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Los días siguientes fueron un infierno para Sunoo. La atmósfera en casa era tan densa que podía cortarse con un cuchillo. Sus padres no le dirigían la palabra, excepto para darle órdenes breves y frías. Cada vez que entraba o salía de la casa, sentía sus miradas cargadas de decepción y desaprobación. Pero lo peor no era el silencio; era lo que estaban planeando.

Una tarde, Sunoo regresó a casa después de pasar unas horas con Sunghoon. Al abrir la puerta, se encontró con una escena que lo dejó helado. Su madre estaba sentada en el sofá, con una carpeta en las manos, y su padre estaba de pie junto a ella, con una expresión severa. En la mesa del salón había varios papeles esparcidos, y Sunoo no necesitaba mirarlos de cerca para saber de qué se trataba.

—Sunoo —dijo su madre, con un tono que no dejaba lugar a dudas de que esto era serio. —Siéntate. Tenemos que hablar.

Sunoo tragó saliva, sintiendo que el corazón le latía con fuerza. Sabía que esto no iba a ser bueno, pero no tenía más remedio que sentarse y escuchar.

—Hemos tomado una decisión —dijo su padre, con una voz firme. —No podemos permitir que sigas viendo a ese chico. Has dejado claro que no estás dispuesto a escucharnos, así que hemos decidido actuar.

—¿Actuar? —preguntó Sunoo, con una mezcla de miedo y rabia. —¿Qué significa eso?

—Significa que hemos solicitado tu transferencia a otra escuela —dijo su madre, sin mirarlo a los ojos. —Una escuela lejos de aquí, donde puedas empezar de nuevo. Donde no haya... distracciones.

Sunoo sintió que el mundo se le venía encima. —¿Qué? ¡No pueden hacer eso! —gritó, levantándose de la silla. —¡No tienen derecho a decidir por mí!

—Claro que tenemos derecho —respondió su padre, con una voz que sonaba más fría que nunca. —Eres nuestro hijo, y mientras vivas bajo nuestro techo, seguirás nuestras reglas.

—¡No voy a ir a ninguna escuela nueva! —protestó Sunoo, sintiendo que las lágrimas le nublaban la vista. —¡No voy a dejar a Sunghoon!

—No tienes elección —dijo su madre, con un tono que sonaba casi desesperado. —Hemos hecho los arreglos necesarios. Empezarás la próxima semana.

Sunoo sintió que el suelo se movía bajo sus pies. No podía creer lo que estaba escuchando. Sus padres estaban dispuestos a arrancarlo de todo lo que amaba, solo para mantener las apariencias.

—No pueden hacerme esto —dijo, con una voz quebrada. —No pueden...

—Ya lo hemos hecho —dijo su padre, con una firmeza que no dejaba lugar a dudas. —Y si intentas rebelarte, habrá consecuencias.

Sunoo no supo qué decir. Las palabras de sus padres lo habían dejado sin aliento, sin esperanza. Sintió que las lágrimas finalmente escapaban de sus ojos, pero no hizo nada para detenerlas. Se giró y salió corriendo de la casa, sin saber adónde iba, pero sabiendo que no podía quedarse allí.

Mientras corría por las calles, sacó su teléfono y marcó el número de Sunghoon. Necesitaba escuchar su voz.

—Hola —dijo Sunghoon al otro lado de la línea, con un tono preocupado. —¿Sunoo? ¿Estás bien?

—No —respondió Sunoo, con una voz que temblaba. —No estoy bien. Pero... pero necesito verte. ¿Puedo ir a tu casa?

—Claro —dijo Sunghoon, sin dudarlo. —Ven cuando quieras. Estaré aquí.

Sunoo colgó el teléfono y apretó el paso, sintiendo que las lágrimas corrían por sus mejillas.

Cuando llegó a casa de Sunghoon, este lo recibió con los brazos abiertos. Sunoo se dejó abrazar, sintiendo que el calor de Sunghoon lo envolvía como un manto protector.

—¿Qué pasó? —preguntó Sunghoon, con una voz suave pero llena de preocupación.

—Mis padres... —comenzó a decir Sunoo, pero las palabras se le atascaron en la garganta. —Me están transfiriendo a otra escuela. Lejos de aquí. Lejos de ti.

Sunghoon lo miró, con una expresión que mezclaba sorpresa y dolor. —¿Qué? No pueden hacer eso.

—Ya lo hicieron —respondió Sunoo, con una voz quebrada. —No sé qué hacer, Sunghoon. No quiero perderte.

Sunghoon lo abrazó con más fuerza, como si quisiera protegerlo de todo el mal en el mundo. —No me perderás, Sunoo. Prometo que no. Encontraremos alguna solución ¿de acuerdo?

Sunoo asintió, sintiendo que las lágrimas corrían por sus mejillas.

your lips my lips - sungsunDonde viven las historias. Descúbrelo ahora