Tiene manos suaves

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Cap. 31

Reconocería esos profundos zafiros en cualquier lado...

—¡Ay, tu mamá! —casi al instante sus manos se zafaron como un haz de luz de la piel contraria, cayendo sobre su espalda baja en las duras bancas de metal de la secundaria Szürke.

El contrario lo miraba sin expresión alguna en sus lumínicos orbes, casi diría que con una ceja levantada muy levemente, pero nada más. Su expresión fría no hacía más que helar la tórrida sangre del joven temeroso frente suyo, ¿cómo fue que no lo reconoció desde antes?

<< ¡Qué estúpido! >> se lamentó avergonzado mientras recordaba tocar su rostro con cuidado, enrojeciendo sus culpables pómulos ante la sola idea del demoniaco rostro blanquecino perfecto entre sus cortadas manos. Luego se las lavaría cincuenta veces y una de yapa.

Rápidamente sacudió la cabeza intentando alejar esos pensamientos que no hacían más que incrementar su pesadez en la vergüenza intrínseca de sus agitados orbes, no sabía cómo evadir la intensa mirada del semblante firme y serio frente suyo, sin una pizca de sarcasmo en su perfil recto, intimidando su pobre alma de tal forma que deseaba con toda su vida que dejase de mirarlo, se sentía desnudo, ¿era mucho pedir? No lo era, y; sin embargo, ¿por qué a él? Se preguntaba con desdén, como si el universo se vacilara de su inmunda suerte como el mejor de los chistes, y qué más decir si no la verdad fehaciente y absoluta, pues es bien sabido que, en las aventuras de aquel cholito cuyos orbes se derretían como la miel bajo la adversidad de la rubia cabellera, no tenía el cariño especial de la madre fortuna.

La vista seguía sin necesidad de palabras compuestas por una secuencia eterna de por medio, entonces, tras unos segundos que al nervioso cholito se le hicieron eternos, el infame asesino de tensiones y esperanzas ilusas, el rey de la locura sacó un puñado de papel higiénico del bolsillo de su camisa para limpiar todo su rostro, manos y ropa manchados de su propia sangre a su alrededor sin una palabra más salida de sus teñidos labios. Al verlo, sin un segundo a perder, el peruanito salió de su trance, incómodo, reincorporando su antigua posición de rodillas frente al rubio.

—L-Lo siento, déjame ayudarte... —rápidamente acercó su manita sin cuestionar absolutamente nada, no le convenía, no quería saber, bien dicho que la ignorancia era felicidad.

Por fuera parecía preocupado por el rubio, pero por dentro, por dentro su cabeza era un caos.

—It's not necessary... —murmuró agachando su rostro, nervioso tal vez ante las manos desesperadas y sudadas del niño quien no hacía más que temblar ante la sangre en el suelo. La vergüenza del estadounidense no tenía límites, menos cuando un espasmo involuntario en el hombro de Perú hizo que golpeara accidentalmente su mandíbula, derramando unas cuantas gotitas más—. Shit!

<< ¡Ay, la chucha! >>

—¡Lo siento! ¡Perdón! —rogó, su cuerpo comenzó a secretar sudores a cántaros, como si no fuera lo suficientemente malo intentó tocarlo, pero se amedrentó como el maricón que era al último segundo, quedando su palma a centímetros del rostro estadounidense temblando como un bebé. Usa lamió sus labios sintiendo el sabor metálico mancharlo—. Carajo, ¿estás bien?

... ¿qué clase de pregunta era esa?

—... —Usa lo miró alzando una ceja, las ganas de responderle de la forma más sarcástica posible de sus entrañas le gritaban, pero no era el momento, estaba sumamente aletargado para siquiera cuestionarle algo—. Yes... I'm fine...

Lo primero que vio al levantar su mirada fueron unos ojos tan dorados como el mismo sol genuinamente preocupados por él, lo que Usa ignoraba es que en el fondo del corazón de Perú temía más por su propia vida que otra cosa, el americano vio su muñeca, manchada con la marca de sus dedos ensangrentados cuando intentó detenerlo. Chasqueó la lengua, desviando su mirar de esos intensos ojitos dorados.

Alma para conquistarte // UsperHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora