Adiós

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En las sombras del abismo, entre fuego y grilletes,
tu mirada fue mi faro, mi luz entre los temores,
donde la muerte danza y la esperanza muere,
encontré mi razón en tus dulces colores.

Tus manos, suaves como susurros del viento,
tejieron mi alma, deshaciéndola en calma,
y entre los ecos del dolor, nuestro amor, lento,
floreció en la oscuridad, bajo la misma palma.

Nos encontramos en un cruce de destinos rotos,
donde los cielos no podían sellar lo prohibido,
pero juntos, desafiante, deshicimos los votos
y nuestro amor, eterno, no fue nunca vencido.

Bajo el manto de estrellas, en la tormenta ardiente,
mi corazón late por ti, más allá de la muerte.
El Infierno es testigo de lo que fuimos y somos,
dos almas perdidas que encuentran su rumbo.

Y aunque los días caigan, como hojas al viento,
te amaré en silencio, más allá del tiempo.
Porque en cada paso, en cada respiro,
mi vida es tuya, Leroy, mi único suspiro.

igual.


La caída de Azrael y Leroy

El día que el Cielo descendió al Infierno fue como una tempestad divina. El cielo carmesí se rasgó, y desde sus entrañas cayeron ángeles guerreros, liderados por Joel, el arcángel de la seguridad, y Michael, el arcángel de la guerra. Una luz blanca y pura contrastó con el fuego eterno del Infierno, iluminando las sombras y anunciando que no habría piedad.

Lucifer, Azrael y Leroy ya lo habían sentido venir. El pacto había sido violado con la mera existencia de Caelus; un niño nacido de un amor prohibido, un símbolo de lo que el Cielo no podía aceptar.

—Se están acercando —murmuró Azrael, su voz grave mientras empuñaba su espada, el filo oscuro como las profundidades mismas.

—Sabía que esto pasaría —respondió Lucifer, afilando las garras de sus guantes—. Pero no creí que serían tan rápidos.

Leroy, con Caelus envuelto en una manta negra, lo sostuvo contra su pecho. El pequeño no lloraba, solo miraba el mundo con esos ojos brillantes y extrañamente serenos.

—No permitiré que lo toquen —dijo Leroy, su voz firme pero teñida de un miedo que no pudo ocultar.

Lucifer miró a su hermano menor. —Debemos prepararnos. No importa lo que suceda, uno de nosotros debe sacarlo de aquí.

El plan ya estaba claro, aunque todos sabían que la batalla sería feroz y el sacrificio inevitable.

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La batalla por Caelus

Los ángeles irrumpieron en el refugio con un estruendo ensordecedor. El primero en entrar fue Michael, su armadura reluciente salpicada de fuego infernal. Detrás de él, Joel y decenas de soldados avanzaron, rodeando el lugar.

—¡Azrael! —rugió Michael—. ¡No más juegos! Entréganos al niño.

Azrael se interpuso entre ellos y Leroy, su espada en alto, mientras Lucifer, a su lado, invocaba llamaradas de fuego negro que brotaron del suelo, frenando el avance de los ángeles.

ฺ݊◷໋͓֡🎟️᭄𝒟𝚎𝚜𝚙𝚞𝚎́𝚜 𝚍𝚎 𝚝𝚒🎻ཻུ𖢻ֹֺ໋᳝·݊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora