La noticia de la desaparición del paciente Ioan Schark no tardó en causar un pequeño revuelo. La doctora, furiosa, volvió para interrogar a Cade y este fingió no saberlo. «Dijo que iba al baño», fue todo en lo que pudo pensar como excusa, y actuó sorprendido al enterarse de los hechos.
A su regreso desde la sala de radiografías, las cosas ya se habían calmado, y en lo que esperaba la devolución de las pruebas, lo llevaron de vuelta a la misma habitación, ahora con el biombo abierto del todo.
Cade exhaló con pesar al ver la camilla vacía de Io.
Permaneció solitario por unos minutos antes de la aparición del señor Tyler. Este entró preocupado, haciendo miles de preguntas, y luego se portó como el padre gentil y comprensivo como el cual actuaba siempre, y lo acompañó el resto del proceso.
Sus exámenes de imagen devolvieron como resultado un esguince al ligamento colateral-lateral y una lesión traumática de menisco. Sonaba como un diagnóstico terriblemente largo y grave, pero el radiólogo, mucho más amable que la doctora Shaw, le dijo que con reposo suficiente y fisioterapia tenía altas probabilidades de recuperarse sin secuelas.
«Altas... Pero altas no son las suficientes», pensó Cade.
Hubiese querido escuchar un veredicto más determinante, considerando que estaba en juego no solo su futuro en el equipo de básquetbol, sino también todas las esperanzas de su padre puestas en él de seguir sus pasos cursando una carrera militar de prestigio.
La enfermera rubia amable regresó poco después con los implementos necesarios y comenzó con el procedimiento de sutura. Aquello lo distrajo lo suficiente para apartar un momento de su cabeza la incertidumbre.
Primero escuchó el sonido de tijeras sobre la tela endurecida de sangre desecada de sus jeans y luego toda su pierna desde la rodilla para abajo se sintió fría. El señor Tyler hizo una mueca, pero esta fue remplazada por una sonrisa en su rostro cuando le dio a su hombro un ligero apretón. Después vinieron los puntos. El dolor fue agudo, pero tolerable. No mayor a los que había sentido en el transcurso de la tarde; y la enfermera, cuyo nombre supo después que era Mills, lo distrajo con su ávida charla.
Preguntó sobre su familia, su desempeño en el colegio, sus hobbies y otras cosas varias, normales para un adulto de preguntar a un joven. Cade contestó a cada una de manera tan poco personal y detallada como pudo. Al terminar, Mills le rodeó la rodilla con vendas y le entregó una receta expedida por la doctora. Eran analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares.
Un auxiliar vino poco después con dos planillas en la mano.
—Son las formas del alta —les informó.
—Yo las firmaré —dijo Evan Tyler.
Cade asintió, culpable. Era la segunda vez que le daba problemas al señor Tyler en un periodo tan corto de tiempo.
Cuando lo regresaron a la sala de espera en la silla de ruedas, una vez todo el papeleo fue tramitado, Cade procuró sonreírle a sus amigos y agitó la planilla del alta en la mano a modo de abanico.
—¡Oh, no! —exclamó Alex, tan dramáticamente que todas las cabezas en la sala de espera se giraron. Apuntó a la pierna de Cade, donde los jeans habían sido cortados, y se llevó una mano teatral a la cabeza—. ¡Tus Levi's!
Nathan le dio un codazo y le advirtió por lo bajo que tuviera respeto por los demás en la sala. El auxiliar los dejó, confiándole a Alex la silla de ruedas.
—Se sacrificaron por una causa noble —se defendió Cade—. Dieron su vida y murieron con honor.
—¡Oh, la tragedia!
ESTÁS LEYENDO
Bajo los Sauces
Aktuelle LiteraturA la sombra de los sauces florece una inusual amistad. Tras conocerse en circunstancias inusuales, Cade, un muchacho solitario, emprende una odisea personal para rescatar al temperamental Io del triste mundo de su padre alcohólico y su problemático...
