Cap. 30
La melancolía de una sátira vehemencia acribillaba con rabia las cuitas de la secundaria Inti. Cantares de gesta anunciaban el término del primer tiempo, pero no hubo ni una sola voz que lo alabase más que el triste susurro de una mediocridad reprimida.
Pues, ¿aquello? Aquello no era fútbol.
—¿Qué haremos? —se lamentó la neozelandesa—. La Szürke ya nos robó el primer tiempo...
La banca asintió mientras la pesadumbre se adueñaba poco a poco de sus frágiles mentes y apagaba la siempre vivaz llama del espíritu característico del Inti, ¿cómo era posible? Apagar la felicidad de corazones vehementes... reemplazados por no más que desosiego y frialdad, como si aquella secundaria androide no fuera más sino un campo helado, un cementerio de sueños y deseos con una lápida que pronto anunciaría el triste final de los perros y el héroe.
Observaron sin un punto fijo la cancha muerta en vida frente a sus ojos donde minutos antes se había disputado el partido más gris que alguna vez pudo existir, varios resoplidos se escucharon entonces en el equipo técnico, varios orbes taciturnos desviaron sus culpables seres.
—Es triste ver... —susurró Ucrania—. Como todas las técnicas están bloqueadas y no podemos hacer nada para evitarlo...
Pero siempre existiría la dulce melodía de la sátira entre las verdades incongruentes, una con un aroma sutil a elocuencia iracunda, y por supuesto que tenía un nombre. Huáscar.
—No se angustien, querido niños —interrumpió el entrenador con una lengua bífida adornando sus cantares—. Recuerden que obtuvieron un crecimiento sorprendente cuando entrenaron en el salón Relámpago.
Huáscar arqueó una ceja, bufó y negó con el rostro visiblemente fastidiado, a la vez que ambos jóvenes se miraban dudosos entre sí, el adulto estaba enojado, Zeli observó al chico con temor, claro que no lo habían hecho.
—Pero... —discrepó aún temeroso el muchacho—. Dijeron que no practicaron las técnicas especiales allí...
Se conoce bien que la tensión no es algo palpable; sin embargo, la que emitía aquel degastado cuerpo se sentía tan pesada como si un yunque pudiera caerles en la cabeza de un segundo a otro y pudieran verlo venir perfectamente.
—... ¿qué? —los observó iracundo, tal negatividad exaltada que bajo su aura las aves morían—. ¿¡Cómo!?
Un par de líquidos corporales pasaron raspando la garganta de la pareja como cristales bajo la suave piel, una gota agria cubría el rostro que enfrentaba amedrentado el desosiego del adulto, quién en su mente pasaban mil Dantes, ¿Qué carajos has hecho, Atahualpa? Los hiciste pasar por un infierno completamente solos... ¿sin siquiera darles una miserable idea de cómo entrenar?
Estaba molesto, más que molesto, dolido, latoso, excelso... ¿por los niños? No precisamente.
—Jajaja, ¡sorpresa! —exclamó satíricamente, harto de aquella conjetura—. Atahualpa, eres un imbécil, eres un completo imbécil.
Los tres alumnos en la banca se observaron inquietos, sin entender ni un ápice del vocablo mayor, por otro lado, las voluntades fuertes no forjan la personalidad o intelecto... y alguien debía decirle eso al impredecible y explosivo capitán de la secundaria Inti.
—Les vamos a sacar la chucha...—susurró con machete en mano, mientras todo el equipo del Inti asintió, excepto Boli, quien lo observó asustado.
Iba aquel singular cholito furioso resonando sus pisadas por todo el establecimiento metálico digno de estudiantes de ingeniería, con un solo objetivo... sus compañeros a sus espaldas estaban convencidos, cerró fuertemente sus puños y frunció el ceño, haría pagar al responsable de aquel asqueroso circo que manchaba con su putridez el nombre del fútbol.
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Alma para conquistarte // Usper
Hayran Kurgu¿Cuál es el deporte que más corazones mueve en la cancha? Independientemente del gusto, es innegable afirmar que no hay un solo momento donde un cúmulo de extraños se congreguen en unión para una causa más pura, donde sus corazones latan como uno c...
