todo en ella es preciso y calculado, pero cuando se enfrenta a Pierre, un piloto con una actitud desbordante y un carisma que parece impos...
