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El sol de la mañana iluminaba suavemente la habitación de Sunoo mientras se despertaba, sintiendo una calma que no había experimentado en mucho tiempo. Después de la conversación con Sunghoon en la biblioteca, algo había cambiado entre ellos. Aunque sabía que los desafíos no habían desaparecido, por primera vez sentía que estaban en el mismo equipo, listos para enfrentar lo que viniera juntos.

Sonrió al recordar la noche anterior. Después de salir de la biblioteca, habían caminado juntos en silencio, con las manos entrelazadas, como si no necesitaran palabras para entender lo que el otro sentía. Sunghoon lo había acompañado hasta su casa, y antes de despedirse, le había dicho: "Mañana te recojo temprano. Vamos a pasar el día juntos, ¿de acuerdo?". Sunoo había asentido con una sonrisa, sintiendo que el mundo parecía un poco más brillante.

Ahora, miró el reloj y se apresuró a levantarse. Sunghoon llegaría en cualquier momento. Se vistió rápidamente y se peinó el cabello con cuidado. Quería que todo estuviera perfecto, aunque sabía que Sunghoon no se fijaría en esos detalles. Para él lo importante era simplemente estar juntos.

Cuando el timbre sonó, Sunoo abrió la puerta y encontró a Sunghoon allí, con una sonrisa tímida pero genuina. Llevaba una chaqueta ligera y una mochila al hombro.

—Buenos días —dijo Sunghoon, con un tono suave.

—Buenos días —respondió Sunoo, sonriendo. —¿Adónde vamos?

—Es una sorpresa —dijo Sunghoon, guiñándole un ojo. —Confía en mí.

Sunoo rió y siguió a Sunghoon hacia el coche. El viaje fue tranquilo, con la radio sonando suavemente de fondo. Sunghoon conducía con calma, y Sunoo se dejó llevar por la sensación de paz que lo envolvía. No necesitaban hablar; simplemente estar juntos era suficiente.

Después de un rato, llegaron a un parque que Sunoo no conocía. Era un lugar tranquilo, con árboles altos y un pequeño lago en el centro. El sol brillaba sobre el agua, creando destellos dorados que parecían mágicos.

—¿Qué te parece? —preguntó Sunghoon, mirando a Sunoo con expectación.

—Es hermoso —respondió Sunoo, sintiendo que las palabras no eran suficientes para describir lo que sentía. —¿Cómo encontraste este lugar?

—Es un sitio al que solía venir cuando necesitaba pensar —explicó Sunghoon, caminando hacia el lago. —Siempre me ha traído paz. Pensé que podríamos pasar el día aquí, lejos de todo.

Sunoo asintió, sintiendo una oleada de gratitud hacia Sunghoon. Sabía que este día era especial, un regalo que Sunghoon le estaba dando para demostrarle que estaban bien, que podían ser felices juntos.

Caminaron juntos por el parque, hablando de cosas simples y disfrutando de la tranquilidad del lugar. En un momento dado, Sunghoon sacó un mantel de su mochila y lo extendió sobre la hierba, cerca del lago. Luego, sacó una cesta con comida: sándwiches, frutas y una botella de té helado.

—¿Preparaste todo esto? —preguntó Sunoo, sorprendido.

Sunghoon sonrió, un poco avergonzado. —Sí, quería que fuera especial.

Sunoo se sintió abrumado por la dulzura del gesto. —Gracias, Sunghoon. Esto significa mucho para mí.

Se sentaron juntos en el mantel, compartiendo la comida y riendo de cosas sin importancia. El sol calentaba sus rostros, y el viento suave acariciaba sus cabellos. Por un momento, el mundo parecía haberse detenido, y solo existían ellos dos.

—¿Sabes? —dijo Sunoo después de un rato, mirando el lago. —Siempre he querido un día como este. Un día en el que no haya preocupaciones, lejos de todo.

Sunghoon lo miró, con una expresión suave. —Yo también. Y quiero que tengas muchos más días como este, Sunoo. Juntos.

Sunoo sonrió, sintiendo que el corazón le latía con fuerza. —Juntos —repitió, como si fuera una promesa.

Después de comer, Sunghoon sacó un libro de su mochila. Era una edición de El principito, el mismo libro que le había regalado a Sunoo semanas atrás.

—¿Lo trajiste? —preguntó Sunoo, sorprendido.

—Sí —respondió Sunghoon, sonriendo. —Pensé que podríamos leerlo juntos. Me gusta cómo te iluminas cuando hablas de este libro.

Sunoo sintió que las lágrimas le nublaban la vista, pero las contuvo. —Eres increíble, Sunghoon.

Se acostaron juntos en el mantel, con el libro abierto entre ellos. Sunghoon comenzó a leer en voz alta, y Sunoo cerró los ojos, dejándose llevar por la melodía de su voz. Cada palabra resonaba en su corazón, como si Sunghoon estuviera leyendo directamente sus sentimientos.

Cuando terminaron el capítulo, Sunoo se giró hacia Sunghoon, mirándolo a los ojos. —¿Sabes qué es lo que más me gusta de este libro? —preguntó.

—¿Qué? —respondió Sunghoon, curioso.

—La idea de que lo esencial es invisible a los ojos —dijo Sunoo, sonriendo. —Como lo que siento por ti. No puedo verlo, pero sé que está ahí, en cada latido de mi corazón.

Sunghoon lo miró, con una expresión que mezclaba sorpresa y ternura. —Sunoo... —susurró, acercándose un poco más.

—Te amo, Sunghoon —dijo Sunoo, con una voz firme pero llena de emoción.

Sunghoon sonrió, y por primera vez, Sunoo vio que sus ojos brillaban con lágrimas. —Yo también te amo, Sunoo. Y no pienso dejarte ir nunca más.

Se acercaron lentamente, hasta que sus labios se encontraron en un beso suave pero lleno de significado. Era un beso que decía todo lo que las palabras no podían expresar.

Cuando se separaron, Sunoo apoyó su cabeza en el hombro de Sunghoon, sintiendo una paz que nunca antes había experimentado. Sabía que los desafíos no habían desaparecido, pero en ese momento, nada más importaba. Estaban juntos, y eso era suficiente.

El sol comenzó a ponerse, pintando el cielo de tonos naranjas y rosados. Sunghoon abrazó a Sunoo, y los dos se quedaron allí, mirando el atardecer en silencio. No necesitaban palabras; todo lo que tenían que decir ya lo habían expresado con sus corazones.

Era un día de paz, un día de cosas bonitas. Y Sunoo sabía que, mientras estuvieran juntos, habría muchos más días como este por venir.

your lips my lips - sungsunHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora