Cade aguardó por su respuesta, aunque ya no lo miraba. En cambio, pasó de deslizar el pulgar por la orilla de la venda que no se había cambiado desde que Logan se la puso, a tocar justo el centro, donde la gasa tejida estaba ligeramente teñida del marrón rojizo de la sangre desecada. Io cerró los dientes y se preparó para sentir la punzada de dolor, pero el tacto de Cade fue tan cuidadoso que apenas lo sintió cosquillear.
Se libró de él con la excusa de alcanzar una galleta de canela del plato sobre la mesa auxiliar. Aunque ya había comido muchas, sentía un extraño vacío en su estómago. Mas comprendió, con el retortijón que sintió al forzarse a comer otra, que se trataba de algo diferente esta vez.
—Ya te lo dije. Es del accidente...
Cade no insistió, pero era evidente que no le creía. Y lo corroboró en cuanto le dijo:
—Sabes... que puedes decirme la verdad... ¿correcto? —Pese a lo que cabría esperar, su tono no fue acusador en lo más mínimo; no cómo lo hubiera sido el de Logan, a la hora de atraparlo.
No obstante, cuando Io lo miró, percibió algo diferente en Cade. Lucía tan sereno como siempre, mas por debajo de aquella calma, algo se escondía... Una ligera turbiedad en el fondo, bajo las aguas claras. Entonces, ya no le fue difícil imaginarlo con la mirada severa con que antes había intentado imaginarse el rostro de su padre. No lo fue, porque al fin la estaba viendo.
Pero Cade no lo miraba a él; no como si su atención se dirigiera a otro sitio, sino como si conscientemente evitara hacerlo.
—¿Para qué te mentiría? —masculló Io, perplejo por su extraño cambio.
Cade apretó los labios, como si se frenase de decir algo; pero aquello no pareció bastar:
—Tal vez... para proteger a alguien.
Con la acusación, Io dejó salir un jadeo indignado. Proteger a Jhonen; seguro... Pero entonces, en efecto: ¿para qué mentiría?
—En cualquier caso, no tengo por qué rendirte cuentas a ti. Así que no entiendo qué podría importarte.
Al devolverle al fin la mirada, el gesto duro de Cade fue remplazado de pronto por tristeza, acentuada aún más por su debilidad.
Io se retrajo al respaldo de su silla. Estaba tan acostumbrado a que Cade tratase sus réplicas, por hostiles que fueran, con paciencia y buen ánimo, que aquella reacción tan inusual lo desconcertó. Por primera vez, le dio la impresión de que sus palabras lo habían herido... y se avergonzó de ellas.
¿Por qué? Antes no solía preocuparle ofender ni siquiera a su propio hermano. Porque así no eran ellos; Logan y él. Pero Cade era distinto.
La urgencia de retractarse le hizo abrir los labios, pero nada salió de ellos. Sería la primera vez en su vida. No sabía cómo hacerlo.
Las palabras incisivas, la ironía y los insultos; ese era el lenguaje que se hablaba en su mundo. Los saludos eran apáticos y las despedidas sin importancia; el «gracias» y el «de nada» tenían otras formas.
El «lo siento» no existía. Ni el «te quiero».
—Me caí —admitió al fin, con un suspiro derrotado.
La incredulidad diluyó parte de la tristeza en el gesto de Cade.
—Te digo la verdad; sí me caí —se apresuró Io, antes de darle tiempo a cuestionarlo—. Fue culpa... del cabrón idiota de Jhonen.
Cade lo observaba ahora más atento que nunca, pero ahora Io lo evitaba. Temía que, lo que fuera a encontrar en su expresión, o bien le hiciera arrepentirse de hablar... o lo instara a continuar. Ambos casos eran peligrosos.
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Bajo los Sauces
Teen FictionA la sombra de los sauces florece una inusual amistad. Tras conocerse en circunstancias inusuales, Cade, un muchacho solitario, emprende una odisea personal para rescatar al temperamental Io del triste mundo de su padre alcohólico y su problemático...
