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Daemon Targaryen estaba furioso. Muy, extremadamente furioso.

¿Cómo se atrevía? ¿Con qué derecho? ¿Por qué? ¿Qué clase de madre hacía algo así? ¿Qué clase de ser humano despreciable se atrevía a cometer semejante acto? ¿Cómo es que aquella perra traicionera podía dormir por las noches? ¿Cómo es que sus hijos todavía se mantenían cerca de ella? ¿Por qué carajos su hermano no estaba enterado de esto?

—Tío.

Ni siquiera Baelon, con todo lo mal padre que había sido con Daemon, se había atrevido a levantarles la mano a él o a su hermano. Alyssa tampoco lo hubiera permitido de todas formas, e incluso en aquellos años en los que golpear era una forma de educar, sus padres nunca habían cometido tal barbaridad.

Si Daemon no despreciaba a Alicent antes de esto, estaba seguro de que ahora lo hacía de verdad.

Maldita perra desgraciada, cómo te atreves...

—Tío.

Herir a tus propios hijos. Lastimar a aquellos seres que has engendrado durante nueve meses, a aquellos niños tan preciosos e inocentes que merecen protección. Herir a personas indefensas innumerables veces solo por una ambición...

¿Cómo puedes mirar a los ojos a estos niños sin pensar en el dolor que les has provocado?

A Daemon le hervía la sangre, e inexplicablemente, quería llorar junto a su sobrino. La mirada amatista de Aegon lo miraba asustado, temeroso, e incluso encogiéndose sobre sí mismo como lo hacía, Daemon era capaz de ver la marca que le había mostrado recientemente; un enorme moretón verde que se formaba en el dorso de su brazo.

—Tío, romperás eso. — repitió Aegon, con los ojos lilas temblando cuando sus miradas se encontraron.

Fue entonces que Daemon fue consciente de lo fuerte que estaba sosteniendo el borde de la mesa de madera. La misma madera le había astillado el dedo debido a la fuerza que aplicó, sin embargo, el mayor no lo notó hasta que su sobrino lo mencionó.

Tú eres el adulto aquí. Tienes que calmarte.

Su subconsciente, que extrañamente tenía una voz parecida a la de Laena (uf, no queremos pensar en ella ahora), le recordó que si Aegon había buscado su ayuda, no debería de asustarlo tal como lo estaba haciendo.

El niño te acaba de contar la experiencia traumática que vive en su hogar con la violencia, y lo primero que haces es comportarte violento al escucharlo.

Daemon soltó el borde de la mesa lentamente. Dedo por dedo. Y luego bajó las manos hasta su regazo, cerró los ojos y respiró de forma lenta dos veces, tal como le había enseñado Laena, y le devolvió la mirada a Aegon. Pasados los segundos de rabia, su visión se había ensanchado, sin embargo, seguía sin gustarle lo que veía.

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⏰ Última actualización: Dec 30, 2024 ⏰

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