CAPÍTULO 13

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[Keo]


La luz del día se acaba, el sol está por esconderse detrás del lago, algunos pescadores terminan de anclar su lancha en el puerto y unas personas caminan por la arena descalsos de vuelta a su hogar. Estoy arriba de un edificio buscando a la señora Ruha, pero no he tenido suerte. Mares de gente se mueven en todas las direcciones, pero una persona destaca entre todos, un chico que camina en sentido contrario esquivando a un grupo de transeúntes, varios lo empujan, aunque no parece importarle en lo más mínimo. Si bien hay bastantes personas en la misma situación, su cabello rojo oscuro detiene mi mirada por lo familiar que me parece. Una vez que ha pasado la gente, voltea y mira a su alrededor, dejandome verle la cara el tiempo suficiente para reconocerlo. Es el chico de la cafetería, creo que la señora Ruha lo llamó Dae. Vuelve a caminar, pero ya no busca a nadie, ahora vuelve a tener la mirada fija, yo miro en la misma dirección que él, al principio no veo nada, hasta que, me detengo unos segundos a observar y me encuentro con una mujer, quieta en la orilla del lago mirando el sol ocultándose. Distingo su vestimenta de hoy, es la señora Ruha.

Corro hacia el elevador y aprieto el botón una vez, intento no desesperarme, pero lo oprimo de nuevo. Está quieto en el piso dos, yo estoy en el siete. Tal vez esté subiendo gente, podria pararse de nuevo antes de llegar aqui. No puedo perderla de vista otra vez.

Termino cediendo a mi desesperación y corro por las escaleras, primero bajo de dos en dos, luego de tres. Mi corazón comienza a debocarse de nuevo y por fin salgo del edificio, veo el cruce en verde, enseguida cambia a amarillo, corro, pero el rojo aparece y con ello un auto arranca haciendome retroceder a la acera. Trato de buscar a la señora Ruha, pero desde aquí abajo es casi imposible ante el mar de gente. Por fin el semáforo cambia y corro en la dirección que la vi hace un momento. Consigo verla, pero ahora no está sóla, Dae está a su lado.

Corro hacia ellos, pero la arena me vuelve torpe, la fuerza con la que piso por querer alcanzarlos me entierra los pies y no me deja avanzar como quisiera.

Ahora dejan de hablar, puedo verlos mejor, Dae camina hacia mí, pero la señora Ruha no, sigue de pie, mira unos segundos el agua oscurecida y sonríe mientras comienza a caminar hacia el lago.

—¡No, deténgase! —grito, pero ella continúa.

Los pies se le cubren de agua. Después las rodillas.

Estoy apunto de gritar de nuevo, pero Dae murmura.

—Déjala.

—¿Que te pasa? —digo pasándolo de largo — ¡No sabes lo que estas diciendo!

—Sé que ha elejido morir y que ni tu ni yo debemos intervenir en ello.

Me detengo. La marea se ha vuelto intensa, las olas golpean con mayor fuerza su cuerpo hasta que una la cubre por completo.

Ella ya no está en la orilla.

Miro a Dae y me dice.

—Recuerda que tu y yo estamos aquí para ayudarles... —susurra mirando el lago vacío — pero sólo si ellos así lo quieren.

𝐒𝐖𝐄𝐄𝐓 𝐃𝐄𝐀𝐓𝐇Donde viven las historias. Descúbrelo ahora