¿Nuestro hogar?

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Azrael y Leroy se encontraban, finalmente, en el corazón del Infierno. A diferencia de las representaciones clásicas, este lugar no era un simple pozo de tormento y oscuridad sin fin. El Infierno que se desplegaba ante ellos estaba teñido de un color rojo cálido, brillante, como si cada rincón fuera una mezcla de fuego y caos perpetuo. Las llamas no solo iluminaban el paisaje, sino que formaban figuras en el aire, jugando con la percepción y distorsionando las realidades.

Las construcciones eran extrañas, deformadas y caprichosas, reflejando la locura que reinaba en este lugar. Los edificios parecían hechos de materiales que combinaban lo industrial con lo surrealista. Algunos de los rascacielos de metal se doblaban hacia arriba en formas imposibles, mientras que en otros se veían grandes bloques flotando sin ton ni son, suspendidos en el aire como si la gravedad fuera solo una sugerencia.

El Infierno, era un lugar de colores saturados y neón que cortaban el tono sombrío y aterrador con un aire casi carnavalesco. Las calles estaban llenas de luces brillantes y anuncios holográficos, pero, en lugar de ser un lugar de diversión, todo lo que se veía parecía tener una capa de perversión, de angustia reprimida. De repente, lo grotesco se volvía absurdo y lo horrible se tornaba una especie de parodia de sí mismo. El ruido del lugar era constante: gritos de almas perdidas, risas estridentes de demonios disfrutando de su desdicha, música a todo volumen desde discotecas infernales y motores de vehículos demoníacos que rugían mientras recorrían las calles retorcidas.

Lucifer, con su porte elegante y confiado, caminaba entre ellos, guiándolos con la tranquilidad de un rey que conoce bien su dominio. Su risa resonaba como un eco que se desvanecía entre los edificios flotantes, mientras les hablaba con su tono grave, que tenía un extraño toque de sarcasmo y seducción.

—Bienvenidos al Infierno, queridos míos. Este es el lugar donde las almas vienen a encontrar lo que les corresponde, aunque no siempre es lo que esperan. Pero el Cielo no fue un hogar para vosotros, ¿verdad? Aquí, la libertad tiene un sabor diferente, un sabor que no se encuentra en ninguna otra parte.

Los demonios del Infierno se asomaban desde las ventanas, observando a los nuevos visitantes con ojos curiosos y codiciosos. Algunos eran grotescos, con formas distorsionadas y una energía contagiosa de descontrol, mientras que otros se veían casi normales, pero con una aura oscura que no podía ser ignorada. Todos parecían conscientes de la llegada de los arcángeles.

Azrael y Leroy se miraron, la intensidad del lugar presionando sus mentes. Leroy, sin embargo, no podía evitar sentirse intrigado por la contradicción del lugar. Aunque su esencia era sombría, había algo vibrante, incluso fascinante, en la dinámica del Infierno. Azrael, por otro lado, mantenía una expresión reservada, el peso de sus decisiones asentándose en su pecho, pero al tener a Leroy a su lado, la incertidumbre comenzaba a desvanecerse.

Lucifer los guió hasta una de las zonas más lujosas del Infierno, una sala impresionante que recordaba a una mezcla entre un teatro decadente y una mansión barroca.
El espacio estaba adornado con cortinas pesadas de terciopelo rojo, candelabros gigantes de cristal negro que daban una luz extraña y cálida, y muebles que no parecían haber sido diseñados con la razón. Todo tenía una atmósfera de exceso y ostentación. Las paredes estaban decoradas con paneles de oro que reflejaban las llamas de las antorchas que ardían, proporcionando una luz cálida que jugaba con las sombras.

En el centro de la habitación había una gran silla de trono, en la que Lucifer se sentó con una postura de total dominio, mientras los observaba con un aire relajado pero lleno de poder. Azrael y Leroy se quedaron de pie frente a él, sin mover un músculo, como si estuvieran esperando su próximo movimiento.

Lucifer, sonriendo de una manera enigmática, comenzó a hablar con tono bajo y seductor.
—Este lugar, tan lleno de caos y diversión, es solo una fachada. El Infierno no es solo tortura. Aquí, muchos encuentran lo que han estado buscando, la libertad que el Cielo no les permitió. Pero hay un precio que pagar, como siempre. Y ese precio, queridos, es… el cambio.

ฺ݊◷໋͓֡🎟️᭄𝒟𝚎𝚜𝚙𝚞𝚎́𝚜 𝚍𝚎 𝚝𝚒🎻ཻུ𖢻ֹֺ໋᳝·݊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora