James se fue y me dejó con miles de pensammientos rondando en mi cabeza. ¿Qué debo hacer? James ya dejó claro que se hará cargo del bebé con o sin mí. Y eso me aterra, no sé porque, pero siento que me pone en desventaja... con James. Es estúpido lo que pienso, pero no quiero que nadie más ocupe el corazón de él... Por Dios, soy una maldita egoísta e idiota. ¿Cómo rayos puedo pensar eso? Una madre normal no pensaría eso... y me aterra saber que ya soy madre, pued el hecho de tener ya una vida en mi vientre me convierte en ello. Soy... madre. Me es díficil creerlo, porque, ¡Vamos! Tenía una vida genial llena de fiesta, un trabajo estable donde hago lo que me gusta, un novio asombroso que he amado desde años. Pero un bebé jamás estuvo en mis posibilidades, un bebé jamás estuvo en mis planes y no creo que aún lo este. No debo ser cobarde y debo asumir mi responsabilidad, estoy a favor del aborto... pero yo no lo haré. Tengo a James, ¿No? Nos ayudaremos mutuamente, saldremos de esta... creo.
Un bebé de James... guau... eso jamás lo vendría venir. Tendré a alguien con la sangre de James y eso me da... cierto placer. Espero que sea igual que James, porque si un día James decide irse, lejos de mí, tendré a alguien que me recuerde siempre a él, ¿verdad? Y creo que eso es genial. Solo... solo tengo que ser fuerte.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero empiezo a desesperarme. La habitación es muy blanca y daña mi vista. Es tan vacía. Me remuevo pero al hacerlo, siento un agudo dolor en mi zona más íntima. Frunzo el ceño, alertada y mi mano vuela a mi vientre, la deslizo e inspecciono mi zona, encontrando sangre... mi respiración se detiene, mi cuerpo se tensa y urgo más en mi zona y sí, definitivamente, hay sangre... y no deja de salir, claro no como un río pero... mi mano apreta un botón rojo, llamando a alguna enfermera que, al instante se abre la puerta pero no aparece una enfermera, aparece un doctor que jamás había visto, es alto y delgado, su semblante es fuerte y su mirada es de un color muy parecido al marrón.
-¿Ocurre algo, señorita? ¿Se encuentra bien? - pregunta mientras se acerca más a mí.
-No, no sé... mi zona íntima me duele y... estoy sangrando. - por alguna razón, saco mi mano y mis dedos están bañados en sangre.
-Ok, te revisaré.
Me quita las sábanas y me levanta la bata de hospital y ambos nos damos cuenta que se encuentra manchada de sangre. Ahogo un grito.
-¿Qué me pasa? - pregunto, asustada.
-Ahorita veremos.
De pronto, estoy con mis piernas abierta y mostrándole mi íntimidad a él... ¡Qué vergüenza! Es distinto mostrarle mi intimidad a un doctor. Su cara está, literalmente, entre mis muslos. Oh, por Dios.
-¡¿PERO QUÉ MIERDA?! - Escucho a James. Joder, acaba de entrar a la habitación.
De pronto, James toma al doctor por los hombros y lo aleja de mí, se para entre mis piernas para que el doctor no me vea.
-¡¿Qué demonios haces?! - le grita al doctor. Lo único que puedo ver es su espalda y está muy tensa.
-Chico, cálmate, solo estaba revisándola...
-¡No me digas chico! Soy su novio, maldita sea, aléjate de ella. - gruñe.
-Pero tengo que revisarla.
James se lanza sobre el doctor y lo arrincona, lo presiona contra la pared mientras lo toma por la bata de doctor.
-¡James! Por Dios, estoy malditamente sangrando, necesito ayuda y me duele. - lloriqueo.
En ese instante, corre hacia mí y me cubre con la sábana, me besa en la frente y acuna mis mejillas.
-¿Qué tienes?
-Mierda, James, solo quiero que me calmen este puto dolor.
-¿Ves? Tengo que revisar qué es lo que le pasa y no me dejas.
-No, tú no la revisarás. Ve y llama a una enfermera. ¡Una mujer! - Le dice.
Escucho al doctor resoplar e irse.
-Joder, James... estás loco. - digo, con los ojos cerrados tratando de aliviar el dolor.
-No, Arabella, desde que volví a tú vida ningún hombre, que no sea yo, verá ese tesoro. Ese tesoro es mío. - dice, con una mirada pícara pero a la vez, sé que no bromea.
-James, ¿Es malditamente en serio? - hago una mueca de dolor.
-Muy malditamente en serio.
Cierro mis ojos pero muy rápidamente, llega una enfermera que me revisa e inspecciona mi "tesoro". Jesús, James está loco.
Al final, terminan inyectándome un sedante y James está a mi disposición, según él. Los doctores dijeron que no era nada grave, solo una pequeña hemorragia que se descontroló pero lograron controlar. No sé exactamente que me pasa, no hablo en idioma doctor. No tengo sueño pero a pesar de eso, mis ojos se cierran solos y no siento mis extremidades. James se ha quedado conmigo y no me ha dejado sola en ningún momento.
-He pensado muchas cosas. - susurro.
James se acomoda en su silla de plástico y se acerca más a mí y me toma de la mano, le da leves masajes y deja besos sobre mis nudillos. Suspira y fija su mirada sobre la mía. Maldición, nunca me cansaré de perderme en ese hermoso túnel verde.
-Yo... quiero intentarlo. Contigo.
-¿Hablas en serio? - su respiración se a detenido y me mira sorprendido.
¿De verdad pensaba que iba a abandonarlo en esto...?
-Sí, James. Yo... no seré la mejor y quiero que lo sepas... no quiero que te decepciones. No te dejaré solo en esto. Ambos... ambos saldremos a delante, ¿Vale?
-No será fácil, lo sé. Y quizás para el mundo no seas la mejor, pero para mí sí lo eres... en todos los aspectos.
Y para sellar esta hermosa plática, nos damos un beso apasionado y cargado de deseo. James juguetea con mi lengua y succiona mis labios, ambos formamos una hermosa danza de besos y manos.
James se aleja de mis labios, los roza levemente con los suyos y ahueca mis mejillas.
-¿Sabes cuánto deseo sacarte de aquí, llevarte a casa y hacerte mía? - susurra.
-¿Sabes que no puedo tener relaciones coitales hasta dentro de tres semanas? - le contesto.
Inmediatamente, se aleja de mí con los ojos muy abiertos.
-¿Qué? - dice.- ¿Escuché bien?
-Escuchaste muy bien, amor. Tres semanas sin sexo.
-¿Por qué? - frunce el ceño.
-Estoy lastimada. De ahí. Por eso tengo hemorragias.
-¿Qué? - dice con una mueca, más bien con un puchero triste.
-Sí, así como oíste. - reprimo una sonrísa.
-A puesto a que aguanto más que tú. - dice con una sonrisa traviesa. Se sienta en la silla.
-Claro, James, lo que tú digas.
-¿No me crees capaz? - sonríe y levanta una ceja.
-Claro que no te creo. Y sí yo gano, harás lo que yo te diga.
-Vale. Pero si yo gano, tú harás lo que yo diga. ¿Trato hecho?
-Trato hecho.
Y sellamos el pacto con un beso.
-James, tengo mucha hambre. - escucho mi estómago ronronear.
-No te preocupes, llamaré a Dan que nos traíga unas hamburguesas.
Se levanta y llama a Dan.
-Hola, cabrón. Sí, ya está mejor... tengo una noticia, imbécil. Seré padre... Ya, vale, gracias. Oye, tenemos hambre, traenos unas hamburguesas. Sí, claro... ok... no, jódete, idiota, jaja... adiós.
Se vuelve hacía mí y me guiña un ojo.
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Touching Your Dark Heart
RomanceHabían pasado seis años separados y por fin James había encontrado a Arabella. Lo más fácil que James y Arabella sabían hacer era enamorarse mutuamente. De lo contrario, todo les resultaba difícil. Una vida juntos no es nada fácil cuando los dos so...
