13. Destino

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Cade miró la hora en su reloj. Eran las siete de la tarde. Alex muy probablemente se hubiera cansado de esperar y durmiera...

Pensó en abandonar la visita e ir a casa, pero la sola idea de volver tan temprano y tener que estar allí por horas, en completa soledad, lo desalentaba.

Sacudió la cabeza y se decidió a tocar. Sin embargo, antes de hundir el dedo en el timbre, la voz clara a sus espaldas lo detuvo.

—¡Cade! —Gwen le miraba con dulzura cuando se viró.

—¡Ho... hola!

—¿Vienes a ver a Alex? Digo... Claro que vienes a ver a Alex; no es como si... Eh... ¡espérame! —titubeó ella y se apresuró a buscar en su bolsillo mientras balanceaba dos bolsas en el brazo—. Déjame abrirte la puerta.

—Te ayudo con eso. —Cade le quitó ambas bolsas.

—¡Ah...! Gracias. No están pesadas en realidad... —dijo Gwen, aunque estaban ambas llenas de víveres, y metió la llave en la cerradura, errando dos veces antes de acertar y girar—. Ya está. ¡Adelante!

Pero Cade se detuvo en la entrada y le hizo una seña:

—Damas primero.

Gwen se retorció la coleta de ese lado al pasar junto a él y entrar en la casa.

A Cade le gustaba lo acogedora que era. Olía limpia, pero no estéril, como la suya. Había un leve aroma a comida y a trastos recién lavados. Gwen le quitó una de las bolsas para dejarla en la isla de la cocina y Cade hizo lo mismo con la segunda.

—Alex dijo que probablemente estabas esperando a ese chico, y que por eso te tardabas. ¿O vendrá más tarde? —La chica iba de aquí para allá, dejando cosas en las alacenas o en el refrigerador mientras hablaba. Fue a guardar un paquete de hamburguesas en el congelador, pero antes se hizo con tres—. ¿Cuál era su nombre?... ¡Ah!, era Ian, ¿verdad? O algo así.

—Io —corrigió Cade, con una sonrisa débil—. No... no vendrá.

—Vaya, qué mal... —suspiró ella y guardó una de las hamburguesas. El soliloquio se reanudó mientras buscaba algunos implementos de cocina—. Qué tonta, es cierto... Si Nate no ha venido, imagino que él tampoco... ¿verdad? Como viven cerca, deben irse juntos. No es seguro que cruce el puente solo muy tarde; aunque, bueno... no es que sea muy seguro andar por las calles a cualquier hora del día en Sauces Poniente. ¡No digo que sea malo, ni nada!

—Nah, no es tan malo —dijo Cade—. Nate vive ahí y no tiene problemas.

—Pero Nate es un armario y... además sabe Kung-Fu.

—Jiujitsu —la corrigió Cade, entre risas—. Espera... ¿cómo sabes que vive cerca de Nate? —preguntó, aunque era obvio. Más bien quería saber qué tanto sabría Gwen.

—Alex me lo dijo —dijo ella. Pero eso era obvio—. Y que a veces se junta con ustedes, pero que anda más contigo. Me pareció raro, porque es Nate quien vive más cerca... Pero, pensándolo mejor, tiene más sentido que se lleve mejor contigo que con él. Alex también dijo que es... un poco de temer.

Cade se rió nervioso y rodó los ojos. Agradeció que Alex no estuviera al tanto del incidente con su hermano, Logan, o se lo hubiese contado también.

—Oh, no; nada de eso. Es testarudo, sí... Pero también es muy listo, astuto, gracioso, y a veces también puede ser...

—¡Ah, qué modales! ¡¿Te sirvo algo de beber?! Traje jugo de naranja y... ¡Es de durazno! —gruñó y se palmeó la frente—. ¡Me equivoqué! Ugh, Alex me va a armar un lío... ¿Decías algo? ¿Es listo y qué más?

Bajo los SaucesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora