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El consultorio tiene una luz tenue y cálida, algo que me reconforta mientras la ansiedad y los nervios empiezan a acumularse dentro de mí. Hay algo en el ambiente, en la suavidad de las paredes pintadas de un tono pastel y en el olor fresco de la habitación, que me ayuda a calmarme un poco.

Todo es tranquilo, casi como si el mundo fuera más lento en este preciso momento. Me recuesto en la camilla, con el vientre expuesto y la bata del hospital abultándose a los lados. 

El sonido del ecógrafo encendiéndose y la ginecóloga ajustando los controles son los únicos ruidos en el aire, y a pesar de que todo está perfectamente normal, algo en el ambiente me dice que esto es diferente. Aquí, ahora, vamos a descubrir algo que cambiará nuestras vidas por completo.

A mi lado, Jack está sentado en una silla, completamente erguido pero con los dedos entrelazados con los míos, como si estuviera buscando anclarse a algo sólido en medio de todo este mar de incertidumbre.

Su mano está caliente y firme, y cuando me da un leve apretón, siento que su ansiedad también fluye a través de nuestra conexión, aunque intenta disimularla.

Puedo ver la tensión en su mandíbula, la ligera inclinación de su cabeza hacia el frente, como si estuviera esperando que la doctora diga algo importante. Sé que está tan nervioso como yo, pero como siempre, intenta ocultarlo bajo una capa de calma que no me engaña.

La doctora, con su tono suave y cálido, sonríe amablemente mientras prepara el ecógrafo. Tiene una paciencia y profesionalismo que me tranquilizan, pero aún así la emoción y la ansiedad se mezclan dentro de mí como una tormenta que no puedo contener. Ella gira hacia nosotros con una sonrisa relajada.

—¿Están listos para saber el género de su bebé? —pregunta, su voz dulce y tranquilizadora, como si supiera que este momento es tan importante como lo es para nosotros.

Respiro profundamente, mis manos sudando ligeramente mientras asiento. Los nervios se han convertido en una mezcla extraña de ansiedad y emoción, y siento como si el aire que entra en mis pulmones fuera más pesado de lo normal.

—Sí, estoy lista —respondo, mi voz más tranquila de lo que me siento por dentro. Me siento en paz con la idea de que este momento finalmente ha llegado.

Jack, que ha estado mirando mis manos, me levanta la vista hacia los ojos y, por un segundo, me da la impresión de que quiere decir algo, pero no lo hace. Solo sonríe ligeramente, ese tipo de sonrisa que me hace sentir que, incluso en los momentos más inciertos, todo va a estar bien.

Su pulgar acaricia el dorso de mi mano con suavidad, y me reconforta más de lo que quiero admitir. Siento como si el mundo, aunque lleno de tensiones, fuera más manejable con él a mi lado.

La doctora aplica el gel frío sobre mi piel, y no puedo evitar estremecerme ante la sensación. El frío es intenso, casi hiriente, y me hace sentir vulnerable de una manera inesperada. Jack suelta una pequeña risa, como siempre, burlándose de mi reacción.

—Siempre te quejas del gel —dice en tono juguetón, sin dejar de mirarme con esa mezcla de cariño y diversión que siempre tiene.

—Porque está frío —respondo, intentando hacer una mueca sin que suene demasiado dramática.

Jack, sabiendo que me siento un poco incómoda, se inclina hacia mí y me besa en la frente de manera tan suave, tan natural, que por un segundo todo parece detenerse. Ese beso es tan sencillo, tan lleno de amor, que me olvido del frío gel, de los nervios, de la incertidumbre. Es solo él, y yo, y el futuro que estamos a punto de descubrir juntos. Me siento más tranquila, como si no importara nada más en el mundo. En ese momento, no existe ni el miedo ni la incertidumbre.

ꜱɪᴅᴇ ʙʏ ꜱɪᴅᴇ | ᴾⁱᵉʳʳᵉ ᴳᵃˢˡʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora