18. La Luna de Júpiter

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La tarde del jueves, al ver a Io bajo el quicio de la puerta con su mochila al hombro, listo para irse, Cade ensanchó una sonrisa emocionada. Su padre estaba con él para despedirlo.

El hombre frente a él estaba tan serio como la primera vez, pero Cade se fijó en algo que no había notado. Sus ojos eran opacados por una profunda melancolía. Y su aspecto descuidado, con el pelo mal cortado, las patillas largas y la barba crecida, delataba a alguien que se había abandonado a sí mismo hacía mucho. Casi sintió lástima por él.

Perder a una esposa y tener que criar a dos hijos —uno tan problemático como Logan— no debía haber sido fácil. A Cade todavía le costaba creer que fuera el mismo hombre violento que le había contado Io; pero cuando estuvo más cerca pudo oler el hálito del alcohol, bajo la colonia y el tabaco, y no le pareció descabellado.

—Buenas tardes, señor Schark. —Extendió una mano cordial que el hombre estrechó firmemente.

—Cuidarás de mi muchacho, ¿verdad? —El hombre puso su otra mano enorme en la delgada espalda de su hijo.

—Con mi vida —dijo Cade, e Io bajó una mirada llena de bochorno—. Volvemos el domingo en la noche. Traeré a Io yo mismo.

El aludido lo fulminaba con la mirada, pero Cade hizo caso omiso. Liam asintió y le palpó el hombro a su hijo a modo de despedida.

A la nueva luz del día, Cade se fijó en cuan distinto era de su hijo. Las facciones suaves de Io no guardaban parecido alguno con los toscos rasgos de su padre. Pensó que entonces, Io debía parecerse a su mamá.

—Que se la pasen genial. Adiós, hijo; pórtate bien. Adiós... Caden.

Io dijo adiós a su padre sólo con una cabeceada. Para estar por separarse varios días, a Cade le pareció una despedida cortante. Pero a Io no pareció importarle en lo absoluto. Debía estar acostumbrado.

Cerrada la puerta, Cade le rodeó los hombros y lo instó a caminar.

—Te vas a portar bien, ¿verdad? Lo ha dicho tu padre.

Io apenas atendió a su broma. En cambio, miraba por los alrededores, atento a las personas que transitaban por la calle.

—No está aquí. Deberías dejar de preocuparte tanto por Logan.

—Y tú deberías hacerlo.

Cade hinchó el pecho, orgulloso.

—Ya no me importa lo que él piense de mí. Tu padre sí me quiere.

—Si crees que la opinión de mi padre haría alguna diferencia, estás muy equivocado. Y... no es a Logan a quien busco —admitió Io.

Al comprender, Cade guardó silencio. No pudo evitar que todo su gesto se torciera con disgusto al acordarse de la cara de aquel sujeto.

—... ¿Jhonen?

Con la sola mención de su nombre, Io tensó los hombros bajo su abrazo. Cade se estremeció de rabia al comprobar el efecto en él.

—Cade... ¿qué pasó ese día entre ustedes? —quiso saber Io—. Sé que te quedaste hablando afuera con él... ¿De qué hablaron?

—De nada. Le comenté que vivo del otro lado del puente y que...

Io se paralizó. Cade lo percibió dar un tumbo, a punto de caerse.

—¿Que tú... qué? —jadeó el muchacho virándose lentamente hacia él—. Dime que estás jodiéndome... ¡Dime que no lo hiciste!

Bajo los SaucesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora