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Cerró la puerta del baño con seguro marcandole a su mejor amigo.
—Contesta, contesta... ¡Sung! —gritó en un susurro—. Gracias al cielo.
—Ah, hola.
El castaño hizo una mueca—. ¿Aún estás enojado?
—¿Aún? Ni siquiera me llamaste Seungmin.
—Lo siento tanto. Ese día me sentí muy mal pero solo con llegar a casa Juliet se puso a llorar porque tenía hambre y tenía mucho sueño como para ducharse sola y tuve que hacerlo, luego caí rendido y al otro día se apareció Christopher en mi oficina haciendo un escándalo, luego hablé con mamá y estamos bien pero él está nuevamente aquí y me dijo que quería ponerle el Bang a Juliet pero le dije que estaba bien siendo Kim, y ahora me sale que no, que por ahora no seguirá con lo del apellido, que ahora quiere decirle que es su papá.
—Que intensa es tu vida.
—Lo es, necesito tu ayuda —el menor respondió con un sonido—. Llama a Chan y dile que hay una emergencia o algo así.
—Seungmin, no sabes lo enojado que está Christopher conmigo.
—Por favor, inventate algo, no estoy preparado aún para esto —se quejó abriendo la puerta lentamente para mirar al pasillo.
—Bien. Veré que hago.
—Te amo, enserio.
—Si, si, yo también.
[🌼]
—Y este me lo compró mi tío Changbin por mi cumple cuando estaba en Estados Unidos —asintió señalandole la casa de juguete y los libros de princesas que había bajado de su habitación.
—Waoh —Chris sonrió levemente sintiéndose algo mal, se había perdido seis cumpleaños de su hija—. ¿Cuándo fue tu cumpleaños?
—Mmm, creo que... —la niña se llevó un dedo a sus labios y Christopher no pudo evitar pensar en Seungmin—. Hace dos meses, no sé, fue hace muchos, muchos días.
—¿Qué día es? —preguntó sonriendo.
—El tres de enero —Chan se quedó sorprendido, tres también—. Pero mi tío no me regaló estos libros este año, fue cuando cumplí cuatro —dijo levantando sus cuatro deditos.
Y eso dolió aún más. Toda su familia, sus amigos, todos en los que confiaba le habían mentido alegando que no era responsabilidad de ellos, diciendo que no podían meterse en eso y aunque deseaba entender no podía, no podía con el hecho de que todos habían estado con ella todo este tiempo mientras él no sabía de su existencia.
Simplemente no era justo que no le dieran ni una señal.
—Mi tío Changbin me dijo que leyera los libros en mis días libres con el tío Minho —tomó uno en el que aparecía Rapunzel de portada—. Dijo que debía aprender mi lengua materna.
Chan dejó de mirar lo linda que era la niña para fruncir el ceño.
—¿Lengua materna? —preguntó extrañado.
—Si, no sé a qué se refiere —cerró los ojos encogiendose los hombros, sus expresiones exageradas como siempre—. Porque yo no tengo mamá, mi papi me tenía en su barriguita por varios, mmm, meses del año.
El pelinegro se quedó pensando en lo que dijo la niña cuando su celular sonó y lo tomó sin revisar.
—¿Hola?
—Chan, Seungmin me dijo que te llamara para que te fueras así que solo dile que te diste cuenta y que no te iras.
Se quedó en silencio unos segundos para luego suspirar.
—Bien.
—Oye, ¿aún estás enojado? Christopher, ya te expliqué.
—Hablamos luego —y colgó.
Le sonrió a su hija mientras escuchaba nuevamente sus anécdotas. Minutos después Seungmin salió duchado y cambiado.
—Oh...
—No me voy a ir —se encogió de hombros intentando no mirar como las pequeñas gotas de agua corrían por el cuello del castaño—. Llama al mismo presidente Min, no me iré.
Seungmin abultó sus mejillas sin ser realmente consciente de eso.
—Bien Christopher —rodó los ojos—. Hablemos.
—Bien Juliet, ¿vamos al sofá? —preguntó Chan sonriendole a la menor.
—Sip, así estamos juntos los tres —saltó de la silla de desayunador y se dirigieron a la sala a sentarse juntos—. Ahora me dirán el secreto, ¿no?
Ambos se miraron. Seungmin asintió resignado, no había vuelta atrás.
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